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Una anomalía con precedentes

Cubierta de un galpón dañada por las rachas de viento en el lugar de Rouxique, en Vilalonga. JAVI CASAL.
Cubierta de un galpón dañada por las rachas de viento en el lugar de Rouxique, en Vilalonga. JAVI CASAL.

En los últimos años se registraron tornados en las comarcas de O Salnés y A Barbanza ► Sanxenxo padeció un fenómeno igual de devastador a principios de los años 40

Los tornados no son un fenómeno frecuente en Galicia. Sin embargo, la 'anomalía' que el pasado miércoles provocó cuantiosos daños materiales a su paso por las parroquias de Noalla y Vilalonga no es la primera que se deja notar con fuerza en las Rías Baixas, si bien es cierto que en la villa turística de O Salnés se dio esta semana por primera vez, al menos en lo que va de siglo.

Cuando se hace referencia al municipio sanxenxino es habitual que veraneantes y visitantes hagan mención a su 'microclima'. El emplazamiento y las características de su fachada costera provocan que, en muchas ocasiones, buena parte del ayuntamiento se mantenga, en cierto modo, ajeno a las inclemencias que se viven en otras ubicaciones más expuestas. Sin embargo, el 10 de enero se produjeron todas las condiciones necesarias para la formación en el mar de lo que los meteorólogos denominan una 'manga marina'. La inestabilidad atmosférica hizo que el embudo de aire recorriese a una velocidad pasmosa los más de cinco kilómetros que separan A Lanzada de A Arnosa, en la ría de Arousa, dejando a su paso un reguero de incidencias que a día de hoy todavía son visibles.

Para encontrarse con una situación similar en Sanxenxo hay que remontarse a principios de la década de los años 40. Según relatan algunos vecinos de Noalla, fue entonces cuando un tornado, originado también muy cerca de A Lanzada, se adentró hasta el lugar de O Revel, en Vilalonga, llevándose por delante 'palleiros', viviendas, árboles y todo tipo de construcciones. "Foi tan forte ou peor ca este", rememoraba ayer un vecino.

PESADILLA RECIENTE. En lo que se refiere a O Salnés, para encontrar un precedente tan devastador solo hay que dar marcha atrás en el tiempo hasta febrero de 2016. En pleno tren de borrascas, un tornado se formó en pleno corazón de la comarca, cebándose con decenas de viviendas situadas en las villas de Meaño y Meis. A diferencia de ahora, en esa ocasión el fenómeno atmosférico se originó en tierra firme, lejos de la costa.

Una de las imágenes que dejó aquella situación fue el estado en el que quedó el pabellón de deportes de la parroquia meañesa de Xil, que se vino abajo. Afortunadamente, a pesar de ser fin de semana, en ese momento las instalaciones deportivas no se estaban utilizando. Además, las rachas de viento provocaron que las cubiertas de varias viviendas y alpendres volasen literalmente por los aires. El tornado arrancó de cuajo señales de tráfico y dejó muy tocadas las instalaciones del CEIP Coirón, en Dena, y de una empresa de excavaciones cercana. Aquella masa de vientos huracanados, cuyas rachas alcanzaron los 100 kilómetros por hora, llegó a recorrer unos 3.000 metros y tenía una anchura de unos 100 metros, tal y como relataron entonces algunos testigos.

La presencia de tornados también ha ido aumentando en otros lugares como la comarca de A Barbanza. A lo largo de la última década se han contabilizado ya cuatro casos, el último de ellos también en 2016. El primer fenómeno de este tipo tuvo lugar en abril de 2008, en A Pobra do Caramiñal. Dos años más tarde, fue la localidad coruñesa de Rianxo la que sufrió los avatares de una 'manga marina'.

La imprevisibilidad que caracteriza a la formación de este tipo de fenómenos meteorológicos hace imposible determinar si continuarán repitiéndose en el futuro. De momento, aún son una anomalía, pero con precedentes.

"Situaciones así no se pueden prever, como sí ocurre con las ciclogénesis explosivas"
El coordinador del Servizo Municipal de Emerxencias, Antonio Folgada, hace balance de las actuaciones efectuadas tras el paso de la ‘manga marina’.

¿Cuántas incidencias se registraron en Sanxenxo como consecuencia del tornado?
Nosotros tenemos constancia de daños en 17 viviendas particulares, seis cobertizos y varias instalaciones empresariales. Por ejemplo, en A Salgueira (Vilalonga) el viento afectó a una nave. Pero seguramente hubo más propiedades afectadas, porque muchos vecinos pudieron realizar arreglos en aquellas cubiertas e infraestructuras que no resultaron demasiado afectadas. Evidentemente, a todo esto hay que añadir los destrozos en el paseo de madera de A Lanzada y en el colegio de Noalla.

En este tipo de situaciones, ¿cuál es la prioridad para los servicios de emergencias?
Todo es importante, pero nosotros donde primero actuamos es en aquellas viviendas en las que se hayan registrado los daños más devastadores, como el inmueble de O Freixo que sufrió el desprendimiento de parte del tejado.

¿En qué se diferencian las actuaciones que realizan tras el paso de un tornado con las que, por ejemplo, se efectúan durante una ciclogénesis explosiva?
Son situaciones muy distintas. Lo ocurrido el pasado miércoles es un fenómeno que se registra en contextos muy puntuales. No se puede predecir y, por tanto, no sabes dónde va a ocurrir. Ante eso, es difícil poder realizar ningún tipo de previsión, cosa que sí es posible cuando llegan temporales. De hecho, ese día había alerta amarilla en la costa por rachas de viento, pero es algo normal en esta época.

¿El aviso del tornado les llegó a través del 112 o de los vecinos afectados?
El Centro de Atención de Emerxencias nos advirtió de que se habían producido varias incidencias por fuertes vientos. En un primer momento solo sabíamos eso, ni siquiera estaba claro qué era el fenómeno meteorológico. Cuando llegamos allí nos dimos cuenta de la gravedad de la situación y fuimos siguiendo el rastro que había dejado el tornado. Dividimos los efectivos en dos grupos, uno se centró en los daños causados en Tombelo y otro en Rouxique y alrededores.

 

Una anomalía con precedentes