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El alumbrado público de La Oliva y Michelena, el primero de toda Galicia, cumple 133 años

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Imagen de la primera fábrica eléctrica de Galicia, instalada en la plaza de A Verdura. DP
El día 25 se cumplen 133 años de la instalación en Michelena y La Oliva del primer alumbrado público de Galicia. Fue obra del marqués de Riestra, que construyó en la plaza de A Verdura la primera fábrica de electricidad de todo el noroeste peninsular

En la historia de Pontevedra se acuñan hitos de considerable importancia por comparación con el resto de ciudades gallegas y españolas. En la memoria reciente, por ejemplo, el modelo de ciudad sin tráfico y con generosos espacios públicos ganados directamente a los coches ha sido y sigue siendo puesto como ejemplo en numerosas ciudades europeas, latinoamericanas o asiáticas. El municipio lerezano presume de ser uno de los españoles con población superior a 50.000 habitantes que menos accidentes con fallecidos y heridos acumula en sus calles. Fue la primera urbe del país en limitar a 30 kilómetros por hora la circulación rodada en todas sus calles. Y, en el ámbito del patrimonio histórico y cultural, posee el segundo centro histórico más importante de Galicia después del de Compostela y disfruta de uno de los mayores museos gallegos, repartido entre seis edificios y superado solo por la Ciudad de la Cultura en Santiago.

Pero entre los hitos menos citados figura haber sido la primera ciudad gallega y la segunda de España en contar con un alumbrado público. Este mes, precisamente, se cumplen 133 años de aquel acontecimiento, relatado con detalle por el vigués Xoán Carmona Badía, catedrático de Historia e Institucións Económicas de la Universidad de Santiago, en su obra La Sociedad General Gallega de Electricidad y la formación del sistema eléctrico gallego (1900-1955), editada por la fundación Gas Natural Fenosa.

En ese estudio se recuerda a la primera empresa eléctrica que realizó una instalación estable para alumbrado en Galicia. Fue la Sociedad Anglo-Española de Electricidad. En las postrimerías de 1882, sus responsables ofrecieron al Ministerio de Marina configurar un alumbrado específico en los arsenales de Ferrol, Cartagena y Cádiz. Obviamente, la propuesta fue aceptada. Hubo que esperar dos años hasta que, en junio de 1884, se pusieron en marcha un total de 36 luces de arco en el citado arsenal ferrolano, con una máquina eléctrica Brotherhood de 48 luces.

El marqués de Riestra fundó en Pontevedra junto a varios socios la primera compañía eléctrica de Galicia, ubicada en la plaza de la Verdura

Pasarían seis años más hasta que Galicia, al fin, contó con una instalación de alumbrado público y no industrial. Así, Pontevedra se convirtió en la primera ciudad gallega con arcos voltaicos en sus calles y fue la segunda de toda España en montar un alumbrado público eléctrico, solo por detrás de Girona y de forma prácticamente simultánea a Valladolid.

El gran evento sucedió el 25 de julio de 1888 y fue posible gracias al impulso del marqués de Riestra, político y empresario pontevedrés que un año antes había adquirido una patente sobre un procedimiento de acoplamiento de dinamos.

El banquero José Riestra López, primer marqués de Riestra, no sólo fue el impulsor de la primera eléctrica gallega, la de Pontevedra, sino que también fundó el primer tranvía de Pontevedra a Marín y tuvo una participación importante en el desarrollo de otros negocios eléctricos, tales como la fábrica de carburos de Arcade (Laforet y compañía), la Eléctrica de la Puebla o la Compañía de Electricidad del Arnoya.

Gracias a Riestra se puso en marcha el primer tranvía de Marín a Pontevedra

Su espíritu pionero y su amor por Pontevedra le llevaron a constituir con esa patente una empresa destinada al establecimiento del alumbrado público de la capital provincial. La fábrica eléctrica se ubicó en la plaza de la Verdura. Se trataba de una instalación de corriente continua donde se alimentaban tres máquinas de vapor acopladas a otras tres dinamos de 25 CV cada una, a partir de una caldera del sistema Westinghouse. De hecho, la del marqués de Riestra fue la primera compañía eléctrica en iluminar calles públicas. Las elegidas inicialmente fueron La Oliva y Michelena, en las que se montaron un total de 250 lámparas de incandescencia que muy pronto aumentarían hasta las 800.

La empresa era, en esencia, familiar y nunca llegó a ser inscrita en el Registro Mercantil. El resto de los socios fueron familiares de Riestra o personal de su entera confianza y que trabajaban para él. Entre los más destacados figuran los ingenieros Enrique Picó y Francisco de Federico, los abogados Alejandro Mon y Landa y José Lino Martínez, el conocido fotógrafo Aquilino Prieto (a quien Riestra cederá la concesión en 1891) y, finalmente, nombres como los de Prudencio Otero o Joaquín A. Piñeiro. De Federico era yerno de Riestra y Mon era su cuñado; Otero, Piñeiro y Lino actuaban con frecuencia como representantes suyos.

La energía era suministrada en todas ellas por generadores movidos por el vapor derivado de la combustión del carbón y los costes de explotación eran muy elevados, lo que, unido al reducido número de puntos de luz a los que se trataba de servir, hizo de la luz eléctrica -como lo era también en otras latitudes- un artículo de lujo, lo que puso pronto en dificultades la continuidad de estas empresas.

En las dos primeras calles iluminadas en la ciudad se montaron 250 lámparas de incandescencia, que pronto se convirtieron en 800

Carmona Badía recuerda en su libro que, "en el caso de la fábrica de la pontevedresa plaza de la Verdura, el precio limitó el número de abonados y pronto aparecieron las primeras protestas, que se generalizaron cuando al elevado precio de la electricidad se sumó la frecuencia de los apagones, multiplicada tras la marcha de los dos primeros directores técnicos. A los cinco años del encendido de las calderas ya se planteaban la posibilidad de apagarlas. La otra instalación eléctrica en Galicia por aquellos últimos años ochenta, que era la del Arsenal de Ferrol, se mantenía en funcionamiento a pesar de lo cara que resultaba, por motivos de interés militar".

"En el año 1897 se daba en Galicia la curiosa paradoja de que las ciudades que disponían de suministro eléctrico (Pontevedra, A Coruña, Ourense, Ferrol, Vigo y Lugo) lo recibían -con la excepción de Lugo- de fuentes térmicas, mientras que el pequeño grupo de pueblos que disponían de él (Mondoñedo, Ponteareas, Monforte o Tui) lo generaban a través de fuentes hidráulicas".

Las cosas cambiarían pronto.

El alumbrado público de La Oliva y Michelena, el primero de toda...
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