"Siento la música gallega mía también"

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Su llegada a Illa de San Simón para impartir una master class sobre música vasca pilla a Kepa Junkera en plena promoción de ‘Herria’, el disco con el que concluye la trilogía de la que también forman parte ‘Etxea’ y ‘Kalea’.

¿Es éste su gran legado a la música tradicional vasca?

No sé. Es seguro un proyecto que a mí me apetecía mucho abordar.Hasta ahora siempre había publicado discos con canciones originales y me pareció que era el momento de hacer algo con temas de la música tradicional que siempre me han gustado. Y, bueno, el resultado son estos tres discos dobles. El legado quizá sea esa forma diferente de ver estas canciones, que han sido interpretadas en todos los casos por músicos de otros lugares que no fueran el País Vasco. Estoy muy orgulloso de un trabajo como este en el que una cultura como la nuestra se abre al mundo, se comparte y es reinterpretada desde una sonoridad universal.

¿Esa sería la conclusión del proyecto: que el pueblo de los vascos es el mundo?

Yo creo que todos tenemos nuestras raíces, somos de un sitio, pero al mismo tiempo creo que debemos tener los brazos abiertos para poder captar lo mejor de cualquier cultura. Esto quien lo dice es Eduardo Chillida y yo lo hago mío.

La realización de esta trilogía le ha convertido en el tipo de Rekalde más cosmopolita que existe.

Qué va, hombre. Músicos de Bilbao interesados en otras culturas y en otros sonidos hay muchísimos. La mayoría de los músicos, por suerte, si algo tenemos, son los oídos muy abiertos. Sí que es cierto que ser de ciertos lugares te da un plus de aprendizaje. En mi caso el ser de Bilbao, una ciudad muy abierta en todos los sentidos, te influye, claro. Luego, eso te ayuda a ver el mundo de una manera más integradora. Si perteneces a una comunidad más cerrada, igual sí que acabas pensando que todo ocurre ahí y que no hay nada más. Si eres de Bilbao, por suerte, eso es imposible.

Para grabar ‘Herria’ ha estado viviendo mucho tiempo en América. ¿Qué es lo que más ha echado de menos? ¿No ha sentido ‘morriña’?

No. ¿De menos? Nada. Al final aprendes que tu casa es dónde está tu familia y la gente que quieres. Por otro lado, también sabes perfectamente que no se va a mover de su sitio el País Vasco. Y como encima eres consciente de que estás allí de forma temporal, para hacer un trabajo, pues nada. Otra cosa es si me hubiese ido para allí 20 años o que no pudiese volver. Entonces sí que sentiría ‘morriña’, igual que la han sentido otras gentes de otras generaciones, que las han pasado canutas. Pero hoy en día, te coges un avión y en un día estás en el otro lado del mundo. Lo mío ha sido una experiencia vital muy feliz.

Una idea de lo que se puede encontrar en ‘Herria’ la da ‘Egun da Santi Mamiña’.

Se me ocurrió unir en ella a indios nativos americanos con los descendientes de los pastores vascos. La diáspora vasca en los Estados Unidos es muy importante en el Oeste, sobre todo en los estados de Idaho, Nevada y California. Hoy en día, los hijos y nietos de aquellos pastores siguen manteniendo nuestra cultura y nuestras tradiciones con mucha fuerza. Reunirlos con los indios resultó muy emocionante y curioso. Es un tema muy limpio, concebido como una fiesta alrededor del fuego. Todo muy simbólico.

 

Yo en lo que creo es en estas canciones y en el orgullo que ha supuesto compartirlas. Para alguien igual eso es militar”

 

 

¿Después de un proyecto como este, de tres discos dobles, realizado por todo el mundo, cómo se siente: exhausto, eufórico…?

Pues un poco las dos cosas. Por un lado, acabas un poco cansado, no tanto del trabajo en sí como del esfuerzo que supone gestionarlo. Pero, por otra parte, acabas muy contento porque te das cuenta de que ha sido un privilegio poder haber contado con gente de 49 países para hacer un trabajo como este en torno al euskera.

Cuando lanzó el primer disco de la trilogía, en una entrevista le preguntaron si había más pasión que compromiso en el disco y dijo que precisamente ‘compromiso’ era una palabra que no entraba en ese trabajo.

Madre mía, a saber de qué contexto está extraído eso. No lo recuerdo, la verdad.

¿Pero sí que cree en el artista militante?

Yo qué sé. Cada persona es diferente. Yo en lo que creo es en la emoción de estas canciones. Creo en su belleza, en la historia que tienen detrás, en el orgullo que ha supuesto para mí compartirlas. Llámalo cómo quieras. Para alguna gente será militar en algo, para otra no lo será. Igual que para mí no hay nada problemático en ir a Galicia a cantar en euskera o en venir al País Vasco a cantar en galego. ¿Me explico? Y a lo mejor alguien sí que tiene problemas con eso. Yo no. Para mí todo lo que te acabo de exponer es algo completamente natural.

 

Jamás he dado un concierto como un mero trámite. A día de hoy, cuando me subo a un escenario es para darlo todo”

 

 

También ha dicho que disfrutaba de un año sabático permanente porque se dedicaba a hacer lo que más le gustaba. ¿Sinceramente, nunca se ha cansado ni un segundo de ser músico? ¿Nunca ha dado un concierto como un mero trámite?

Sinceramente, no. Jamás he dado un concierto así. Otra cosa es que las sensaciones vayan cambiando con los años. Cuando eres un chaval tienes una ilusión terrible. Esa ilusión luego va evolucionando. Pero te puedo asegurar que, a día de hoy, cuando me subo a un escenario es para darlo todo. ¿He dicho en serio eso del año sabático? (Se ríe). Esos comentarios hay que matizarlos, que luego siempre hay alguien que se lo toma al pie de la letra y esto de contestaros no deja de ser un juego. Lo que querría decir es simplemente que me encanta lo que hago.

¿Qué va a enseñar en la master class en San Simón?

Yo, que soy un músico autodidacta, disfruto muchísimo dando estas clases, compartiendo experiencias con otra gente. Mi plan para esta master class es dar algunos datos sobre mí y mi trabajo para después trabajar físicamente con algunos instrumentos, sobre todo la trikitixa. A partir de ahí escucharemos música, compondremos algo, tocaremos… Son clases muy abiertas, muy interactivas, donde yo no soy maestro, ni ellos los alumnos, sino que todos trabajamos juntos aprendemos unos de otros.

¿Y si alguien le pregunta por la gaita?

Pues mira, hace un momento que he llamado a Budiño precisamente (se ríe). A mí me encanta la música tradicional gallega. Soy un enamorado de la cultura de Galicia. Me encanta ver cómo se transforma un gaiteiro encima del escenario, esa magia que transmite. Me siento muy identificado con vuestra música, la siento mía también.