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El Marín más pirata

Festa Corsaria de Marín. EMILIO MOLDES
Festa Corsaria de Marín. EMILIO MOLDES
La Festa Corsaria volvió a abarrotar este sábado las principales calles de la villa morracense. De esta forma, el evento que recrea el Marín del siglo XVIII sigue ganando fama e implicación social año a año

Era una tarea compleja la de bajar este sábado a dar una vuelta por el centro de Marín y no contagiarse del ambiente festivo que se respiraba en la localidad. Mesas de comensales, actividades para gentes de todas las edades, espectáculos musicales que sonaron hasta altas horas de la madrugada y sobretodo disfraces, muchos disfraces de corsarios. A lo largo del día de ayer, Marín se volvió a trasladar durante un día al siglo XVIII para celebrar una nueva edición de una fiesta que nació en el año 2012 como un homenaje al corsario Juan Gago de Mendoza y que en cada edición cuenta con una estructura organizativa más trabajada y con una respuesta social mayor .

Las actividades de la Festa Corsaria comenzaron por la mañana en diversos puntos de Marín. Ubicaciones como la del Parque Eguren fueron trasladados a otra época gracias a la apertura de un mercado medieval en el que se podían encontrar oficios de clásicos, de esos que a día de hoy solo se pueden ver en películas o libros de historia. Herreros, curtidores de pieles o cesteros eran algunas de las profesiones presentes.

Numerosas actividades congregaron a cientos de personas ataviadas con trajes de la época

Sin embargo, el que consiguió acaparar la mayor atención del público fue el puesto de cetrería, con un espectáculo y explicación sobre distintos tipos de aves rapaces que no dejó indiferente a nadie. En las inmediaciones del Templo Nuevo también había obradoiros y actividades de diversa índole, como puestos de alfareros o una prueba de tiro con arco en el que participaron personas de todas las edades.

Otro puesto que encandiló al público, especialmente a los más jóvenes, fue la de la granja-escuela implantada, una vez más, en la Rúa Méndez Núñez, promovida por la Asociación de Animales del Mundo de Galicia (Aecam). A todo ello había que sumar los paseos en el Tren Corsario o en cualquiera de los dos coches de caballos repartidos por la villa, los pasacalles o la apertura del mercado medieval de la Alameda Rosalía de Castro que se inauguró ya en la jornada del viernes.

La mañana iba finalizando y, a medida que se acercaba la hora de comer, los comensales iban ocupando sus sitios en las diferentes mesas implantadas por las calles principales de Marín. La Rúa Méndez Núñez, la Rúa Real o la Rúa do Sol se vieron completamente inundadas por gente de parche en ojo con el único objetivo de complementar la fiesta con una comida copiosa ya fuera con la familia o con los amigos. A la hora de sentarse imperaron las churrascadas, tortillas, pimientos y demás manjares de esos que existen en Galicia durante la temporada estival.

Por la tarde todo volvía a su sitio y las actividades retomaban su ritmo matutino. A lo largo de la sesión vespertina se sucedieron varios espectáculos de animación, pasacalles musicales, varias exhibiciones de vuelo con aves rapaces o el Torneo de tiro con arco 'Gago de Mendoza', que hicieron que el ambiente no decayese un ápice.

La jornada se cerró con uno de los platos fuertes del día: la recreación de la Batalla de Aguete. A las 23.30 horas, cientos de personas se concentraron en la Praza de España y en distintos puntos del centro urbano para ser testigos de un espectáculo que este año, contaba desfile de barcos, espectáculo aéreo y de fuego, además del propio desembarco. La recreación puso su punto y final con una tirada de fuegos de artificio, manera con la que la Festa Corsaria se despide hasta el año que viene.

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