Bar Umia: tapas, familia y tradición

Con casi 52 años de historia, se considera uno de los locales gastronómicos de referencia en Marín. Con la familia Rodiño Blanco al frente, su producto gallego y, sobre todo, sus calamares han ido pasando de generación en generación
Los trabajadores del Bar Umia mostrando una fotografía de Feliciano Rodiño, pionero del negocio. GONZALO GARCÍA
photo_camera Los trabajadores del Bar Umia mostrando una fotografía de Feliciano Rodiño, pionero del negocio. GONZALO GARCÍA

Su andadura comenzó en el verano de 1970, convirtiéndose en uno de los locales más emblemáticos y reconocidos de Marín. Feliciano Rodiño adquirió el Bar Umia, antes el Bar Bieitez, junto a un socio con el que solamente trabajó durante los dos primeros años de vida del negocio. Tras esto, la regencia quedó a su cargo y así continuó durante más de cuatro décadas hasta su fallecimiento en el año 2014, dejando el local en manos de su familia.

Su esposa, Rosa Blanco, vivió en primera persona el nacimiento del Umia. Según cuenta, Feliciano "siempre tuvo la ilusión de abrir un bar", un sueño que se hizo realidad a pesar de que al principio ambos eran ajenos al mundo de la hostelería, sobre todo de la gallega. Rodiño, aunque nació en Meis, emigró con 14 años a Uruguay y vivió durante una temporada en Suiza antes de volver a su país natal. Por su parte, Rosa es natural de un pueblo de Segovia, motivo por el que en el momento de la apertura "ni siquiera sabía lo que eran los calamares", el que actualmente se trata de su producto estrella.

Fueron los antiguos dueños del local los que guiaron al matrimonio durante sus inicios al frente del bar, enseñándoles diferentes recetas y técnicas en la cocina. La intención de los nuevos hosteleros pasaba por seguir una línea similar a la del Bar Bieitez, pero creando poco a poco el 'sello Umia'. Así, este icónico negocio fue tomando la forma de lo que es el Umia de hoy en día. 

No obstante, Rosa Blanco asegura que "el día a día del bar ha cambiado mucho". Antiguamente la clientela habitual incluía diferentes grupos sociales que acudían de forma rutinaria en unos horarios marcados: "por las mañanas se jugaba la partida, luego pasaban los jóvenes al salir del colegio y por las noches venían los marineros antes de salir a navegar". Además, el local también suponía un lugar de reunión para los alumnos de la Escuela Naval, que acudían todos los lunes en busca de tapas y bocadillos.

Feliciano Rodiño (mirando unos papeles) en el Bar Umia junto a su mujer (con su hijo en brazos) y la actual cocinera, Mari Carmen (a su izquierda). CEDIDA
Feliciano Rodiño (mirando unos papeles) en el Bar Umia junto a su mujer (con uno de sus hijos en brazos) y la actual cocinera, Mari Carmen (a su izquierda). CEDIDA

El negocio acabó triunfando "a base de trabajar mucho y con buena voluntad". Rosa confiesa que Feliciano "vivía por y para el bar, entraba a las siete de la mañana y no salía hasta pasadas las doce". Ella, por su parte, compaginaba las tareas de ama de casa con otros empleos y la colaboración en el bar, donde asegura haber pasado muchas horas. Eduardo Rodiño, uno de los tres hijos del matrimonio y el actual regente del Umia, cuenta que tanto él como sus hermanos eran unos habituales en el negocio, ya que "compaginé los estudios durante años con echar una mano aquí".

Con todo, Rosa Blanco confiesa tener sentimientos encontrados hacia el negocio que hace tantos años construyó junto a su esposo: "me ha dado mucho, pero también me ha quitado mucho, ha conllevado demasiado trabajo y la hostelería es muy esclava". A pesar de ello, la segoviana mantiene que ver en lo que el Umia se ha convertido para Marín tras más de medio siglo en activo supone "una satisfacción y un orgullo".

PLANTILLA. Además del de los miembros de la familia Rodiño Blanco, el Bar Umia también fue testigo del crecimiento de algunos de sus trabajadores. Ejemplo de ello es Luis, uno de los camareros, o Mari Carmen, la cocinera. 

Él comenzó a trabajar en el bar hace más de 20 años, mientras que ella, que se jubilará el año que viene, se puso al frente de los fogones con 15 años. Eduardo Rodiño destaca que "es difícil encontrar negocios con la misma gente, porque aunque venga gente nueva, el núcleo seguirá siendo el mismo".

TURISMO. Además de un icono para los marinenses, el Bar Umia también sirve como reclamo turístico en la localidad. El actual regente del negocio destaca que en esto también influye la tradición, puesto que "hay personas que vienen desde otros lugares porque antiguamente ya venían sus padres". 

Por su parte, Rosa asegura que, ya en los primeros años de vida del bar, "había esos grupos de turistas fijos que venían año tras año, pasaba de generación a generación". Así mismo, Blanco cuenta que, cuando eran ellos los que se iban de vacaciones a otros lugares, siempre se encontraban clientes allá donde fueran: "nos conocían como 'los de los calamares".