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Un 'novato' de cien años

Juan Luis Casal reside en Vilar, en su casa de toda la vida, junto a uno de sus nietos y su familia
Juan Luis Casal reside en Vilar, en su casa de toda la vida, junto a uno de sus nietos y su familia
Con un siglo a sus espaldas, Juan Luis Casal participa por primera vez en una candidatura electoral. Lo hace en la del Partido Popular de Poio ocupando el número 17, un puesto simbólico para un auténtico veterano en el oficio de vivir

Hace dos años, cuando tenía 98, todavía se subía a una escalera para podar las parras de su casa. "Home. As cousas hai que facelas", sentencia como si fuese lo más normal del mundo.

Ahora deja esas labores para los más jóvenes. Y no es porque no tenga una agilidad envidiable, pues ni siquiera necesita un simple bastón para caminar o levantarse de la silla, o porque su cabeza ya no le permita realizar ciertas labores (al contrario, razona como cualquiera y tiene una memoria que ya quisieran para sí otros más jóvenes). Sencillamente, Juan Luis Casal Martínez ya no se encarga de arreglar su viña porque ha cumplido la centena y llegados a ciertas edades hay que tratar de no tentar a la suerte.

Eso sí, la longevidad no le impide hacer su primera incursión política, aunque solo sea de manera testimonial, y por eso en estas elecciones ha entrado a fomar parte de la lista del Partido Popular de Poio en el puesto 17.

Él explica que la política no le interesa demasiado, pero que siempre ha preferido al PP porque cuadra mejor con sus ideas y porque "os outros partidos fanse aburridos de todo".

De hecho, no es la primera vez que los ‘populares’ poienses le piden que participe en su equipo. Antes que el portavoz actual, Ángel Moldes, ya lo había intentado la candidatura de Jesús Balea. Y también lo hizo Rey Fonseca.

"Sempre lles dixen que non porque a política a min non me gusta moito, aínda que antes non había tanta historia como agora", comenta. Y es que su larga trayectoria vital le da una perspectiva amplia de cómo han ido cambiando el municipio y una realidad que hoy se parece ya muy poco a aquella que lo vio nacer hace ni más ni menos que un siglo.

El señor Juan, como le llaman sus vecinos, vino al mundo en Armenteira (Meis) pero desde los 26 años vive en Poio, puesto que su mujer era de Vilar y el matrimonio se instaló en este lugar de la parroquia de San Xoán.

Era el mayor de nueve hermanos (hoy solo viven él y la más joven) y recuerda que "traballei desde moi pequeno. Con catro anos xa iba diante do carro para darlle cunha vara ás vacas no fuciño para que pararan cando había costas abaixo. Daquela nin se podía ir á escola. Eu fun pouco tempo estando xa casado para aprender algunha cousa cun fulano que había na fábrica de conservas, que era moi listo, pero de neno non puiden ir".

Por eso, aunque ahora la crisis económica ha puesto las cosas difíciles, el sabe por propia experiencia que esta realidad sigue siendo mucho más cómoda que aquella. "Daquela si que se pasaba fame. Agora os nenos, cando se sentan á mesa, protestan sempre pola comida, nunca lles vale nada e iso que fan o que queren. Daquela os cativos lambiamos os restos dos pratos. Aquelo si que era jodido. E cando ía a algunha festa, á mañá seguinte había que levantarse ben cedo para ir traballar. Acórdome de chegar á casa de noite, vestir a roupa de faenar no campo, deitarme e levantarme case sen ter durmido".

Quinto del 36. Y eso por no hablar de los años de la Guerra Civil, en la que tuvo que participar como casi todos los varones jóvenes de su época. Al preguntarle por ella, su respuesta lo dice todo: "Me cago na guerra de Dios", resopla. "Fun quinto do 36", precisamente el año en el que estalló la contienda. "Estiven os tres anos que durou. Primeiro en San Fernando, en Cádiz. Eu tiña o 133 e un día chamaron para formar un pelotón de fusilamento. Chamaban por número e cando lle tocou ó 132 pensei: mimadriña, estou en portas. Pero houbo outro que se presentou de voluntario e libreime. Aínda así tocoume de escolta e tiven que estar alí e poñerme de rodillas para que o outro apoiara a arma enriba do meu lombo. Aquelo era terrible. Algo serio. Despois fun a Cartaxena e andiven sobre todo polo Sur. Nos tres anos que durou a guerra só puiden vir á casa de permiso catorce días, contando a viaxe e todo, e deixáronme vir porque nun ataque déronme por morto. Fora na provincia de Córdoba. Tiven que arrastrarme tanto polo medio dos matos que rompín o pantalón e a camisa. O tenente que ía ó mando pegáranlle un tiro e non sei se morreu ou non. Levouno o camilleiro".

Guarda forestal. Terminada la guerra y cumplido el servicio militar, regresó a casa, donde pasó la mayor parte de su vida profesional como guarda forestal en el monte Castrove. "Durante 40 anos", puntualiza. "O traballo era duro, pero como me criei nel, aguantábao. Había que medir as parcelas e os piñeiros e cortalos. Daquela levábame tres horas chegar ó monte e iso que eu ía a cabalo. Na Escusa coñecía a todo o mundo, ata ó último rapaz que nacía. Iamos traballar ó Castrove, alá arriba de Curro, e levaba un farol para ver de noite. Non había nin gas, así que encendíase con sebo. No inverno andaba sempre cos pés mollados e iso que ós zapatos metíaselle pel de vexiga para que non lle entrara a auga, pero filtraba igual".

Como sabía poner inyecciones, también acudían a él muchos vecinos con animales enfermos.

Al contrario que muchos hombres de la zona que se dedicaron a trabajar en el mar, la vida de Juan Luis Casal siempre estuvo en tierra. "Eu sempre fun do monte, aínda que ía pescar cos meus cuñados algún domingo para axudarlles a escoller o peixe, pero vestido de sport e alí sentado no barco", relata.

Siempre se ha mantenido activo y, estando ya jubilado, hizo un viaje a Buenos Aires acompañado por una de sus nietas y su marido para visitar a algunos de sus familiares que residían en Argentina. "Marcharan para alá varios tíos meus. Daquela marchara moita xente para América", señala, dando fe de que la emigración en busca de trabajo no es exclusiva del presente.

En vilar. Hoy en día continúa viviendo en Vilar junto a uno de sus nietos y su familia. "Na casa teño tres bisnetos. Gustanme os meniños, pero agora os nenos non lle fan moito caso ós vellos".

Y eso que el señor Juan es un testigo vivo de la historia del último siglo y puede contar los muchos cambios que se han ido sucediendo en el mundo desde 1915, sobre todo, los que han pasado en su entorno más cercano.

"Esta pista do Pereiro antes nin sequera a había. Lembro que o alcalde Manduco queríaa parar no Esperón, pero veu un cura, discutiron e ó final fixérona. Estivo cinco anos aberta sen botarlle o firme", relata. "Acórdome de cando puxeron o vertedoiro do lixo no monte, nun cortalumes que fixera eu mesmo. Agora xa non está alí. Poio cambiou moito". Y tanto.

Juan Luis Casal Martínez Centenario de Poio Xa me pediran varias veces ir en listas políticas, con Balea e con Rey Fonseca, pero dixéralles que non" Sempre fun do Partido Popular porque cadra mellor co que penso. Os outros partidos fanse aburridos" Eu traballei desde os catro anos, cando me poñían cunha vara diante do carro das vacas para frealas nas costas" Agora os nenos protestan sempre pola comida, non lles vale nada, e antes os cativos lambiamos os restos dos pratos" Na Guerra Civil estiven os tres anos que durou e só puiden vir á casa de permiso 14 días porque me deran por morto" O traballo de garda forestal era duro, pero como me criei nel aguantábao. Eu sempre fun de monte, non de mar"

Un 'novato' de cien años
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