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Veintisiete respuestas

Siempre he creído en la teoría de que todos los seres humanos somos básicamente iguales. Y que a pesar de las diferencias culturales e históricas todos compartimos un sentido de la moral que nos permite diferenciar el bien del mal. Ahora ya empiezo a dudar.  El Estado Islámico acaba de publicar una guía para tratar a las mujeres y en particular a la prisioneras en su sangrienta guerra por la creación de un estado islámico yihadista.

La guía está estructurada en 27 respuestas a otras tantas preguntas sobre qué se debe hacer con las mujeres capturadas por los combatientes musulmanes. Ya se pueden ustedes hacer una idea.

No hace falta enumerar todas las respuestas; sólo me quedaré con algunas para ilustrar: el Iman reparte entre los combatientes a las mujeres prisioneras y a partir de ahí ellas pasan a tener el valor de una mula o un camello: se pueden vender, regalar o intercambiar. Sin embargo -en un gesto de grandiosa humanidad- el Estado Islámico establece dos excepciones: las mujeres embarazadas y la prohibición de separar a madres de hijas que no sean "maduras". Démosles las gracias.

También está permitido que varios hombres sean los "propietarios" de una o más prisioneras. Eso sí, son ellos los que deberán ponerse de acuerdo en cómo "usarla".

En el capítulo dedicado al sexo el Estado Islámico regula las prácticas con las prisioneras ya sean mujeres adultas, vírgenes o niñas. Por supuesto el dueño puede hacer lo que le plazca con ellas. Las palizas también están permitidas. Pero cuidado: no por placer, sino solamente por castigo. ¿Y qué pasa si la prisionera se escapa?: Es uno de los delitos más graves y habrá que darle un castigo ejemplar. Para que quede todo meridianamente claro la guía también establece que si el propietario muere, las prisioneras forman parte de su herencia y sus herederos pasan a ser sus amos, con una importante salvedad: si el fallecido disfrutó sexualmente de ella, los herederos no podrán hacerlo y conformarán con usarlas como sirvientas.

Después de esto comprenderán ustedes que me pregunte si de verdad la distinción entre bien y mal es universal. El que haya redactado este documento ¿puede ser un semejante? ¿Es posible comprender y, sobre todo, aceptar que existan seres convencidos de que estas prácticas bárbaras son correctas?

No les hablo de un pasado medieval. Es una guía de edición reciente. Quizá incluso exista una versión digital online. Y está ocurriendo a sólo unas horas de avión de nuestro sillón. ¿Cómo se les queda el cuerpo?

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