Un anillo de oro se suma a los hallazgos en el cenobio

La Deputación supera la fase de excavaciones con nuevos descubrimientos del siglo XIV ►Los estudios revelan que el edificio sufrió varias reformas a lo largo de sus siete siglos de historia. "É un convento que parece que nunca se chegou a completar", dice el director del Museo
Trabajos arqueológicos realizados este verano en el exterior de Santa Clara. BEATRIZ CÍSCAR
photo_camera Trabajos arqueológicos realizados este verano en el exterior de Santa Clara. BEATRIZ CÍSCAR

Un convento lleno de "sorpresas". Santa Clara supera la fase de las excavaciones arqueológicas con nuevos descubrimientos. Entre ellos figura un anillo de oro al que el director del Museo, Juan Manuel Rey, aludió durante la rueda de prensa en la que el Concello y la Deputación confirmaban que el antiguo cenobio se transformará en un gran museo.

Los trabajos, adjudicados a las firmas Citania y P&A Arqueólogos por 272.010 euros, han permitido sacar a la luz distintas piezas que datan del siglo XIV. Además de una gran colección de restos cerámicos, formada por más de 2.000 fragmentos de todo tipo, desde gres alemán hasta porcelana china, italiana y marabedí, han aparecido antiguas estructuras del conjunto monacal: desde antiguos canales de abastecimiento de agua hasta pavimentos o muros ocultos.

Los estudios sobre el terreno, que ahora se centran en el análisis de paramentos, demuestran que el cenobio ha sido objeto de varias reformas a lo largo de sus más de siete siglos de historia.

Los primeros análisis hablaban de que Santa Clara había sufrido tres grandes obras desde su fundación en 1271. La primera intervención de calado tuvo lugar en la primera mitad del siglo XVIII, en la época barroca. La segunda se produjo a principios del siglo XIX y la tercera a partir de la década de 1970, en pleno siglo XX.

Las obras más recientes, para las que no constan permisos de ningún tipo, tienen que ver con la mejora de la accesibilidad del edificio central. En concreto, con un ascensor que comunica la planta baja con el área donde dormían y desarrollaban su vida cotidiana las monjas clarisas.

"É un convento que parece que nunca se chegou a completar", explicó Rey, que considera que convertir este recinto en una nueva sede del Museo plantea un doble reto: "atopar a idea feliz para darlle sentido e que o futuro museo teña a súa singularidade" e integrar este espacio en la red museística de la ciudad, que cuenta con seis dependencias distintas repartidas por distintos puntos de la capital. La mayor parte de ellos, en el casco histórico.

Una de las áreas más notables del cenobio es el antiguo refectorio, que la Orden de las Clarisas data en el siglo XVIII. La sala perdió su función original, como comedor, con el paso de los años. En ella puede observarse un mural con grafías y dibujos zoomorfos. Las pinturas están salpicadas por varias zonas de la pared. Uno de los dibujos que se aprecian es el de un pájaro, aunque también hay elementos como ramas en una hornacina.

Las distintas visitas a Santa Clara, tanto por parte de profesionales como de particulares, han redescubierto elementos de gran valor patrimonial o histórico. Entre ellos figuran una columna con grabados, una posible ara romana y un tímpano medieval. Los trabajos de limpieza previos a las catas arqueológicas también han hecho aflorar objetos más cotidianos, como los baúles que portaban las aspirantes a monjas de clausura cuando ingresaban en el convento.

Algunos de los elementos encontrados en los muros del recinto serán estudiados por la Escola de Restauración gracias a un futuro convenio de colaboración. La incógnita es si este acuerdo se firmará con el Concello o con el futuro propietario de la instalación, la Deputación.

Por el momento, también se desconoce qué ocurrirá con los bienes que las clarisas han dejado en depósito en la antigua iglesia. La Administración local tiene la obligación de custodiar estas joyas patrimoniales hasta el 1 de diciembre de 2025: cuatro retablos del siglo XVIII, la sillería del coro, el púlpito y un órgano de tipo ibérico de 1795. A partir de esa fecha, el Ejecutivo se reserva el derecho a compra si la orden religiosa no los reclama.

Aunque las clarisas hicieron su propia valoración, que nunca se hizo pública, la tasación municipal sitúa el valor de estas piezas en un mínimo de 471.000 y un máximo de 541.600 euros. El trabajo fue realizado por Juan Manuel Monterroso, catedrático de Historia del Arte de la Universidade de Santiago de Compostela.

El pasado mes de mayo, el Concello dio por clausurado el cementerio de Santa Clara, en el que enterraron 58 monjas entre 1902 y 2015. Sus restos descansan ya en el convento que las clarisas tienen en Santiago. El camposanto se conservará como estaba, con sus 15 laudas sepulcrales.

En paralelo, la Deputación ha localizado unas 40 tumbas en el claustro y en otras partes del recinto. Los restos humanos serán estudiados por forenses.