Parodia, color y música en el Entroido

Papelinas y cotillón sobrevuelan las calles de Pontevedra. Se mezclan con miles de personas que acuden a ver el espectáculo rey del Entroido pontevedrés, el gran desfile.
Las calles permanecieron abarrotadas de gente, de hecho, las aceras se hicieron pequeñas para albergar a tantos carnavaleros, que no dudaron en hacer de los contenedores de basura un sitio más que privilegiado para no perderse detalle.
En la jornada de ayer también quedó más que demostrado que no hay edad para disfrutar de un buen Entroido. Niños, jóvenes y mayores se dejaron llevar por los ritmos de la salsa y sonidos de tambores. Pero no se vayan a pensar que únicamenten tuvo cabida lo exótico. Lo tradicional también estuvo muy presente con un repertorio musical que fue desde la popular ‘A  Carolina’ hasta la canción por excelencia de Galicia, ‘A Rianxeira’.
El momento más esperado llegó a las seis menos veinte. Los tambores comenzaron a sonar y todos miraron ansiosos para ver quien tenía el privilegio de abrir tan esperada comitiva.
Y el afortunado, ya que el orden en el que salían las decenas de comparsas, grupos de disfraces, carrozas, parejas e individuales se decidió por sorteo, fue ‘Carnaval Urco’, una pequeña carroza en la que los próximos juegos olímpicos fueron los protagonistas.
A éstos les siguió la más pura fantasía, que en esta ocasión llegó de la mano de ‘Os paparrulos’ de Marín. Decenas de niños y niñas danzaron con los ritmos más exóticos de la samba brasileña. Los naranjas y verdes fueron los colores elegidos para sus escotados vestidos y plumas. Comentarios hubo muchos. De hecho los hubo que no pudieron contenerse y comentaron un “¡tienen un meneo!”
Y como en todo Entroido la imaginación no tiene límite. Imaginación unida al buen gusto, ya que en el desfile no faltaron los trajes más originales y más tiernos.
Llamaron la atención de todos los presentes la pareja ‘Musgo’ que, íntegramente, se enfundaron en un traje realizado a base de este vegetal. Otros optaron por el reciclado y se trabajaron un bonito disfraz a base de botellas de agua mineral y los hubo que se recubrieron de envases de yogures.
Tampoco pasó desapercibida una pescantina que arrastraba una lata de sardinas. Mamá e hija protagonizaron el momento más tierno, ya que la sardinita era un bebé metidito en una pequeña lata de conservas. Igual de ‘monos’ iban la bruja y su pócima; Piolín, Silvestre y la abuelita, y un payaso saliendo de su propia caja.
Pero sin duda las más llamativas fueron las grandes carrozas a las que le seguían decenas de disfraces de fantasía. Por su grandeza y sus trabajados y lucidos vestidos destacó la ‘Comparsa Colores’ de Porriño, que paseó, nada más y nada menos, que tres carrozas precedidas de espectaculares chicas y chicos luciendo y moviendo carnes. Y haciendo gala de su tierra de bailarines, dos parejas de bailes latinos mostraron al público pontevedrés sus buenas dotes en cuestión de salsa. También arrancaron muchos aplausos un conjunto de soldaditos de plomo que cerraban su comparsa con un cofre especial del que, de vez en cuando, salía una bailarina.

Comentarios