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Un apoyo a 2.385 kilómetros

La tripulación del buque marinense Puerto de Figueras con una pancarta para mandar ánimos desde Mauritania. CEDIDA
La tripulación del buque marinense Puerto de Figueras con una pancarta para mandar ánimos desde Mauritania. CEDIDA
Acostumbrados a estar encerrados en un barco durante semanas, los pescadores marinenses que faenan en Mauritania comienzan a vivir las primeras restricciones para bajar a tierra. Aún así, siguen mandando todo el apoyo a Marín

NO HAY kilómetros suficientes de por medio que impidan mandar el máximo apoyo desde cualquier parte del mundo por la situación que se está viviendo actualmente por el decreto del estado de alarma. Todo el mundo piensa en aquellos que están lejos y que añoran poder abrazar pronto. Sin embargo, hay personas que, por su profesión, están acostumbradas a vivir lejos de sus familias y lejos de su lugar de origen.

A más de 2.000 kilómetros de distancia, los pescadores de fresco de Marín continúan faenando en Mauritania, con el claro objetivo de seguir abasteciendo los mercados de un producto de primera necesidad en todos los hogares como es el pescado fresco, imprescindible en cualquier dieta.

Los pescadores marinenses en Mauritania tienen ciertas restricciones de horarios a la hora de descargar y bajar a tierra

Hace un par de semanas, los trabajos pesqueros de los marinenses en aguas africanas se redujeron por la falta de compradores del producto en las lonjas derivado del confinamiento. De hecho, la flota de fresco se redujo a la mitad en Mauritania, afectando principalmente a la captura de la merluza fresca negra. Esta paralización afectó a los cuatro merluceros marinenses.

En los últimos días, después de tener un poco más de libertad con respecto a España para poder estar en tierra sin ningún problema, los pescadores en Mauritania ya están padeciendo diferentes restricciones. La vida allí de los marinenses "ya no es ni parecida, tienen más restricciones", explica la armadora María José de Pazo, fuente directa con los buques que trabajan en Mauritania. La más destacada es la regulación en los horarios de descarga.

"Paran y fondean al abrigo, pero no bajan a tierra, solo a lo imprescindible, por ejemplo, para ir a por víveres, y no todos. Pasa como aquí", anota. Y es que los barcos marinenses, al no haber realizado la rotación de tripulación habitual, no se les exige realizar una cuarentena como a los barcos que entran nuevos al caladero mauritano. Aún así, los pescadores de Marín viven un continuo encierro en los barcos, algo a lo que ya están acostumbrados.

Para los marinenses, los nuevos protocolos, así como las diferentes restricciones de horarios, se viven como "un mal necesario para luchar contra la pandemia del coronavirus". A pesar de las limitaciones actuales, los pescadores se muestran "muy agradecidos con las autoridades mauritanas por permitir continuar con la actividad pesquera", ya que consideran que "somos un eslabón imprescindible en el abastecimiento de alimentos del país".

El Carmen Pilar, el Fuente de Macenlle, el Isla de Santa, el Virgen de la Consolación, el Puerto de Figueras y el SAJABI, los seis buques de fresco de Marín que actualmente se encuentran faenando en aguas africanas, muestran día a día su lado más empático a pesar de estar a 2.385 kilómetros de sus hogares.

Cierto es que la familia continúa siendo la especial preocupación de los pescadores, que continuamente intentan contactar con sus seres queridos para mandar todos los ánimos y apoyos necesarios para ser capaces de sobrellevar esta situación.

Un apoyo a 2.385 kilómetros
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