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IN MEMORIAM

A Alfonso Barreiro Buján, arquitecto noble y limpio

Alfonso Barreiro Buján, en una imagen del año 2004. ADP
Alfonso Barreiro Buján, en una imagen del año 2004. ADP
El sacerdote Jesús Niño Sánchez-Guisande rinde homenaje a su amigo, el arquitecto pontevedrés Alfonso Barreiro Buján, fallecido el pasado 28 marzo en Madrid ►Es autor, entre otras obras, del edificio Las Torres, el aparcamiento de Barcelos, el ambulatorio Virgen Peregrina, la cubierta de la Plaza de Toros y el hotel Rúas

EL PASADO sábado 28 de marzo fallecía en Madrid, víctima de un infarto de miocardio, el notable arquitecto pontevedrés Alfonso Barreiro Buján.

Alfonso Barreiro había nacido en Vigo en 1931. Después de haber cursado sus estudios de Bachillerato en los Salesianos, se matriculaba en 1951 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Allí asimilaría ese dominio de la técnica, de las masas y un profundo conocimiento del material que mantendría a lo largo de toda su dilatada vida profesional. Allí también aprendería ese buen gusto que sería una de sus características más propias tanto en su profesión como en todos los aspectos de su vida.

Vivió como pocos la vida universitaria tan auténtica que se respiraba en el Colegio Mayor Antonio de Nebrija, abierto justo el año en que Alfonso comenzaba su singladura universitaria. Compaginó perfectamente sus estudios en la Escuela con una asidua asistencia a cualquier evento cultural destacable, porque la curiosidad intelectual fue siempre una constante en su vida. Aprendió de todos sus profesores, aunque siempre recordaría a su profesor de Construcción y Tecnología arquitectónicas, Antonio Cámara Niño, "maestro" de tantas generaciones de arquitectos.

PAULA. Allí, en Madrid, conocería a Paula, Kiki para los amigos, estudiante de Farmacia, quien lo enamoraría con aquella gracia andaluza, propia de una digna hija de Jaén. Paula siempre sería una Doña Clarines para lo bueno y para lo malo. Algo que nunca entenderían aquí "los de siempre".

En 1958 retornaba con su título de arquitecto a Galicia y de la mano de Emilio Quiroga Losada, arquitecto municipal de Pontevedra, y al que sucedería, se afincaría para siempre en nuestra ciudad. Aquí comenzaría una vertiginosa actividad profesional: El edificio Las Torres, todavía el más alto de la ciudad, el ambulatorio Virgen Peregrina de la Alameda, el hotel y cafetería Rúas, el aparcamiento de Barcelos, la Violiña, su casa enfrente del Parador, en pleno casco viejo, con el Cruceiro, regalo suyo a la ciudad; en Vigo, su ciudad natal, entre otras muchas obras, el edificio Tamberlick, sito en la calle Eduardo Iglesias; en Sanxenxo el chalet del doctor Ramiro Rivera... la lista sería interminable. Ejemplos todos de un excelente trabajo y una honestidad profesional cada vez más rara.


El ambulatorio Virgen Peregrina. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
El ambulatorio Virgen Peregrina. JAVIER CERVERA-MERCADILLO


Hotel Rúas. RAFA FARIÑA
Hotel Rúas. RAFA FARIÑA


El edificio Las Torres. DAVID FREIRE
El edificio Las Torres. DAVID FREIRE


Una de las entradas al parking de Barcelos. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Una de las entradas al parking de Barcelos. JAVIER CERVERA-MERCADILLO


Al poco de llegar y una vez que Paula hubo conseguido su Licenciatura en Farmacia en Santiago de Compostela, se casaban en Madrid y se asentaron para siempre en Pontevedra, primero en el piso de la casa nº 6 de la calle Echegaray y a partir de 1985 en la Violiña, ejemplo de esa arquitectura noble y limpia que siempre fue la de Alfonso Barreiro. Tanto él en su Estudio de la calle General Martitegui 2A, como ella en su Farmacia de las Galerías de la Oliva, donde Modesto era el alma y Paula la firma, formaron un matrimonio que por su complementariedad, estilo y generosidad no pasaba nunca desapercibido.

Con el nacimiento de su único hijo, el ingeniero Alfonso Barreiro López, formaron una familia cosmopolita. Viajaron mucho y aprendieron más. Especialmente en Inglaterra y Escocia. La inquietud intelectual de Alfonso y el entusiasmo tan andaluz de Paula eran insaciables. Fueron miembros entusiastas del Ateneo y del Cineclub pontevedreses. La gastronomía no tenía secretos para Alfonso. No en vano había viajado mucho y bien. Su agenda era difícilmente superable. Así no hay que extrañarse que fuera elegido miembro de la Real Academia Gastronómica Gallega y que su discurso de ingreso comenzara con aquello de "para cualquiera que no haya salido fuera de su casa, su madre es la mejor cocinera del mundo".

Ser invitado a comer en la Violiña era como entrar en un paraíso. Una casa diseñada con un gusto y acierto casi perfectos, todo el mobiliario de estilo inglés –hasta la taza del váter de la primera planta había sido importada– notables dibujos de Sobrino, buenos ejemplares de Compañía de Indias, excelente orfebrería inglesa y portuguesa... ¡había que ver el acierto y la seguridad de Alfonso al cortar el roast beef! Recuerdos todos ellos imborrables para el que esto suscribe.

Tuvo que llegar el alzhéimer para romper la felicidad de aquella casa. Muy pronto diagnosticada la enfermedad de Paula, con el tiempo se vio la necesidad de su traslado a Madrid, donde también se asentó Alfonso. Una vez fallecida Paula, venía de vez en cuando a pasar temporadas en la Violiña y salir a comer con los pocos amigos que la Ley Natural le iba dejando.

Finalmente el pasado sábado 28 fallecía repentinamente a los 86 años en la consulta de su cardiólogo en Madrid, dejando el ejemplar recuerdo de fiel amigo y buen profesional que fue siempre el señor Don Alfonso Barreiro Buján, arquitecto pontevedrés. Descanse en Paz.

A Alfonso Barreiro Buján, arquitecto noble y limpio