María Navarro: "Cuando te insultan por levantar la voz es porque escuece"

Tras cinco años de actividad, a comienzos de esta semana Espazo Feminista Marín comunicaba la decisión de disolver el colectivo, que se despide con la esperanza de haber removido conciencias en la villa
María Navarro en una manifestación feminista. DP
photo_camera María Navarro en una manifestación feminista. DP

Con ellas se va el 50% de la actividad feminista marinense más revolucionaria, la de las calles. Las nueve integrantes que todavía formaban parte de Espazo Feminista Marín han decidido, después de cinco años al pie del cañón para defender los derechos de las mujeres, disolver el colectivo de forma definitiva. El proyecto, que comenzó de la mano de un grupo de jóvenes de entre 18 y 22 años, empezó a hacerse notar en el municipio un 8 de marzo cuando una manifestación acabó reuniendo, sin esperarlo, a cientos de personas. Aunque sienten que la etapa de esta asociación ya ha pasado, una de las socias fundadoras, María Navarro, espera que el final de un proyecto signifique el comienzo de otros y que su aportación haya servido para plantar en la localidad una semilla feminista que se mantenga en el tiempo.

¿Qué motivó la decisión de disolver Espazo Feminista?
Para llevar una asociación de estas características, sin ánimo de lucro y totalmente voluntaria, lo principal es dedicarle tiempo. Por diferentes cuestiones personales, ninguna de las integrantes estamos en Marín como cuando empezamos hace cinco años. O no como lo necesita una asociación de este tipo. Nos dimos cuenta de que la estábamos manteniendo porque le tenemos cariño, porque para nosotras significa mucho, pero fuimos conscientes de que no la estábamos llevando bien. No estábamos tan activas, ni en redes sociales ni en las calles. Llegamos a la conclusión de que lo mejor es darnos un espacio, primero para gestionar nuestra pérdida, y luego para dejar que Espazo sea retomado por otras personas, o por nosotras mismas si en un futuro volvemos a la localidad. El caso es que no era el momento, y para no estar a la altura decidimos dejarlo, asumir que la etapa había pasado. Desde la pandemia, además, había disminuido muchísimo el feedback, estábamos tirando pero sin recibir los resultados que nos gustaría. Ahora mismo Espazo Feminista Marín se cierra, pero ojalá sirva para que otras personas se animen a abrir otros proyectos.

Desaparece una de las dos asociaciones feministas de la villa... ¿Qué implicará esto?
El hecho de que nosotras dejemos de trabajar creo que puede tener su lado bueno y su lado malo. Quizá éramos las que teníamos muchas más propuestas de actividades para gente joven (aunque al final venían de todas las edades) y eso supone una pérdida de esta labor en Marín. Pero puede que tenga su lado bueno para que la gente, a pesar de que no estemos nosotras como referencia, continúen trabajando a nivel individual en este ámbito. Yo espero que sirva para que alguien nos tome el relevo. Sí que es verdad que, ahora mismo, quizá nuestra despedida haga que todos los actos del 25N o del 8M dependan del Concello, tendrán más un carácter oficial e institucional. Ahí se notará que nos hemos ido, se perderá el lado revolucionario y la lucha social en las calles, más libre y plural. Aún así, espero que Marín no se quede sin feminismo. Que la lucha continúe.

Nuestra despedida hará que los actos feministas dependan del Concello; se perderá la lucha social en las calles

¿Considera que Espazo plantó una semilla feminista en Marín?
Creo que sí. Lo notamos en que, cuando hicimos la primera manifestación del 8 de marzo, no contábamos que participara mucha gente, y al final acabamos siendo cientos. Allí me encontré personas que conocía y a las que nunca me habría imaginado ver en un ambiente de lucha social de esas características. Porque al fin y al cabo, cuando te interesa un tema, te mueves. Yo antes iba a las manifestaciones a Pontevedra, porque aquí no había. Nosotras, en ese sentido, conseguimos acercar estas actividades a la gente que no está tan involucrada como para moverse, pero que si lo tiene cerca le nace la chispa. Esa fue desde el principio nuestra motivación para hacer cosas.

Igual muchas personas empezaron a interesarse en cuestiones de género gracias a este colectivo...

Puede ser. Porque después de haber hecho esa primera manifestación, nos paraban por la calle para preguntarnos qué más cosas íbamos a hacer, que cuándo era la próxima manifestación. Porque les interesaba, pero nunca se lo habían planteado. La gente empezó a encontrar un lugar de referencia para quejarse, creamos un espacio seguro en el que las marinenses podían reivindicar sus derechos y, como decía antes, no solo las jóvenes. Yo nunca había sentido eso aquí, en Marín.

¿Cuál definiría como el mejor recuerdo de estos cinco años?
Para mí, y creo que para todas, la primera manifestación por el 8 de marzo. Como te decía, no esperábamos nada y nos encontramos a muchísimas personas con nosotras. Ese día nos marcó, fue un inicio por todo lo alto y una gran motivación. En ese sentido también nos dio vértigo, porque vimos que esto era más grande de lo que pensábamos. Nos pedían más. Tuvimos que gestionarlo, porque al final teníamos entre 18 y 22 años, éramos todas muy jóvenes. Otro buen recuerdo fue un taller de autoconocimiento, donde no participamos tantas porque era una actividad más íntima, pero en ella afloraron muchos sentimientos, nos abrimos e incluso hubo quien acabó llorando. Fue una actividad muy especial. Y a nivel personal, quizá destacaría cuando sacamos el primer lote de ‘merchandising’. Me gustó mucho porque tuvo bastante éxito, y me impresionó encontrarme a personas que no conocía en otras ciudades con nuestras camisetas y bolsas.

El odio que recibimos fue desmotivante, pero nos hizo ver que hacía falta un espacio así, había que seguir moviéndose

En el comunicado de despedida mencionan, además del apoyo de sus seguidores, el odio recibido. ¿Cómo fue gestionar esto?
Nos pasaron ciertas cosas, sobre todo al principio. Nos escribían ‘puta’ en los carteles que colgábamos, o por redes sociales había muchas comentarios a modo de burla sobre nuestras actividades. En parte fue un poco desmotivante, pero por otro lado nos hizo ver que realmente hacía falta un espacio así. Cuando te insultan por levantar la voz, es que les escuece, y eso es por algo. Se puso a la vista de todo el mundo que había que seguir moviéndose. Quisimos demostrar que no íbamos a parar. Casi todo esto fue por redes sociales, a algunos perfiles los conocíamos y a otros no. A veces también nos increparon por la calle, pero siempre fueron casos aislados. Nuestra sensación fue que la mayor parte de la gente nos apoyó, así que el odio se contrarrestó muy bien con el cariño que recibimos.

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