Tensión con Marruecos

al igual que la emigración española hacia Europa y América sirvió para sacar a nuestro pueblo del hambre, la explotación y la ignorancia política, a nuestro vecino, el reino casi feudal de Marruecos, le pasa lo mismo. Son miles de marroquíes los que se insertaron en una cultura democrática que se preocupa más por sus conciudadanos que por la cultura dominante del teocrático reino. Así sucedió durante el franquismo, donde intentaban llenar nuestros sentimientos e ideología de un falso patriotismo político y religioso, considerando a los que lo criticaban enemigos hostiles de España, que querían eliminar las esencias de «nuestra carpetovetónica cultura». En Marruecos pasa lo mismo: tienen dos estrategias políticas. Por un lado, el complejo de inferioridad emanado del escaso poder de consumo de sus ciudadanos; y por otro, la religión, cuyo jefe máximo es el monarca. O sea, una especie de vicario de Dios en la tierra. Veremos cómo se recrudecen las denuncias sobre la persecución religiosa a las mezquitas en todo el mundo. Bueno, ¡eso lo hace también la iglesia romana!, que parece que se siente amenazada en su poder social, al perder predicamento entre sus fieles. Es raro el día en el que no existe un pequeño conflicto entre los ayuntamientos y los musulmanes a causa del sitio en que deben edificar sus templos. También podremos ver las acusaciones de «malos tratos» por parte de las fuerzas del orden, cuando tienen que corregir algunas conductas o cuando se desobedecen algunas órdenes dadas por la Guardia Civil, que terminan denunciándolo como racismo. Lo más curioso del asunto es que esta estrategia partió de un sector económico de EE.UU. que, mediante folletos, advertía a los turistas norteamericanos de comportamientos fascistas y racistas de la policía española. ¡Paradojas de la vida! Sin embargo, en política no creo en las casualidades, pues como decía Voltaire: «La casualidad no es, ni puede ser, más que una causa ignorada de un defecto desconocido». Me temo que se están tanteando lugares sensibles y próximos para crear tensión. En Marruecos son muchos millones de personas las que han emigrado y asimilado, en parte, la cultura occidental… y no digamos nada de sus hijos que, como los españoles de la época del franquismo, olvidaron la definición de España como «unidad de destino en lo universal», proceso que se está produciendo en Marruecos, donde sigue habiendo hambre, miseria y feudalismo alentado por el teocrático monarca. Las autoridades marroquíes ya hicieron su advertencia y su amenaza y crearán tensiones para que nada cambie, pero sus acólitos son menos. Sé que lo que escribo es incorrecto políticamente hablando, pero en España existe la Libertad de opinión y la Libertad de Empresa Informativa, y sólo me debo a los límites del Libro de Estilo que marca la empresa periodística en la que colaboro. La tensión en Hispanoamérica se diluye y se aproxima la retirada de Afganistán de las tropas de EE.UU., los poderes fácticos yanquis tendrán que tantear y probar la fragilidad de la paz en otras regiones, ¡y por qué no entre España y Marruecos!, que además de debilitar a Europa, abre un frente interesante tanto en África musulmana como en África Subsahariana. ¡Ya veremos!

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