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Sito Miñanco, el Escobar gallego

Imagen reciente de Sito Miñanco en Algeciras. CEDIDA POR EL ESPAÑOL
Imagen reciente de Sito Miñanco en Algeciras. CEDIDA POR EL ESPAÑOL

José Ramón Prado Bugallo se ha pasado media vida entre rejas. Aun así, ha logrado mantener la plena confianza de los colombianos. "Nunca les ha fallado", declara un policía que le sigue los pasos desde los 90. En 2018, su idea era clara: reunificar los clanes gallegos y convertirse en el jefe de un gran cártel al más puro estilo sudamericano

Ninguno de los responsables de las prisiones por las que ha pasado José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, en los últimos años ha tenido las cosas fáciles. Los que le conocen dice que siempre tuvo el ánimo de comprarlo todo. Dinero nunca le faltó, desde sus inicios en la ROS (iniciales de Ramiro Martínez, Olegario Falcón y el propio Sito), la mayor organización de Europa dedicada a la introducción de tabaco de contrabando a finales de los años 70 junto a la de Marcial Dorado Baúlde.

De su estancia en el penal de Huelva, por ejemplo, se conoció una investigación de la Fiscalía Anticorrupción. Habían hallado una agenda con anotaciones de presuntos sobornos relacionados con supuestos informes favorables para obtener permisos penitenciarios. Ya en Algeciras, su última residencia (en la que pernoctaba hasta este lunes, cuando fue detenido), obtuvo sus primeras licencias. De ellas se supo, por boca del exjefe de la Brigada Central de Estupefacientes, Ricardo Toro, que se había reunido con Óscar Rial, El Pastelero, un personaje muy conocido por la Policía por su presunta relación con el narcotráfico a gran escala pero jamás condenado.

Esos permisos, a los que se opuso desde el primer momento el fiscal jefe Antidroga, José Ramón Gómez Noreña, le sirvieron para reorganizarse poco a poco, según manifiestan las fuerzas de seguridad. El Ministerio Público aseguró tal extremo, indicando que continuaba vinculado a la organización criminal que había dirigido en el pasado.

Confianza
Se ganó al cártel de Medellín en 1983. Desde entonces, los colombianos se fiaron de él antes que de ningún otro

 

Sito obtuvo una licencia carcelaria que en un primer momento dependía de que su puesto de trabajo no se aproximase a Galicia. Había pedido trabajar en una batea, en la extracción del mejillón. Sin embargo, finalmente le concedieron una suerte de autoempleo en un parking de Algeciras, que, curiosamente, es la segunda gran puerta del narcotráfico en Europa, detrás de su tierra natal. Hasta su detención del lunes, Sito salía del CIS (Centro de Integración Social) por la mañana y, a bordo de un impresionante BMW X6 blanco valorado en unos 75.000 euros, acudía a un área de estacionamiento en la que, en teoría, hacía las funciones de jefe. El negocio, sobre el papel, estaba a nombre de José María Barrena Enríquez, un abogado que trabajó para él durante años.

La Brigada Central de Estupefacientes no dejó de vigilarle en ningún momento. Sin embargo, fue una casualidad la que hizo que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado intensificasen las investigaciones sobre una persona que dormía en prisión pero que tenía tiempo de sobra para hacer negocios durante el día. Fue en un enclave estratégico, una de las carreteras que unen las Rías Baixas con la Costa da Morte, en un control de la Guardia Civil, donde, hace algo más de un año, apareció el capo de Cambados. Resultó identificado sobre las cuatro de la madrugada en compañía de Francisco Javier Pérez Rivas, presunto cabecilla de una organización dedicada a la recepción y distribución de estupefacientes desde la cara Norte de la ría de Arousa. En aquel momento no se pudo vincular al cambadés con aquella organización, una de las que, según las actuales hipótesis policiales, ya estaría trabajando a sus órdenes.

Sito Miñanco, que declaró en una entrevista que solo quería vivir en paz y que estaba alejado del negocio, nunca ha dejado de dedicarse a lo mismo.

¿En prisión?
Obtuvo un permiso para 'trabajar' en un parking propiedad de un letrado de su confianza. Se movía en un BMW de 75.000 euros

Sus inicios en el contrabando le sirvieron para adquirir experiencia en la introducción de mercancía por mar a través de su ría. No tardó mucho en abandonar a sus socios de la ROS. Se dice que les engañó dando el salto al tráfico de hachís y, de forma casi simultánea, al de cocaína, después de comprobar que el riesgo era el mismo y que los beneficios se multiplicaban. Sito utilizaba las mismas descargas de tabaco junto a sus compañeros para empezar a introducir estupefacientes por su cuenta.

Antes de dar el salto, Miñanco cumplió una condena de apenas unos meses de prisión por contrabando, lo que, sin embargo, resultó clave para que cambiase su modelo de negocio. Fue en el penal de Carabanchel donde estableció sus primeros contactos con los colombianos. Su relación con el cártel de Medellín (que lideraban Jorge Ochoa y Pablo Escobar) se hizo cada vez más fuerte. Los colombianos tenían droga, y el cambadés manejaba toda la infraestructura necesaria para introducirla en Europa lejos de la mirada de las autoridades policiales.

Aquellas estancias en prisión por contrabando de tabaco se convirtieron en la universidad para los gallegos, que trabaron lazos con los sudamericanos. Las actuales organizaciones de narcotraficantes proceden, en mayor o menor medida, de aquella etapa.

En 1986, Sito decidió aproximarse al máximo a la sociedad civil mediante la donación de importantes cantidades. Invirtió en el fútbol y pasó a presidir el Juventud de Cambados, el equipo de su villa natal, que, impulsado por el dinero de la droga, alcanzó cotas inauditas hasta aquel momento, como el ascenso a Segunda B, categoría en la que realizó un papel más que destacado.

Primer gran indicio
Fue identificado a finales de 2016 en una carretera entre las Rías Baixas y la Costa da Morte en compañía de un narco y de madrugada

El capo se estaba convirtiendo en lo más parecido a Pablo Escobar a este lado del Atlántico, pero la Policía le seguía de cerca. Su nombre aparecía en la lista de las personas que debían ser detenidas en el marco de la histórica operación Nécora, en junio de 1990. Sus contactos, sin embargo, le sirvieron para percatarse de lo que ocurría y se refugió en Panamá, uno de los lugares en los que siempre mantuvo buenos contactos. En enero de 1991, sin embargo, fue detenido. Tres años más tarde resultó condenado a 20 años. Le vincularon con un alijo de 2,5 toneladas de cocaína. En la Audiencia Nacional aún no sabían con quién estaban tratando, y cuando apenas había cumplido siete años de prisión obtuvo permisos de salida. Miñanco se reorganizó, volvió a trabajar con Enrique Arango, su brazo derecho, y se afincó en Madrid para organizar nuevos cargamentos de droga. Mantenía el control en Galicia y los colombianos tenían fe ciega en él.

En agosto de 2001, aún en libertad provisional, fue detenido de nuevo. De un modo similar al de los últimos meses, había aprovechado sus permisos para reorganizarse. Intentó importar cuatro toneladas de cocaína en un mercante, pero la DEA controló el envío y la Policía la recepción de las sustancias.

La posterior condena, 16 años y diez meses de cárcel, quedaría extinguida en 2018. Pero Sito, que lleva 25 de sus 62 años entre rejas, lo tendrá difícil para salir.

La Policía sostiene que, una vez más, había conseguido reorganizar los clanes gallegos y, no solo eso: las principales organizaciones de las rías trabajasen para él. La presencia de David Pérez Lago, hijastro de Laureano Oubiña, entre los detenidos en el operativo desarrollado este lunes en Galicia, Madrid y Andalucía deja claro que hasta los narcos más importantes se habían plegado a las órdenes del gran capo de la cocaína en Europa.

Al otro lado del Atlántico, el clan del Golfo está consiguiendo aglutinar a las principales organizaciones para hacer llegar el excedente de producción de droga a Estados Unidos y Europa. En España, Miñanco pretendió hacer lo mismo. Pero el hombre que en su día pareció Robin Hood a ojos de los cambadeses, que siempre contó con la total confianza de los cárteles colombianos, que introdujo tabaco, primero, y droga, después, por toneladas, en el Viejo Continente, parece más bien un cabeza de turco que está pagando por él y por muchos. Para muestra, un botón: a finales de este mes será juzgado en Pontevedra por blanqueo.

Sito Miñanco, el Escobar gallego
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