Vilariño sufre su peor verano en varios años con los ataques de los jabalíes

Los jabalíes parecen haberla tomado con el lugar de Vilariño (en la parroquia de San Xoán), aunque este verano la situación ha sido especialmente grave, tanto, que los vecinos afirman que los últimos meses han sido, sin duda, los peores en muchos años.

Más de una decena de fincas de maíz resultaron arrasadas por estos animales y, en algunos casos, la misma parcela sufrió varios ataques a lo largo del verano. Fue el caso de un terreno de María Esther Casás, una vecina que se encontró daños en uno de sus cultivos hasta tres veces distintas y, al final, los jabalíes lo destrozaron por completo.

No es la primera vez que los animales salvajes (también los caballos que bajan del monte) se ceban con las fincas del lugar, aunque en esta ocasión los afectados llegaron a ver manadas de hasta siete ejemplares en una parcela.

Los vecinos señalaron que la Xunta de Galicia es conocedora de la situación, puesto que algunos de ellos han comunicado ya los hechos.

Tal y como explicó María Esther Casás, ''eu chamei á Consellería de Medio Rural os días 30 e 31 de agosto e volvín chamar o día 8 de setembro, para pedir que un técnico viñese a facer unha peritaxe dos danos, pero por aquí aínda non veu ninguén''.

En su caso, la misma finca había sufrido ataques en 2010 y, aunque entonces sí había acudido un técnico para peritar los desperfectos, María Esther todavía no ha cobrado la compensación correspondiente. A la vista de esta situación, el 18 de enero de este año, esta mujer interpuso una reclamación por escrito en el Rexistro de la Consellería. Sin embargo, aún no ha obtenido ninguna respuesta y sigue sin cobrar.

''Por culpa deste pasotismo por parte da Xunta, moitos veciños afectados nin sequera presentan as denuncias, porque aínda están agardando a cobrar os danos de hai catro ou cinco anos'', afirmó.

Los lugareños señalan que este pudo haber sido un año muy bueno de recolección de maíz, puesto que los cultivos habían dado muchos frutos: ''Polo contrario, o único que levamos foi o disgusto de ver como as veigas aparecían destrozadas e tamén a perda dos cartos, o tempo e o esforzo que gastamos en cultivalas''.

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