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Una médica sanxenxina interrumpe un viaje por Australia para ayudar en Madrid

Cristina Outón, durante su viaje por Australia. CEDIDA
Cristina Outón, durante su viaje por Australia. CEDIDA
La médica Cristina Outón cogió un avión en medio de la nada para llegar al Hospital Clínico San Carlos

Cristina Outón se pasó dos días enteros en una isla australiana sin cobertura. La sanxenxina, que trabaja como médico en Madrid, viajaba con un grupo de amigos en lo que iban a ser más de tres semanas de una experiencia única. Pero tuvo que dejarla por la mitad. Al encender de nuevo el móvil, comenzaron a llegar noticias de Madrid, donde la situación no hacía más que empeorar.

"Cuando nos fuimos, en España no había nada, dos o tres casos en Madrid, si no recuerdo mal", cuenta. Con la tranquilidad en la que el Estado todavía estaba sumido a principios de marzo, hizo las maletas y se dispuso a desconectar durante más de tres semanas, segura de que a su vuelta se reincorporaría a su turno normal en el Hospital Clínico San Carlos, donde ejerce la especialidad de medicina interna. "Los primeros días viajamos con normalidad, todo iba bien. Estábamos pendientes de las noticias para ver como evolucionaban las cosas. Los casos de contagios aumentaban, pero no parecía que se les fuera a ir de las manos", explica.

No había nada que temer. Cristina y sus amigos continuaron la travesía con relativa normalidad. "Cuando se produjo el estallido nos empezamos a preocupar de verdad", admite. "Yo veía cómo mis compañeros del hospital empezaban a organizarse para cubrir turnos extra, y cómo a medida que algunos de ellos se iban infectando, tenían que cubrirles las guardias, con una sobrecarga de trabajo enorme", relata. Y los siguientes días ya no se despegó del teléfono. "Cada día estaba más preocupada, pero todos los compañeros me decían que era mejor que no volviera todavía, que iban a necesitar refuerzos buenos más adelante". Las horas pasaban y el instinto vocacional la llamaba a dejarlo todo para volver a Madrid. "Luego comenzó el rumor del posible cierre de fronteras, y la gota que colmó el vaso fue que nos cancelaron el vuelo de vuelta, que en aquel momento teníamos en una semana", cuenta.

La médico inició su viaje por Australia a principios de marzo cuando todavía no se había decretado el estado de alarma

Y, al final, la vocación pesó más que las recomendaciones, más que la calma, más que las playas paradisíacas australianas. "Me empecé a agobiar pensando en que no iba a poder volver para ayudar, y en ese momento me compré un billete". Allí, en medio de la nada en Australia, localizó un pequeño aeropuerto cercano y se despidió de sus amigos para seguir su camino. Las vacaciones, la libertad y el aire puro quedaban atrás.

Cristina cuenta esta parte de la historia gracias a una hora escasa de conexión wifi en un avión camino a Dubái, varias horas antes de una escala para poder llegar a Madrid. En ese momento no sabía si conseguiría entrar en España. "Tal y como está la situación puede pasar cualquier cosa. Me da miedo que cierren las fronteras o que me cancelen el vuelo a última hora", decía. Pero lo logró.

La situación en Madrid es un drama
El pasado mediodía del martes Cristina aterrizó en Madrid. La escala en Dubái no supuso ningún quebradero de cabeza, por lo que el miércoles, ya al día siguiente, pudo incorporarse a los turnos con sus compañeros en el Hospital Clínico San Carlos. Y las jornadas están siendo extenuantes. "La verdad es que la situación que estamos viviendo en Madrid es un drama", se sinceraba este jueves Cristina.

"Por mucho que te cuenten, hasta que lo ves con tus propios ojos no eres consciente de la magnitud del problema". Para ella, como personal sanitario en el epicentro de la pandemia en el Estado, el agotamiento no es solo físico, sino también mental. "La gente está trabajando muchísimo y dando lo mejor de cada uno, pero a parte del cansancio físico, el estrés psicológico es cada vez mayor", asegura.

Y también están los riesgos. "Empiezan a escasear los equipos de protección y dentro de poco no vamos a tener material suficiente para todos. Ya hay muchos compañeros míos que se han contagiado. El miedo a contagiarnos está permanentemente ahí, y asusta mucho, pero no tenemos otra opción", asegura. Por ello, la concienciación es fundamental. "Insistimos en que la gente se quede en casa, y que lo cumplan a rajatabla. Es frustrante volver agotada del trabajo y ver en las noticias personas que intentan saltarse el aislamiento con trampas. Pedimos también a las instituciones que garantice la protección de los sanitarios".

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