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Un misterio

Escribía hace un año, en esta columna, sobre la triste y humillante historia de dos sindicalistas asturianos a quienes el Ministerio Fiscal había solicitado seis años y medio de cárcel por romper, durante una manifestación en la ciudad de Gijón en defensa de sus puestos de trabajo, un cajetín de trafico. Los dos sindicalistas se llaman Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala. Estos dos sindicalistas de verdad, defendían su trabajo y el pan de su familia; defendían la supervivencia de los astilleros de Gijón y luchaban contra la desindustrialización de Asturias. Al parecer, rompieron un cajetín de trafico que costaba cinco mil euros y el ayuntamiento gijonés, gobernado por socialistas y comunistas de Izquierda Unida, denunciaron de manera implacable a los dos obreros por tan salvaje atentado. Claro, los dos sindicalistas no eran de la cuerda. Eran solo dos trabajadores afiliados a un pequeño sindicato denominado Corriente Sindical de Izquierdas (CSI), que no son correa de transmisión de nadie, ni burócratas de inmensas estructuras organizativas llenas de funcionarios y liberados a la espera de los Presupuestos Generales del Estado. González Carnero y Martínez Morala son una rara especie del sindicalismo español que peleaban por no quedarse en el paro. Se movilizaron y protestaron por lo que creyeron que era justo. Rompieron un cajetín y les piden seis años y medio de cárcel. Mientras, los que organizadamente queman a diario en las Vascongadas coches, cajeros, trenes y autobuses andan como Perico por su casa. González Canero y Martínez Morala luchaban por su familia y su empleo hace un año. Hoy, los sindicatos mayoritarios españoles, en plena crisis económica y con unos índices de paro que asustan, ni están ni se les espera. No se explica. Desde el mes de septiembre del 2007 hasta el mes de septiembre de 2008 se han ido a la calle ochocientos seis mil trabajadores. Más de 638.000 familias españolas no tienen a ninguno de sus miembros trabajando y la tasa de desempleo se ha situado en un 11,3%. Son datos de la Encuesta de Población Activa publicada este viernes. Y con estas cifras, silencio sindical absoluto. Ni una manifestación, ni una reunión, ni una propuesta, ni, por supuesto, ninguna solución cuando estamos cerca de los tres millones de parados. Un misterio inexplicable. Aquí en España se manifiestan y protestan policías y guardias civiles por sus míseros sueldos y por su humillación diaria con policías vascos y catalanes; se manifiestan secretarios judiciales y jueces, sin medios ni personal y con unas instalaciones que recuerdan a una Administración de Justicia de la época de Don Nicolás Salmeron Alonso, allá a finales del siglo XIX, con goteras, lámparas de carburo, funcionarios con manguitos, tinteros, lápices y gomas de borrar. Los sindicatos en silencio. Las pensiones en el aire y vamos hacia los tres millones de parados y ni una protesta, ni una reclamación, ni nada de nada. ¡hombre! Señores Fidalgo y Méndez, no sean tan cándidos y piadosos con el Gobierno y, por lo menos, hagan alguna propuesta, alguna petición o escenifiquen alguna negociación. Aunque solo sea por el que dirán los 800.000 parados españoles.

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