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El alquiler de pisos en Pontevedra se ralentiza en el último año

Una mujer pasa delante del escaparate de una inmobiliaria pontevedresa. GONZALO GARCÍA
Una mujer pasando delante del escaparate de una inmobiliaria pontevedesa.
Antes de la pandemia el 33% de las viviendas se arrendaban en menos de una semana, ahora solo el 21%, siendo habitual que se alargue hasta tres meses

Alquilar un lugar para vivir nunca había sido tan complicado. Pontevedra se coloca en el top 10 de las ciudades que más tiempo necesitan para arrendar sus viviendas, siendo un 41% los pisos que tardan más de tres meses en salir, solo por debajo de ciudades como Almería, Donostia o Toledo.

No hay nada de incierto en afirmar que la pandemia ha derrotado a muchos sectores y el de las inmobiliarias ha sido uno de ellos. A todo esto se ha unido la subida de precios en la vivienda en el último año, lo que ha provocado el declive de los alquileres, que pasan del 33% de clientes que alquilan en menos de una semana, a solo el 21% que lo hacen actualmente.

Pontevedra empieza a equipararse en precios a otras ciudades como Valladolid o Santander en el alquiler de sus viviendas, lo que provoca rechazo en los clientes, que se mantienen a la espera hasta encontrar la oferta deseada. Pero puede que esto no llegue nunca. O al menos no tan pronto como se cree porque actualmente el precio medio del alquiler en la Boa Vila se sitúa en los 500 euros, más de cien euros por encima de 2017, cuando vivir en la ciudad del Lérez era de lo más económico.

"Ha subido un poco en este tiempo. De 500 euros poca cosa baja", asegura con resignación Meli Blanco, de Michelena Inmobiliaria. Y es que todavía cuesta habituar a los clientes a estos precios, que vienen, sobre todo, dados por la baja oferta y alta demanda que hay. Otro factor a sumar en este dilema. "La subida de precio hace que se tarde más alquilar, suele ser entre una semana y 15 días", asegura Alejandro Montenegro.

Los tiempos están cambiando y la pandemia ha dado un giro radical a las costumbres. También al tipo de pisos que ahora se alquilan. El miedo se ha adueñado de la población. "La gente prefiere pisos exteriores, con balcón y terraza", añade Iván Castro, agente en Boa Vila Inmobiliaria.

Los expertos coinciden también en la zona preferida para vivir. Y es que la playa es el objetivo del verano, pero no termina de convencer a la hora de elegir un sitio para asentarse durante el año. "Suelen pedir pisos más por el centro que la playa, la gente prefiere tener todo más a mano", reconoce Montenegro, quien asegura que a pesar de tener muchos clientes que trabajen en zonas cercanas como Poio o Marín, el centro de la Boa Vila sigue llamando la atención a la hora de vivir.

Y es precisamente en estos lugares donde también han subido los precios. "En Marín el precio medio está entre 350 y 450 euros dependiendo de los dormitorios y la situación", apunta el propio Montenegro, mientras que en Poio "ya están sobre los 540-500, la diferencia es que en esta zona puedes encontrar pisos más nuevos que en el centro por un precio parecido", señala Alberto Raposeiras, de Inmoponte. Quizá sea esta la alternativa más factible para aquellos que quieran ahorrar un poco. "Es una zona cercana a Pontevedra y puedes acceder fácil si trabajas allí", añade.

LOS BAJOS, CERRADOS. Pero, sin duda, los grandes afectados en esta pandemia han sido los locales situados a pie de calle. "Está muy bajo el alquiler, hay muy poca demanda. A nivel nacional las empresas no necesitan tanto espacio, el trabajo a distancia ha influído", asegura Lisardo Fernández, de Engel&Völker.

En lo referente a su uso, Pontevedra se mantiene a la cola de ser una de las ciudades que habiliten estos locales para vivienda, ante la demanda, cada vez mayor, de los clientes. "Tenemos varios clientes con intención de hacerlo pero por el tema de las licencias está complicado, porque un bajo comercial suele tener escaparate y puerta y les piden varios huecos a fachada como habitación y cocina como mínimo", asegura Iván Castro. "Están saliendo mucho menos, se cierran. Hay muchísimo vacío", añade Alejandro Montenegro sobre un tema que se mantiene en el limbo, a pesar de que se plantea como solución alternativa en un futuro próximo.

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