Viaje con nosotros

Unos veinte días se pasó una delegación pontevedresa de setenta personas encabezada por Rivas Fontán en Buenos Aires, Iguazú, Bariloche y Río de Janeiro para hermanar Pontevedra con su homónima argentina. Los socialistas se quedaron en la ciudad con las manos en la cabeza.

El alcalde de Buenos Aires, Carlos Grosso, recibió a Rivas Fontán en  su despacho y dijo una frase que todavía repiquetea en los oídos de la delegación oficial que un día de marzo se subió en  un avión de Aerolíneas y cruzó el charco para hermanar Pontevedra con la Pontevedra argentina: «La sensualidad más grande es la que producen los acuerdos con el pueblo».

Corría el 15 de marzo de 1990, hace ahora veinte años, cuando setenta pontevedreses marcharon en autobús desde la Praza de España, frente al Concello, para coger un avión a Argentina. La delegación oficial (alcalde, ediles, funcionarios y medios de comunicación) corrió a cuenta del Ayuntamiento. El resto hubo de pagarse el billete, pero las condiciones debían ser muy buenas, porque en la ciudad se decía entonces que quien no estaba en Buenos Aires no era pontevedrés. Encabezó la comitiva Rivas Fontán, y con él iban entre otros Manuel Durán Couto, José Manuel Brea Vaamonde, Ernesto Baltar, Rafael Fontoira, Mateo Benavides y Rafael Vázquez, estos dos últimos corresponsales de Diario de Pontevedra en el viaje, que los llevó no sólo a Buenos Aires, sino a las cataratas de Iguazú, tres días a Bariloche y cinco días a Rio de Janeiro.

«El esfuerzo de cuatro años trabajando para el Ayuntamiento puede permitir el que algunos miembros de la Corporación y sus esposas hagan este viaje», dejó dicho en acta en la Comisión de Cultura el concejal del PP Ernesto Baltar.

«Y luego vinieron empresarios, médicos, representantes de todos los ámbitos», explica Benavides, que publicó en las páginas de este periódico a su vuelta, veinte días después, unas crónicas estupendas baqueteadas de humor. La primera misión de la delegación pontevedresa fue llegar a Pontevedra, en el municipio de Merlo, al oeste de Buenos Aires. Fue Miguel Navarro Viola y Enrique Quintana quienes impulsaron el nacimiento de una ciudad que tuvo sus primeros pobladores en 1873. Se dice que la ascendencia hispana fue determinante en que se llamase Pontevedra o bien que que un gallego de allí, Manuel Rodríguez Fragio, apuntó el nombre. Tiene sobre 35.000 habitantes.

En el Boeing 747 Jumbo viajó con la expedición una talla de la Virgen Peregrina, reproducción exacta de la imagen del Santuario de la ciudad, y cuyo destino sería un lugar destacado del templo más importante que existe en la Pontevedra argentina. Rivas fue con todo: esperaba llegar a cruzarse incluso con Felipe González, que se había entrevistado allí con Menem después de recorrer Sudamérica, entre ellos Chile para estar presente en la toma de posesión de Patricio Aylwin como sustituto de Pinochet.

Lo cierto  es que José Rivas Fontán mereció en Argentina categoría de jefe de Estado. Tuvo honores tales como permanecer reunido durante dos horas en la Casa Rosada con el vicepresidente de la nación, Eduardo Duhalde, y la embajada española le echó alfombra roja allá por donde pasó. Lo recuerda Benavides, aún sorprendido veinte años después: «Lo trataron con un protocolo que parecía el rey de España». Ya lo hizo constar entonces en las crónicas que escribió al volver del viaje: «Rivas recibió honores muy superiores a los que todos imaginábamos (...) Nunca se habló de nuestra ciudad en tantos departamentos gubernamentales del país donde se sitúa la quinta provincia gallega».

Con todo, uno de los grandes encuentros que tuvo Rivas fue con el secretario de Turismo para la Nación, Fassi Lavalle. Era éste un hombre de envidiable aspecto físico, y la foto del alcalde pontevedrés con él la resumió Diario de Pontevedra con un pie de foto espléndido: «Dos galanes se disputan el primer plano». «El señor Lavalle», escribía el corresponsal del periódico, «es guaperas como ninguno, capaz de llegar con la cabeza hasta la telaraña del último rincón del techo, luciendo un peinado a cuyos encantos no resistieron algunos funcionarios y funcionarias, que posaron ante las cámaras junto al ilustre secretario». Y más: «Alguien susurró a nuestro oído que Fassi Lavalle iba a cenar con la esposa de Menem, que según las malas lenguas vive en un apartamento de la calle Corrientes, lejos de los encantamientos y caricias del presidente argentino».

Pero es el inicio de la crónica de Mateo Benavides lo que perdurará en el tiempo: «Con el estómago protestando por los efectos del asado, a pesar del güisqui que se regalaron Durán Couto, Rafael Vázquez, Rivas Fontán y algún otro comensal de cuyo nombre sólo apuntaré las iniciales (M.B.), la comitiva oficial aparcó a las siete y media en las dependencias de la Secretaría de Turismo de la Nación».

Críticas socialistas

Los socialistas no se sumaron al viaje y cuando la delegación estaba en Sudamérica lanzaron un comunicado en el que criticaban la poca transparencia en el gasto que iba a acarrear el periplo de casi tres semanas: «Teniendo en cuenta que el billete por persona es de 246.000 pesetas, no aceptamos que los gastos de los cónyuges de ediles, funcionarios y comitiva se efectúen con cargo al Ayuntamiento».

Los socialistas subrayaron también que cada miembro de la comitiva oficial dispondría de 10.000 pesetas diarias. Al grupo municipal del PSdeG sólo se le facilitó la información de los integrantes de la conitiva el día que la misma se subió al avión, según ellos denunciaron en su momento, y consideró un «insulto a la inteligencia» que se circunscribiese el viaje como una ‘visita de Estado’ dentro del contexto del viaje que estaba haciendo Felipe González por América Latina.

 «Tuvimos que rescatar a Reguera de una piscina»

Mateo Benavides, periodista hoy de Radio Pontevedra-Localia, era el encargado de la información municipal de Diario de Pontevedra hace veinte años. Y fue el corresponsal del periódico en el viaje que la delegación pontevedresa hizo a Argentina y Brasil.

¿Qué recuerda del viaje?
Pues sobre todo el trato a Rivas Fontán por parte de todas las autoridades. En todas partes estaba el embajador junto a él y tuvo una agenda oficial casi de jefe de Estado.

¿Fue para tanto?
Sí.Estuvimos en la Casa Rosada. No estaba Medem, porque había ido a la toma de posesión del nuevo presidente de Brasil, pero sí Duhalde, que luego sería presidente un tiempo antes de Kirchner. Estuvimos allí hablando con él dos horas. Y hablamos de todo, sobre todo de la colonia gallega en Argentina, que entonces estaba en todos los focos de poder.

Luego también tuvo el viaje una parte lúdica.

Sí, hubo unos días totalmente turísticos y sin ningún acto oficial. Estuvimos unos días por Río... Hicimos varias excursiones, y lo que tengo que decir es que fue un viaje completísimo y muy bien organizado; el mejor organizado, desde luego, al que yo he ido.

Tendrá usted recuerdo de numerosas anécdotas.

Hombre, hay una anécdota que sí la recuerda todo el mundo y la comentamos mucho en la vuelta. Y es que estuvimos en Iguazú con Antonio Reguera, presidente de la Federación de Comerciantes, que por cierto iba haciendo fotografías por todas partes y aprovechando todo lo que encontraba. Y en la piscina del Hotel Internacional de Iguazú nos dio Reguera un buen susto porque no sé cómo se metió hasta un punto en el que no hacía pie, y Reguera al parecer no sabe nadar, así que prácticamente hubo que rescatarlo de allí. Creo que fue Ernesto Baltar quien fue a por él. Pero ojo, no fue una broma. Nos dio un auténtico susto.

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