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La muerte fulminante del cartero jubilado Ignacio García conmueve Meaño

El fallecido vivía en la pensión Casa Tilve, de Dena. F.S
El fallecido vivía en la pensión Casa Tilve, de Dena. F.S
Se disponía a beber el zumo que ofrece el Bar A Peneira de Meaño a sus clientes con el café, pero el vaso acabó en el suelo antes de que el fallecido se desplomase

Se disponía a beber el zumo que ofrece el Bar A Peneira de Meaño a sus clientes con el café, pero el vaso acabó en el suelo antes de que Ignacio García Barreiro se desplomase. 'Que che pasa?', le preguntó Ramón Tilve, que se encontraba a su lado.

Una de las mujeres que está al frente del establecimiento trató de evitar el fatal desenlace realizándole un masaje cardíaco, al tiempo que recibía las instrucciones del 061. "Parecía que podía saír", agrega, pero no fue así. Eran las 10.30 horas de este miércoles.

"Ainda non o creo", afirma Ramón Tilve, un funcionario del Concello, en el bar, restaurante y pensión Casa Tilve, situado en Dena, que fue el domicilio de Ignacio García durante los cinco últimos años, en los que compartieron mesa a la hora de comer.

Es él quien sufrió el impacto que supone haber sido testigo de la muerte de un amigo, pero también en el resto del municipio provocó un fuerte impacto su fallecimiento fulminante.

Carlos Viéitez, el alcalde, expresó su pésame a la familia, que le resultaba cercana porque Adelina, hermana de Ignacio, se jubiló recientemente de su puesto de funcionaria en el Concello. Uno de sus hermanos es el propietario de una empresa de granitos situada en el municipio y el otro es cura y trabaja en Santiago.

Ignacio García Barreiro tenía 65 años y una hija. Se había jubilado tiempo atrás y era una persona muy conocida porque durante la recta final de su trayectoria laboral fue el cartero del municipio, después de haber pasado por Barcelona, Euskadi y Vigo.

Comentan dos vecinos que formaban parte de su grupo habitual de amigos que su memoria era prodigiosa, lo que le permitía anunciar el número del Documentos Nacional de Identidad del vecino al que le entregaba una carta certificada.

Aficionado a caminar y con buena salud, su vida social se desarrollaba entorno a la partida diaria de cartas, alguna ronda por los bares y el trabajo que seguía realizando para cuidar las plantaciones de albariño que había recibido como herencia de sus antepasados.

"Todo o mundo o apreciaba", señalan en Casa Tilve. Un vecino que acompañaba al alcalde en su despacho. "Era unha persona normal, coma min ou como vostede ou o alcalde", comentó sorprendido al recibir la triste noticia poco después de que se hubiese producido el fallecimiento.

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