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De cómo Roque nació volando

La pareja, en Marín. C. NEIRA
La pareja, en Marín. C. NEIRA

Un parto inesperado, de apenas dos minutos y a la vuelta de una boda. Las circunstancias de la llegada al mundo de este pequeño lo convierten en excepcional, al ser el único en este tiempo no nacido en el Provincial 

Amaia y Adrián se lo pasaron mejor que bien en la boda del compañero de trabajo de ella, que también es de la familia. Volvían a casa cansados, pero contentos, tal y como se vuelve de las bodas que valen la pena. El reloj marcaba las siete menos cuarto de la mañana. Amaia estaba embaraza de 29 semanas. Durante la celebración sufrió las mismas contracciones con las que llevaba conviviendo desde el cuarto mes de gestación. Por eso, cuando llegó a casa y se fue a dormir, no le dio mayor importancia al dolor que sentía.

"Pero cuando encaré la puerta para salir no pude más. Llamé a mi marido para que me ayudase a tumbarme en el sofá y, de repente, rompí aguas"

"Pero me empecé a notar rara". Pasada media hora desde su llegada, Amaia sentía cómo se complicaba su situación, aunque no entendía muy bien qué le ocurría. El dolor fue a más, por lo que decidió ir al hospital, por si acaso. Era tal la molestia que apenas se puso la bata y las zapatillas, "pero cuando encaré la puerta para salir no pude más. Llamé a mi marido para que me ayudase a tumbarme en el sofá y, de repente, rompí aguas".

Amaia cuenta el momento en el que se puso de parto con una carcajada a medio romper durante todo el relato. Explica que fue "como si se abriese un tapón", pero la anécdota, ni de lejos, acabó ahí. "Decidimos llamar a Urgencias", prosigue. "Le comenté a la chica que me cogió el teléfono que mi mujer estaba embarazada, que tenía contracciones, mucho dolor y que creíamos que se había puesto de parto porque había roto aguas", cuenta Adrián. "No nos debió creer del todo", añade, "pensaría que éramos padres primerizos que no sabíamos muy bien qué estaba pasando", ya que con 29 semanas nadie se esperaba que el pequeño retoño hiciese acto de presencia.

"El niño salió disparado, lo cogí literalmente en el aire", relata su padre, Adrián

La ambulancia ya estaba de camino. Adrián fue a subir la persiana para estar pendiente, cuando, para sorpresa del matrimonio, "el niño salió disparado". "Lo cogí literalmente en el aire", relata Adrián, aún con los ojos como platos, como si estuviese reviviendo el día en el que sus reflejos no le fallaron. Superado el susto, la sangre fría y el defecto de profesión (Adrián es auxiliar de policía local y socorrista) se apoderaron de él. "Comprobé que lloraba, que respiraba correctamente por sí solo y que no tenía nada obstruido".

Acto seguido, lo acercó al pecho de la madre, para aportarle calor, y, lo más importante, "le mantuvimos todo el tiempo despierto". Que la pareja supiese con antelación que a los neonatos hay que mantenerles despiertos fue fundamental, ya que sino corren el riesgo de dejar de respirar y fallecer.

Cuando por fin llegó la ambulancia, la matrona, el médico y los técnicos apenas se creían lo ocurrido. De hecho, el instrumental del parto brillaba por su ausencia: ni tenían pinzas, ni las tijeras funcionaban. Al cordón le colocaron unas pinzas de la ropa y hubo que esperar al momento de bajar a la ambulancia para poder cortarlo. En ese momento, Amaia estaba profundamente enfadada. "Deberían venir preparados en estos casos", asegura.

"Los médicos no paraban de decirnos la suerte que tuvimos, porque el niño podría haber venido con el cordón alrededor del cuello o de nalgas", sostiene la madre

"EL DE EXTRAMUROS". Afortunadamente, en el camino al Hospital Provincial de Pontevedra, la situación pudo normalizarse y el recién nacido y sus padres pudieron ingresar en el centro sanitario sin tener que lamentar ninguna complicación, como las que podrían haber aparecido en una coyuntura así. "Los médicos no paraban de decirnos la suerte que tuvimos, porque el niño podría haber venido con el cordón alrededor del cuello o de nalgas, o incluso podríamos habernos desangrado alguno de los dos. Gracias a Dios, nada de eso ocurrió", suspira, aliviada, Amaia.

Las circunstancias en las que nació Roque, nombre que le han puesto al pequeño, lo convierten en el primer niño alumbrado en Marín desde hace 38 años. El matrimonio conoce el dato por otra anécdota que les ocurrió cuando fueron a registrar a su primer hijo, Xoel, que ahora tiene cuatro años de edad.

"La chica del Rexistro, que estaba haciendo una sustitución, nos dijo que no podíamos hacer el trámite en Marín porque Xoel había nacido en Pontevedra. La alcaldesa, María Ramallo, bajó para explicarle que desde hacía 34 años no nacía ningún niño en la villa porque todos lo hacen en Pontevedra, en el hospital, pero que por supuesto podíamos registrarlo". En el Provincial se referían a Roque como "el de extramuros". Algún día, sus padres tendrán que contarle por qué.

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