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Último adiós a Feliciano Peña tras seis décadas endulzando la Confitería Orensana

Manuel Peña, junto a su hija Sarela Peña y su padre, Feliciano Peña, en una foto de archivo de 2014. ADP
Manuel Peña, junto a su hija Sarela Peña y su padre, Feliciano Peña, en una foto de archivo de 2014. ADP
El negocio no dudó en mezclar la vanguardia de la repostería con lo tradicional

Marín despidió esta semana a uno de sus grandes reposteros. Feliciano Peña fundó hace casi 60 años una de las confiterías más tradicionales de la localidad, que pervive ahora en manos de su hijo, Manuel Peña. Con dos generaciones a la espalda, este negocio familiar se lanzó a la vanguardia de la repostería sin olvidar la tradición y continúa con sus puertas abiertas tras nacer en 1962. Ahora le dice adiós a quien dio el primer paso.

Feliciano Peña era natural de Maside, en el municipio ourensano de O Carballiño, y emigrante gallego a Montevideo durante su juventud. Allí daría comienzo a su andadura en el mundo empresarial y conocería a su mujer, natural de Estribela, con la que regresaría doce años después para fundar una familia y un negocio en la villa marinense.

Sin conocimientos específicos en pastelería, Peña se lanzó al sector en 1962 abriendo un pequeño local en la Rúa Concepción Arenal, a escasos metros de donde se encuentra actualmente. Aprendiendo sobre la marcha y con una clientela fiel que le acompañó durante muchos años, le pasó las riendas del negocio a su hijo, Manuel Peña, en 1995, cuando creó Peña y Pol S.L. junto a su mujer, y de la que continuaron formando parte.

Se rebautizó entonces con el nombre de Confitería Orensana Peña, una combinación de ambas generaciones que se conserva a día de hoy, y se apostó por la innovación. "Él me dio la opción de ir aprendiendo de otros obradoiros de España y haciendo cursos en el extranjero", explica Manuel, al mismo tiempo que enseña la nueva pastelería que ofrece, "adaptándose a los nuevos tiempos".

Lo hacen sin abandonar las tradicionales tartas y las pastas de té que ya elaboraba su padre, con algún modelo diferente, pero con la gran mayoría todavía presentes desde los años 60. Creando su propio chocolate y con productos de panadería desde hace unos años, pero con "su impronta aquí todavía viva", señala su hijo.

La Confitería Orensana Peña continúa apostando por la innovación sin dejar de lado los pasteles tradicionales de los 60

Manuel trabajó junto a él durante muchos años, antes de ponerse al frente del negocio a mediados de los 90 tras la jubilación de su padre, que continuó estando vinculado al que siempre fue y será un negocio familiar.

La situación sanitaria que atraviesa la localidad impidió a la familia realizar un adiós multitudinario. Sin embargo, las restricciones no impidieron a los vecinos acompañarles de algún modo en tan triste momento.

"Queremos agradecer las muestras de cariño que nos han mostrado tanto clientes como amigos", señala Manuel Peña, que pone la vista ahora en el futuro. "La vida continúa y tenemos que seguir luchando, no nos queda otra". 

Y es que aunque el futuro de la pastelería a largo plazo es incierto, Manuel Peña tiene claro que seguirá el legado de su padre al frente del negocio hasta su jubilación dentro de diez años. "Es nuestra forma de vida y lo que nos gusta, y seguiremos en la línea de continuar progresando y dando un buen servicio a nuestra clientela", por lo que las creaciones de este pequeño negocio familiar con seis décadas de historia continuarán haciendo perdurar el recuerdo de Feliciano durante al menos, una década más.

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