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La victoria legal de una pequeña bodega de Meaño contra el gigante Codorníu

Imagen de una de las botellas de la bodega meañesa. ANADIGNA
Imagen de una de las botellas de la bodega meañesa. ANADIGNA

El grupo catalán alegaba que su marca entraba en conflicto con la suya ►El bodeguero Carlos Rey Lustres se vio con 3.000 botellas etiquetadas y empaquetadas que no podía sacar al mercado por culpa del litigio

El Tribunal Supremo ha dado de forma definitiva la razón a la bodega Carlos Rey Lustres, que bautizó su albariño con el nombre de la abuela del bodeguero, Anadigna, marca sobre la que la multinacional Codorníu alegó que generaba confusión con su Anna de Codorníu.

Según explica la bodega, que se sitúa en el municipio pontevedrés de Meaño, en un comunicado, después de la lucha en los tribunales, Carlos Rey Lustres ha visto ratificado su derecho a usar la marca.

La cosecha de 2018 será la primera que saldrá al mercado con el nombre de quien enseñó al bodeguero "la cultura del vino y el cariño por el arte de elaborarlo y hacer las cosas bien".

Los hechos se remontan a 2015, cuando Carlos Rey Lustres registró en la oficina de patentes el nombre Anadigna para su primer vino, "un albariño monovarietal cosechado en la finca que pertenecía a su abuela".

Posteriormente, Codorníu y Pagos del Rey presentaron un recurso de alzada contra la inscripción y, a pesar de que la oficina en un primer momento dio la autorización por diez años a Rey Lustres para el uso de Anadigna, se la retiró.

Carlos Rey: "Estas grandes empresas se creen propietarias de todas las Ana, que es un nombre propio, pero Anadigna era el nombre de mi abuela"

CONFUSIÓN CON ANNA DE CODORNÍU. La multinacional del cava alegaba que Anadigna generaba confusión con su Anna de Codorníu y la compañía de la familia Pagos del Rey afirmaba que entraba en conflicto con uno de sus vinos blancos de Rueda, Analivia.

Por lo tanto, al bodeguero de la comarca de O Salnés "no le quedó más remedio que acudir al juzgado". Según afirma Carlos Rey en el comunicado, "estas grandes empresas se creen propietarias de todas las Ana, que es un nombre propio, pero Anadigna era el nombre de mi abuela".

El bodeguero se vio obligado a acreditar con el libro de familia el antropónimo de su abuela, Anadigna Torres, para que los magistrados del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) le diesen la razón a finales de 2017 al dictar que "el parecido fonético entre ellas no es de la entidad suficiente para que pueda producir confusión en el mercado".

También añadió que la bodega arousana "pertenece a una denominación de origen de un muy especial y valioso tipo de vino propio de una región muy conocida y específica –las Rías Baixas–, muy distinto a los otros vinos y licores propios de las otras empresas contendientes por la marca".

PRODUCCIÓN ANUAL DE 9.000 BOTELLAS. Además, especificaba que "encontrándose la explicación del nombre comercial en el hecho de que su abuela se llamaba María Anadigna, aleja toda idea maliciosa de aprovecharse de cualquier nombre comercial o marca ajenas de parecida significación". 

La superficie de viñas de la bodega meañesa casi no alcanza la hectárea que se encuentra repartida en cuatro fincas, con una producción anual de 9.000 botellas frente a los 45 millones de botellas al año de Codorníu y las 70 marcas diferentes que comercializa Pagos del Rey

A mayores, la sentencia del TSXG reconocía que Carlos Rey se limita a "aprovechar como negocio una pequeña bodega de vino albariño de poca extensión y mínima producción en su casa matriz familiar" en el municipio de Meaño.

La superficie de viñas casi no alcanza la hectárea que se encuentra repartida en cuatro fincas, con una producción anual de 9.000 botellas frente a los 45 millones de botellas al año de Codorníu y las 70 marcas diferentes que comercializa Pagos del Rey con diferentes denominaciones de origen.

Finalmente, el Supremo ha ratificado el derecho de Carlos Rey Lustres a utilizar la marca Anadigna para así "mantener la herencia vitivinícola de su familia".

COSTE DE LA "BATALLA LEGAL" PARA LA MARCA. Carlos Rey Lustres asegura que "aunque la lucha ha valido la pena, la batalla legal ha tenido un coste para la marca difícil de cuantificar". "Yo he podido ir al juzgado y esperar todos estos años a que se solucionase porque la bodega no es mi principal fuente de ingresos, pero estos procesos pueden hundir a una pequeña empresa que comienza un proyecto con más ganas que recursos económicos", ha añadido el bodeguero.

También ha criticado que "estas grandes compañías tienen bufetes de abogados y tienen que justificar ese gasto, y para ellos no significa nada, pero a una empresa emergente la pueden hundir".

Rey Lustres ha señalado que los cambios en la nomenclatura "han sido un grave impedimento para el despegue comercial de la marca y, por supuesto, un enorme gasto".

La bodega no solo tuvo que afrontar los costes derivados del proceso legal, sino que cuando le denegaron el uso de la marca después de haber sido aceptada inicialmente, Carlos Rey Lustres "se vio con 3.000 botellas etiquetadas y empaquetadas que no podía sacar al mercado por llevar el nombre de su abuela".

DAÑOS Y PERJUICIOS "DIFÍCILES DE VALORAR". De este modo, destaca que "perdió un año completo creando otra marca, Nadigna, adaptando los diseños, modificando el logotipo, imprimiendo y cambiando de nuevo todas las etiquetas, cajas, material corporativo...".

Además, señala que aunque podría reclamarles daños y perjuicios, "son difíciles de valorar". Sin embargo, tras tres años de lucha, Rey Lustres "se conforma con haber salido victorioso y con ver en las etiquetas de su cosecha del 2018 el nombre de quien le infundió su amor por el vino".

La victoria legal de una pequeña bodega de Meaño contra el gigante...
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