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De la orquesta a la fisioterapia para que no pare la música

Jacobo Pena y sus clarinetes en el interior de Sinergia. GONZALO GARCÍA
Jacobo Pena y sus clarinetes en el interior de Sinergia. GONZALO GARCÍA
Una lesión truncó su brillante carrera como clarinetista ► Reconvertido en fisioterapeuta dedica su vida a curar músicos 

No había otro camino para el sanxenxino Jacobo Pena más que la música. Un futuro prometedor como clarinetista era todo lo que le esperaba gracias a su técnica brillante y sus años de estudio. Todo lo que él quería. Cursó los estudios musicales completos y se trasladó a San Sebastián para asistir a la prestigiosa escuela de música Musikene. Siempre alcanzando sus objetivos y mucho más. Un as del clarinete. Pasó por la Sinfónica de Galicia, la Escola de Altos Estudos Musicais de Galicia, por la academia de la Orquesta Ciudad de Granada, la de la Sinfónica de Madrid, y su nivel crecía al ritmo de su ambición musical. Hasta que un día algo cambió.

Durante los estudios nunca había tenido problemas, pero cuando empezaron los conciertos a nivel profesional, en Madrid y en Galicia, con sus respectivas orquestas sinfónicas, surgió una nueva preocupación. "Llegó un momento que empecé a tener problemas en el brazo derecho", cuenta. "Me pesaba el clarinete, me cansaba muy pronto, tenía dolor de espalda y de cuello. Y al cabo de muchas horas incluso tenía dificultad en la motricidad, para sujetar el clarinete y para tocar", cuenta.

En ese momento la vida profesional como músico que llevaba Jacobo era un no parar. "Estaba en un momento muy bueno. Había sacado una plaza en una orquesta en Guimarães, pasé de la vida de estudiante a la vida profesional, con un punto más de estrés y de exigencia. Cuando vas de bolo quieres tocar muy bien para que te vuelvan a llamar. No te puedes permitir parar, porque el calendario te lo marca la orquesta", asegura. Pero las cosas empeoraron. "Cuando estaba en Portugal, en el último concierto que hice se me caía el clarinete, tenía que sujetarlo con las rodillas para tocar y me costaba mucho digitar".

Estivo dous meses de excedencia e non puido reincorporarse á orquestra. Aí comezou o periplo de tratamentos frustrantes

PUNTO Y APARTE. "Fue un error fruto del desconocimiento", admite Jacobo, varios años después. "Cuando estás ahí piensas que si descansas dos semanas, con un antiinflamatorio ya vas a estar bien. Y la realidad es que cuando llegas a ese punto no te recuperas. Ni en dos semanas, ni en dos meses". 

Estuvo dos meses de excedencia y ya no pudo reincorporarse a la orquesta. Entonces comenzó el periplo de tratamientos, buscando centros que acertasen con la cura, en los que solo encontraba frustraciones. "Siempre tuve la sensación de que no había nadie experto en fisioterapia para músicos, al menos en Galicia. Me frustraba mucho empezar un tratamiento y tener que explicar en qué consiste tocar un clarinete. Las expectativas se iban abajo". 

Fue un proceso que duró meses y, aunque pudo recuperar movilidad, Jacobo nunca dejó de plantearse qué ocurriría si volviesen sus dolencias en unos años, o si nunca se fuesen del todo. Con su actividad musical paralizada, creció su interés por la fisioterapia. Y ya nunca paró. "Comencé a estudiar, siempre con el objetivo de enfocarlo a trabajar con músicos, y mantener el contacto con la música a través de esta rama sanitaria". Completó los estudios, se formó en osteopatía, acupuntura y medicina tradicional china, entre otras muchas disciplinas. Y, después de trabajar en varios centros, llegó Sinergia.

SINERGIA. Abrir su propio centro de fisioterapia en su municipio natal, Sanxenxo, ha sido un paso muy importante para Jacobo. Sinergia, situado en el número 66 de la calle Progreso es, además de una clínica, un templo de lo que fue, y ahora vuelve a ser, la vida de Jacobo gracias a la fisioterapia. La entrada está presidida por algunos de sus clarinetes, expuestos allí para recordarle todos los días la razón de la existencia de un lugar que pretende ser la casa de todos los músicos aquejados por algún tipo de dolor, aunque también atiende a todo el público general, como es el caso de los deportistas. "Tratamos a todo el mundo, aunque nos enfocamos a la música por vocación. Es el leitmotiv".

Y Jacobo ha vuelto a tocar. Lejos queda ya aquella lesión que, como supo después, estuvo motivada por el sobreuso, agravado por las secuelas de un par de accidentes de tráfico. El confinamiento y tener más tiempo libre ayudó lo suyo. "Hacía 10 años que no podía tocar todos los días, mañana y tarde, dedicándole horas. Durante el confinamiento retomé la idea de dedicarle parte del tiempo laboral a tocar, y de hecho reparé los clarinetes y volví a encontrar material con el que estoy a gusto. Ahora quiero volver a dedicarle tiempo laboral a la música", asegura. Actualmente es clarinetista en la Banda de Música de Sanxenxo y pronto habrá más sorpresas. "La idea es impartir clases y seguir recibiéndolas". 

De la orquesta a la fisioterapia para que no pare la música
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