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San Francisco, el comedor más solidario

Cartel del programa Ponteverán 2015.
Cartel del programa Ponteverán 2015.

Con independencia de la polémica surgida en los últimos días por el rechazo de los alimentos que ofrecieron varios 'indignados', la labor social del comedor de San Francisco es incuestionable. Cada día atiende a personas que no disponen de medios para alimentarse y aunque la cifra varía según las épocas, suele oscilar entre 80 y 100. La tendencia del verano era reducir el número de comensales, al menos en diez personas, pero este año han aumentado. La crisis se nota.

El actual encargado del comedor y en el cargo durante cuatro años, Gonzalo Diéguez Méndez, dijo que la mitad de los usuarios son fijos, ''gente que lleva mucho tiempo viniendo aquí'', pero no todos acuden con tanta frecuencia, ''hay gente que desaparece cada ocho días'', aseguró.

El perfil de estos comensales se puede completar además diciendo que el 80% son hombres y que las mujeres asisten con mucha menos frecuencia. La gran mayoría son personas mayores, dice el monje Diéguez: ''entre un 30% o un 40% tienen más de sesenta años, aunque también viene gente bastante joven que está pidiendo, tocando la flauta o aparcando coches''. La sociedad atribuye a todos los que allí asisten en perfil de drogadictos pero el monje quiso aclarar que ''son todos muy pacíficos y no suele haber problemas''. Los niños pueden acudir acompañados de ''una persona mayor, un familiar'', pero durante el invierno no se les deja entrar porque ''deben estar en el colegio y por ello no los podemos atender''.

Funcionamiento

Las puertas del comedor abren cada día a la una en punto, pero ''lo habitual es que hagan cola ya desde bastante temprano, vienen y se distraen''. Funciona todos los días exceptuando los festivos religiosos y los domingos, el día antes a que el comedor permanezca cerrado no se les administran previsiones porque ''hay otros centros en los que pueden atenderlos''.

El comedor es uno de los salones del convento adaptado. Tiene capacidad para ochenta y ocho personas y, como la demanda es tanta, lo habitual es que se distribuyan en dos turnos de comida. ''Entran según van llegando y siempre se completa'', explica, ''después tenemos que preparar las mesas de nuevo para unas diez o quince personas''.

Dos cocineras fijas se encargan de preparar la comida y además ponen los cubiertos, platos, vasos y servilletas para todos ellos. Junto a estas cocineras trabaja el voluntariado. ''Entre diez y doce personas son las que vienen a ayudar, en verano son menos'', aclara, ''ahora vienen entre seis o siete''. Esta gente ayuda sobre todo a limpiar las mesas y ''el comedor siempre queda que da gusto''.

El menú está compuesto de dos platos. ''De primero acostumbramos servir un potaje, caldo o sopa y de segundo pescado, pasta o tortilla de patatas'', explica el encargado. Después de la comida siempre les sirven café o colacao y lo acompañan de bollería, ''tenemos muchas galletas también por si algún día no llegan los pasteles, nunca toman el café solo'', asegura. Pan fresco para acompañar todos los días para acompañar los platos y de beber siempre agua, ''solo tres o cuatro días al año ponemos vino, en festividades como San Francisco, San Antonio o durante la época navideña''.

La merienda

Al ir saliendo se les entrega a todos, ''bien empaquetado en una bolsa de plástico'', un bocadillo. Generalmente es de fiambre y además se les distribuye una pieza de fruta o yogur. ''Los bocadillos se preparan durante la mañana y los hago yo, casi siempre, con ayuda del voluntariado'' explica Diéguez.

La comida ''se compra'' y la principal fuente de ingresos para este comedor social proviene de los dos cepillos de la iglesia del convento en los que la gente ''echa uno, dos o incluso cinco euros que nos permiten tener abierto el comedor''. Diéguez Méndez insistió en la importancia que tiene esta gente, ''es a ellos a quien hay que dar las gracias de verdad, es mérito suyo, donan su dinero para que sea posible esta atención a gente que lo necesita de verdad''.

El Concello ''también da una ayuda al igual que la Diputación por Navidad''. En esta época ''hay alguna que otra entidad que nos hace un donativo''. ''Con frecuencia Froiz nos administra alimentos y también las pescaderas de la plaza nos llaman cuando les sobra mercancía''.

El monje encargado, Diéguez Méndez, después de explicar todo el funcionamiento, calificó su labor ''como una experiencia muy bonita'', a persar de todo el trabajo que supone, y añadió que ''esto va muy de acuerdo con el espíritu franciscano, preocupados siempre por ayudar a la gente''.

Requisitos xunta

La concejala de Benestar Social, Carmen Fouces, hizo saltar la alarma al decir que el comedor igual tenía que cerrar sus puertas en un futuro próximo debido a los permisos, licencias y adaptaciones exigidos por la Xunta. Documentación que según su valoración iba a ser muy difícil de entregar. Sin embargo, el franciscano responsable del comedor se manifestó despreocupado: ''esperemos que no haya problema, ya está todo tramitado''.

Aún así coincidió con Fouces en que las exigencias son muchas. ''Tuvimos que, por ejemplo, adaptar un baño para discapacitados y ese tipo de reformas tienen un coste alto'', se quejó. Además, ''sería una obra útil si de verdad fuese necesaria'', manifestó, ''pero en veintitrés años que lleva este comedor abierto no vino ninguna persona con discapacidad porque no pueden subir las escaleras''. Una vez realizada la obra Diéguez lo ve con más optimismo y dice que ''tampoco está de más''.

Otra cosa que llamó la atención a Diéguez de esta orden de la Consellería de Benestar e Traballo del año 2008 es que exija a una entidad privada, ''a un centro sin ningún tipo de beneficio, porque la gente que viene aquí no paga ni un céntimo'', cumplir con todas estas exigencias, tramitar todos esos papeles sobre todo ''cuando por parte de la Xunta no recibimos ninguna ayuda''.


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