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"Tras 55 años, la morriña existe"

María Cristina Cobas y su primo, José Alonso, en Lourido. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
María Cristina Cobas y su primo, José Alonso, en Lourido. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Dos meses para curarse las 'saudades'. Es lo que ofrece la Xunta de Galicia a los emigrantes en América Latina que participan en el programa Reencontros na casa

PASARON 17 años desde que María Cristina Cobas abrazase por última vez a su primo gallego, José Alonso, que vive en Lourido y estos días la acoge en su casa. "Después de 55 años de haberme ido a Venezuela, siendo una niña, siento que la morriña existe", explica Cobas. Este verano lo pasa en Poio junto a su familia gracias al programa de la Xunta Reencontros na Casa, que ayuda a emigrantes gallegos en el exterior a curarse las 'saudades' durante unos meses.

En la actual convocatoria, participan más de 30 gallegos en América mayores de 65 años. La finalidad del proyecto, que costea el billete de avión de los emigrantes, es mantener vivos los lazos de los gallegos en la diáspora con sus familias y sus orígenes. Este año, la mayoría de los beneficiarios del programa llegan desde Argentina (53), pero los venezolanos también son un grupo importarte con 49 viajeros. Llegan, además, 15 personas desde Uruguay, diez de Brasil y nueve de Cuba.

"Mi padre se fue en el año 58 a Venezuela y reclamó a mi madre al poco tiempo. Luego vino a buscarnos a nosotros. Un 24 de julio del año 64 partimos en un barco desde el puerto de A Coruña", relata María Cristina Cobas mientras camina por el paseo de la playa de Lourido, que encuentra muy cambiado. Han pasado 17 años desde su última visita y desde entonces las cosas han cambiado mucho en Venezuela. "Todo esto está muy bonito, han construido un paseo y se nota que hay calidad de vida. Desgraciadamente, en Venezuela las cosas han cambiado para peor", explica la gallega mientras pasea del brazo de su primo.

Antes solía venir más a menudo, cada dos o tres años, pero la pérdida de poder adquisitivo en el país hace que cada día sea más difícil darse caprichos. "Con la pensión no nos alcanza para determinadas cosas, por no hablar de los medicamentos", cuenta mientras trata de no emocionarse. "No quiero echar la lagrimita porque me lo estoy pasando muy bien, pero es difícil aguantar, porque la situación allá es muy complicada", cuenta. "En la Venezuela que conocí de niña no faltaba de nada. Ahora, yo lloré cuando entré aquí en un supermercado porque lo vi repleto de mercancía. Y pensar que allí las estanterías están vacías da mucho dolor", añade.

A María Cristina le cambia la cara cuando le preguntan por los reencuentros en Galicia con su familia. "¡Uy! ¡Madre mía! Los reencuentros son lo mejor". Tiene primos a montones, todos en Lourido, e incluso una tía anciana. En Galicia vive también algún que otro amor de juventud al que hacía más de 40 años que no veía. Y es que, además de visitar la tierra en la que nació hace 17 años, la anterior visita a sus orígenes se remonta a 40 años atrás. En aquel viaje, Cobas conoció a un chico que le hizo tilín, con el que vivió una bonita historia de amor en la ciudad de A Coruña de hace cuatro décadas.

Su vuelta a Galicia le ha servido para reencontrarse con aquel hombre, tal y como explica con una sonrisa en la cara. "Fue precioso volver a encontrarme con él en A Coruña. La chispa se prende pronto porque en aquel momento fue una historia muy bonita. Y ahora, estos días que he pasado en A Coruña, también han sido muy bonitos", aclara sin dar más detalles mientras lanza una mirada cómplice a su primo. "Yo he querido ir a verla a Venezuela, pero ella no me deja, no quiere que vea cómo está el país", cuenta él.

A Cobas le da lástima pensar cómo ha cambiado el país y no quiere que su familia se lleve una imagen equivocada de él. "Venezuela tiene muchas riquezas", explica. Allí tiene un hermano, dos sobrinos y una sobrina nieta. "Son la única familia que tengo y mi sobrina y su hija viven conmigo. Mi ilusión sería poder volver a Galicia, encontrar una casa y traérmelas conmigo para poder vivir aquí", cuenta. "Un plato de comida no falta, pero no es como antes. Por ejemplo, si quiero comer un cocido, puedo comprar un repollo y unas patatas, pero no hay jamón ni chorizo. Un cartón con menos de tres docenas de huevos cuesta 20.000 bolívares y ganamos 40.000. Es una calamidad", añade.

Pese a llevar en Venezuela desde que era una niña, Cobas apeas tiene acento venezolano, porque, tal y como explica, suele relacionarse con mucha gente de Galicia. Aunque la población gallega ha disminuido notablemente en los últimos años ("la mayoría de los gallegos han vuelto, y los que vendrán... y cuidado si los que vienen en este viaje no se quedan", indica), la sede de la Hermandad Gallega de Caracas es un punto de reunión habitual para la comunidad de emigrantes. Allí reciben cursos de música tradicional, celebran fiestas y reuniones gastronómicas o cursos de gallego. "Es allí a donde podemos ir a distraernos un rato, ir a la piscina... fue también allí donde hice los trámites para poder venir", relata Cobas, "una amiga mía me avisó ya el año pasado y, después de cumplimentar la solicitud, no me la dieron, así que este año la hice sin pensar que fuera a poder venir y al final me llevé una gran alegría", cuenta. Además, Cobas muestra su alegría y agradecimiento con las instituciones gallegas que facilitan sus vacaciones en casa. Gracias a que el billete de avión se lo paga la Xunta, Cobas puede "traer unos dineritos e invitar algún día a mis primos... cómo lo quiero, somos los primos más unidos", se dirige a su primo Alonso con un gesto cariñoso.

Toda la vida han mantenido el contacto, ya sea por carta o por teléfono y siempre que visita Galicia se aloja en casa de José Alonso. "Ella sabe de sobra que aquí no le falta de nada, fue una pena que durante todo este tiempo ella no haya podido venir", cuenta él.

"Allí somos cinco, no tengo más familia que mi hermano y sus hijos, si tuviese aquí una casa vendría sin dudarlo", explica. Los motivos para quedarse no son solo que eche de menos a su familia, que también, sino la calidad de vida que Cobas observa en Galicia. "Te tomas un vinito, paseas por la playa... y aunque no haya estado muy buen tiempo yo me he dado ya baños en el mar, y eso que estoy acostumbrada al calor de Caracas", cuenta.

La ayuda gallega que reciben los emigrantes en Venezuela no se limita solo a programas como Reencontros na casa. En este sentido, Cobas afirma que, antes la situación de crisis que vive el país, en puntos como la Hermandad Gallega de Caracas, la población emigrante tiene acceso a ayudas económicas e incluso se reparten medicamentos difíciles de encontrar. "Yo lo que pido es salud, para no necesitarlos. Salud y poder volver más veces", termina.

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