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A Silgar por 23 euros

Un grupo de conductores de autobús conversa en la dársena de la estación pontevedresa este martes
Un grupo de conductores de autobús conversa en la dársena de la estación pontevedresa este martes
La quinta jornada de huelga de autocares ya casi no pilla por sorpresa a los usuarios en la ciudad. "O que queira ir á praia que busque a vida. Se o fai quen ten que ir ao médico...", dice un chófer

La quinta jornada de huelga en el sector del transporte de viajeros en autobús -que seguirá este miércoles y en principio será indefinida desde el jueves 13- se dejó notar en Pontevedra. En la estación apenas se concentraron este martes algunos usuarios con billete para un trayecto de largo recorrido o esperando que se cumplieran los servicios mínimos, lo que no ocurrió. Tren y taxi fueron los medios alternativos, amén de la suerte de quien contó con familiares o conocidos que fueran a recogerle.

José Couto, taxista en la estación de autobuses desde hace 17 años, explica que "a xente xa non vén porque está enterada da folga, aínda que este martes notouse máis movemento polas vacacións". Así, "os de aquí esperan por familiares ou amigos que os recollan, pero os que veñen de Madrid si que teñen que coller o taxi, non lles queda outra". Y no tuvieron más remedio, sobre todo, quienes se dirigían a localidades sin enlace ferroviario, caso de Sanxenxo. "Aí é onde se nota máis o choio, pero son, sobre todo, turistas". Una carrera hasta la playa de Silgar les costó 23 euros, un precio que otro joven que vagaba por la estación no tenía intención de pagar.

En una jornada como la de este martes los autocares que se dirigen a las costas con bastante frecuencia horaria suelen estar abarrotados, pero esta vez no salió ni el primero de la dársena. "O que queira ir á praia que busque a vida. Se o fai quen ten que ir ao médico...", sostiene Tucho. Él junto a una docena de compañeros conductores de autobús pasan la mañana en la estación, conversando en la dársena. "Estamos en son de paz, loitando polos nosos dereitos", matiza ante quien pudiera pensar otra cosa. "Os clientes non entenden as nosas reivindicacións. Cren que estamos así para fastidialos a eles", lamenta mientras sus colegas, de varias empresas, asienten.

EN TREN O A CASA. "Alguna gente viene porque en la tele dicen que todo funciona de maravilla", apunta, crítica, una compañera. "Pero si fuera así, esto estaría lleno de gente". Por el contrario, solo están los trabajadores. "A cousa está tranquila, somos un piquete pacífico", señala otro chófer, que se presenta como Chantrero. "A xente xa sabe o que hai, pero algún despistado sempre vén".

Es el caso de María, una joven que este martes cumplía 21 años y que pretendía celebrarlo con su abuela en Soutomaior. pero que se quedó compuesta y sin viaje, lamentando su suerte en las escaleras de la estación. "Bajé andando desde Monte Porreiro y pensé que tendría este bus, porque era el único en todo el día, pero no salió ninguno. Es deprimente", dice mientras asume que volverá a pie a su casa "a pasar el día sola".

Mientras, en la vecina estación de tren, la jornada era mucho más tranquila que la del martes pasado, cuando los viajeros abarrotaron los convoyes. Aun así, sí hubo usuarios que habían previsto viajar en bus. Es el caso de una viguesa que acudió a realizar una gestión en la Xunta. "Aquí me dá igual porque las estaciones están juntas, pero en Vigo la de tren me queda mucho más lejos de casa".

A Silgar por 23 euros
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