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FERNANDO SALGADO, PERIODISTA Y ESCRITOR

"Es necesario investigar para meterse en la piel de las víctimas"

Salgado junto al monumento As Rosas Rotas, en Vilagarcía. JOSÉ LUIZ OUBIÑA
Salgado junto al monumento As Rosas Rotas, en Vilagarcía. JOSÉ LUIZ OUBIÑA

Aunque su familia mantuvo durante muchos años en pie "el muro del silencio", Salgado fue consciente desde pequeño que su abuelo había sido una víctima del franquismo. Este viernes presentó en el Manuel Torres el libro que repasa su historia, la vida de Pancho Varela.

ANTES DE LA GUERRA CIVIL, Pancho Varela fue compromisario de Izquierda Republicana en Cerdedo. Con 18 años, su nieto Fernando Salgado fue candidato por el mismo partido sin conocer la historia de su abuelo. Sin embargo, sus historias estaban destinadas a encontrarse. Usted no conocía la trayectoria política de su abuelo, protagonista de su tercer libro ‘1306/36’.

¿En qué momento conoce algún dato de la historia de su antepasado?
Desconocía los perfiles que caracterizaron su trayectoria porque durante muchos años se mantuvo en pie el muro de silencio que levantó mi familia, pero desde muy pequeño fui consciente de que era una víctima del franquismo. A partir del año 2006 comenzaron a salir a flote registros aislados de su pasado, y el acceso a los más de 300 folios que componen el sumario 1036/36 despejó todas las dudas.

De hecho, su vida tiene muchas similitudes con la suya...
Cierto. Una de ellas es que él militó en Izquierda Republicana, en cuya candidatura figuró en las elecciones generales celebradas en el año 1979, y entonces desconocía su filiación política. Otra estriba en que Pancho Varela fue el corresponsal en Cerdedo de ‘El País’ y de ‘El Pueblo Gallego’ y yo soy periodista. El activismo social y cultural, y la participación en diversos colectivos que luchan por los mismos objetivos que defendió Pancho Varela, como Verbo Xido o Capitán Gosende, es otro paralelismo.

A partir de ese momento empezó a interesarse por su trayectoria política. ¿Cómo llevó a cabo la investigación?
En agosto de 2016, Carlos Solla publicó un libro titulado ‘Así aprenderán a non ter ideas’, en el que dedica un apartado a mi abuelo. Meses antes, una gestión me permitió hacerme con el sumario, que utilizó en su trabajo, y fue entonces cuando decidí afrontar el reto. Como disponía de la documentación relacionada con su labor social y política, centré mi objetivo en rescatar la figura humana de Pancho Varela, de ahí que mi trabajo comenzase por desplazarme hasta Monleras (Salamanca) donde fue detenido, además de visitar Latarce (Valladolid), localidad en la que ejerció como juez municipal, sin olvidar su paso por O Carballiño, para hacerme una idea de cómo eran estos lugares en aquella época, las casas en las que vivió, los caminos por los que anduvo, sus compañías, y algunos testimonios. Por su puesto que también incluyo una descripción del Cerdedo de entonces.

A grandes rasgos, ¿qué descubrió sobre su vida?
Creo que es necesario investigar para humanizar, para meterse debajo de la piel de las víctimas y tratar de situarse en aquel contexto, evitando así que los asesinatos cometidos por el franquismo se queden en simples sumarios numerados. Los derechos que defendió Pancho Varela son los mismos por los que murieron miles de personas fieles a la República, por lo que su lucha tiene plena vigencia actualmente, ya que hoy están siendo cuestionados. Creo que si viviesen hoy, combatirían con la misma firmeza y determinación contra el expolio la miseria y la negación del futuro a millones de personas provocado por la voracidad de una máquina sin ojos llamada sistema capitalista.

¿Qué fue lo que le llamó más la atención?
Su valentía y su coherencia. Siendo el hijo de un exalcalde de derechas y miembro de una familia de las mejor situadas económicamente de Cerdedo, después de haber sido encarcelado en 1934 por su apoyo a la Huelga General Revolucionaria de Asturias, Pancho Varela no dudó en dar un paso al frente cuando se produjo el golpe de estado, para asumir la responsabilidad de convertirse en delegado del Gobierno ante la renuncia del alcalde. Antes había denunciado las arbitrariedades de la Iglesia y de la Guardia Civil. ¿Le fue difícil hacerse con el archivo de la causa? No, bastó con realizar una petición al Archivo Militar de Ferrol para que me lo enviaran, aunque en este punto reconozco que fueron decisivas las orientaciones que me hizo el historiador Pepe Álvarez.

Su abuelo, asimismo, dejó una gran huella en los lugares donde estuvo escapado. Uno de esos lugares es Monleras, en Salamanca, donde usted presentó este mismo libro. ¿Qué le dice la gente sobre su abuelo?
Que seis personas, de edades comprendidas entre 80 y 92 años, estuvieran esperando a un desconocido para convertirse en sus guías por el Monleras de 1936 es una de las experiencias más gratificantes que me deparó la elaboración de este libro. Los avatares de Pancho Varela en un pueblo de poco más de medio millar de habitantes, en los que transcurrieron sus últimos días en libertad figuran en el sumario, pero no por eso dejó de impresionarme el momento en el que uno de ellos se refirió a la delación que provocó su arresto. Fue como un relámpago en la noche.

¿Cuál fue su reacción al ver a su nieto por primera vez?
Creo que de curiosidad, que se transformó en agradecimiento, porque el día 20 de julio presenté en libro en Monleras ante alrededor de medio centenar de personas, una cifra impresionante teniendo en cuenta que su población actual es de 300 vecinos. Allí pudimos comprobar que lo que unen son los valores, que la tierra es tierra en todas partes y que la patria es la libertad.

Usted comentó en alguna ocasión que en su casa no se hablaba nada sobre lo que le ocurrió a su abuelo. ¿Cuál cree que era el motivo?
Creo que la intención de protegernos y de impedir que lo sucedido hubiese sido el origen de odios, frustraciones o resentimientos, y debo decir que lo consiguieron plenamente. Cuando empezó a investigar, ¿le empezaron a contar cosas sobre él? Me arrepiento de no haberme planteado este objetivo antes porque apenas pude contar con testimonios de personas que lo conocieron. Uno de ellos es el de una mujer que tenía 17 años y me relató cómo fue hasta la parada del autobús a recoger una maleta donde se encontraban los restos de Pancho Varela procedentes del cementerio de Pontevedra.

Escribir un libro sobre la vida de su abuelo es, cuando menos, un homenaje a su antepasado. Tendrá que sentirse muy orgulloso de este trabajo.
Cuando se habla de la memoria siempre escuchamos que debemos dignificar a las víctimas, cuando ellas ya lo lograron con su ejemplo, y somos nosotros los que tenemos una deuda y una tarea pendiente con ellas. Creo que nos queda mucho por hacer.

¿Dónde serán las siguientes presentaciones del libro?
El día 24 de enero se celebrará en A Casa das Campás, en Pontevedra, donde contaré con la compañía de Ramón Rozas y de Pepe Álvarez.

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