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Despilfarro, coca y secuestro

Un chico encadenado por el cuello a una columna en un habitáculo empapado por el agua que unos hombres tiraban para evitar que el joven se durmiese. Carne quemada por la aplicación de descargas eléctricos y cortes con objetos punzantes, incluido uno en la nalga por el que se le tuvieron que aplicar doce puntos de sutura. Un tendón del dedo pulgar seccionado por una máquina de cortar leña. Y todo esto en una lujosa casa de Sisán (Ribadumia).

Éste fue el punto de partida de la liberación de José Radío, un vecino de Meis de 20 años que se vio encerrado por sus viejos amigos al negarse a ser ‘prenda’ de una operación de narcotráfico en Colombia; lo dejarían allí como aval de que el acuerdo se cumpliría. El chico se negó. «Leváronme para a casa e comezamos a discutir porque me negaba a ir con eles a unha viaxe. Foi cando me mandaron unha hostia no nariz e comecei a sangrar». Le dijeron: «Conforme démosche de comer durante dous anos, vas a ser persoal noso o que che queda de vida». Radío se había marchado de la casa familiar a los 18 años y se fue a vivir con el ‘clan dos madereiros’ que lideraba el primo de su padre, José Lafuente, en cuya casa vivía el chaval.

Encadenado y torturado, en la madrugada del día 9 de marzo de 2001 pidió que lo soltaran un momento para ir al cuarto de baño. Aprovechó un despiste de sus captores para salir de la casa con la cadena al cuello y saltar un muro de metro y medio; ahí inició una fuga de película en medio de la noche, pues tuvo tras él a coches guiados por los ladridos de los perros, que iban rastreándolo. «A cadea facía moito ruido e os cans comezaban a ladrar cando a escoitaban», dijo al llegar a casa.

(Más información en nuestra edición impresa del 5 de marzo).

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