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Aquí no hay paro

Juan González, gerente de la empresa de construcción Pongranit. DP
Juan González, gerente de la empresa de construcción Pongranit. DP
Albañiles, fontaneros, electricistas, herreros, soldadores... Los oficios de toda la vida figuran hoy entre los más solicitados y, sin embargo, no hay profesionales suficientes para cubrir la demanda. Cuatro profesionales pontevedreses cuentan cómo sus oficios envejecen sin garantías de relevo.

España registra una tasa de paro en torno al 15% y, sin embargo, está sufriendo gravemente la falta de personal cualificado para las profesiones que más posibilidades de empleo tienen. Se trata de los oficios de toda la vida: albañiles, electricistas, fontaneros, herreros, soldadores, carpinteros, pintores... Todos ellos trabajos técnicos supervivientes de la digitalización y robotización que golpea a otros sectores, pero que, pese a la alta demanda, especialmente ante el nuevo boom inmobiliario que se está desatando tras la pandemia, no atraen a los jóvenes. Así, aunque son oficios con futuro, las nuevas generaciones les dan la espalda, provocando un envejecimiento de estas profesiones que, a día de hoy, ven en peligro el relevo. 

Lo confirman cuatro profesionales pontevedreses: Juan González, gerente de la empresa de construcción Pongranit; Luis Couso, fontanero al frente de Intepo; Luis Manuel Souto, herrero autónomo (LM Metal), y Víctor Novogil, electricista propietario de Instalaciones Pontevedra. 

ALBAÑILERÍA. El gerente de Pongranit S.L., con una plantilla fija de seis empleados, constata que ha tenido que mejorar las condiciones laborales de sus empleados para evitar sufrir la escasez de mano de obra cualificada. "Al ser una empresa estable, donde se prima la calidad por encima de la producción y se trata con respeto a la plantilla, hemos conseguido formar un equipo de buenos profesionales, pero la media de edad se sitúa en torno a los 52 años, ya que no hay relevo generacional", afirma Juan González.

Juan González: "Hoy los buenos albañiles tienen de 50 a 65 años. Con 40 son contados y de menos no hay"

"Cuando apuestas por gente joven, la formas, la mimas..., te acaban pidiendo más de lo que producen debido a que piensan que un empresario se hace de oro a cuenta de su trabajo. Esto, en parte, es debido a que tenemos estigmatizados a los empresarios y pagamos justos por pecadores —lamenta Juan González, de 45 años—. También ayuda que estamos viviendo una época en la que la gente joven vive bajo un techo ya amortizado gracias al sacrificio de generaciones pasadas. Vivimos una época donde prima el vivir día a día frente a la cultura del sacrificio y el ahorro. Además, los jóvenes están sobreprotegidos y todos los padres quieren colocar a sus hijos de funcionarios. Por ello, nosotros apostamos por gente con una experiencia, edad y seriedad que nos permita cumplir nuestros compromisos con los clientes. Y es que hoy los buenos albañiles tienen de 50 a 65 años. Chicos con 40 buenos son contados y de menos de 40 yo no tengo ninguno porque no los hay", explica el gerente de Pongranit, empresa especializada en rehabilitación de fachadas y cubiertas. 

"Nosotros nos hemos basado en la rehabilitación de calidad y detrás de la plantilla contamos con varias subcontratas especializadas que nos permiten ser competitivos. De hecho, en los últimos 20 años siempre hemos tenido una lista de espera superior a los 12/18 meses y en estos momentos supera los 24 meses", asegura González. "Todos los días tengo que renunciar a dos o tres obras. Es exagerado", recalca. 

Para solucionar el problema del relevo generacional y que "no se pierdan unos conocimientos adquiridos desde hace muchos siglos", Juan González aboga por que se bonifique la contratación de las personas jóvenes. "Los tres años de iniciación deberían estar bonificados como estaban antes para poder darles una oportunidad a estos chicos", apunta.

Asimismo, lanza un mensaje a la gente joven: "Los animo a que conozcan de primera mano lo que es el oficio de la construcción. Que aprendan a ser ordenados, metódicos, curiosos y detallistas. Así verán cómo encuentran una salida laboral tan digna como cualquier otra. Además, a veces las cosas no son tan duras como parecen. Hay que quitar el estigma de esclavos. Hoy en día con los equipos de protección que hay es una profesión segura y limpia", subraya. 

Luis Couso: "Tengo trabajos para 6 o 7 meses. A muchos tengo que decirles que no"

Un trabajador de la empresa de fontanería Intepo. DPFONTANERÍA. Luis Couso, fontanero pontevedrés de 44 años, lleva en el oficio desde los 16. "Acabé la EGB (Educación General Básica) y me puse a trabajar de aprendiz", relata. En la actualidad cuenta con su propia empresa, Intepo —en la foto, un trabajador de la firma—, dedicada a la instalación, reparación y mantenimiento de aire acondicionado, electricidad, fontanería y calefacción. La plantilla la componen siete profesionales (él incluido) y no dan abasto. "Ahora mismo tengo trabajos para seis o siete meses. Tengo que decirle a mucha gente que no. No puedes estar en todos lados", señala. 

Respecto a la escasez de profesionales y a la falta de relevo, Couso pone el foco en el elevado coste de la contratación. "Antes la contratación de los jóvenes estaba bonificada, pero ahora tienes que pagar lo mismo por un peón que por un oficial. No es que los chavales no quieran trabajar, el problema real es que los empresarios no podemos contratarlos. A mí me vienen a pedir trabajo pero yo no puedo dárselo a ese precio porque si voy a la casa de un cliente y le tengo que cobrar el mismo precio de un oficial por un chaval no lo va a entender", señala Couso, cuyos empleados tienen entre 30 y 62 años. 

Pero, insiste, "trabajo hay". "Antes fui asalariado y nunca estuve en el paro. Y hace cuatro años monté la empresa y no paramos", destaca. Sobre su experiencia como empresario, el fontanero pontevedrés lamenta que "todo son problemas y pagar". 

Luis Manuel Souto: "No hay herreros, la gente joven no está preparada, no tiene constancia"

HERRERÍA. Luis Manuel Souto dio sus primeros pasos como herrero a los 14 años. "Me gustaba y tuve la suerte de dar con gente buena que me fue enseñando", cuenta. Después de estar toda la vida como asalariado, en marzo de 2020 dio el salto y comenzó a trabajar como autónomo. Nacía así LM Metal.

El herrero Luis Manuel Souto. DP"Me monté por mi cuenta porque vi que había mucho trabajo", explica Souto —en la foto, de 41 años. Y, de hecho, tampoco ahora le falta. "Yo, como mínimo, siempre tengo encargos para tres meses", asegura. Y es que, en su opinión, "no hay herreros, la gente joven no está preparada, no tiene constancia, por eso no dan cogido la suficiente experiencia". 

Por otro lado, tampoco es fácil que los profesionales que ya están consagrados les puedan dar la oportunidad que necesitan para aprender el oficio. De hecho, aunque Luis Manuel Souto reconoce que a veces tiene que decir que no a "trabajos grandes", la opción de contratar a algún empleado, pese a que la contempla, no le resulta viable. "Es una locura. Un operario, no un oficial, entre el sueldo, la Seguridad Social y las pagas extra, me saldría por 2.200 euros al mes", señala. 

Así las cosas, de momento asume él solo toda la carga de trabajo y no se queja. "Se cobra la hora a 20 euros más IVA, así que mínimo 2.000 euros al mes te quedan, pero hay que trabajar. Son 2.000 euros muy trabajados", apostilla. 

Los particulares, "para portales y barandillas", y las empresas de construcción son sus principales clientes. "Todo el metal que tiene una obra se lo dan a los herreros. En la herrería siempre hay trabajo porque abarca un abanico muy grande", precisa. 

La variedad es uno de los aspectos de este oficio que atrae a la juventud porque, aclara Souto, "sí que hay jóvenes interesados, una minoría pero los hay, aunque la mayoría quiere oficina". La pena, concluye, es que "hay gente que aprende y luego se quiere marchar porque en el extranjero se paga mucho más". 

Víctor Novegil: "No puedo contratar a alguien que no me genere lo que cuesta"

ELECTRICIDAD. Víctor Novegil, de 45 años, lleva 23 entre cables. "Hice FP e Ingeniería, pero me aburrí de estudiar y me puse a trabajar", cuenta. Tras varios años "trabajando para otros", hace 15 se estableció por su cuenta. Hoy en día, en su empresa, Instalaciones Pontevedra, tiene una media de tres empleados. "Yo tengo trabajo para cinco o seis meses. Podría tener a cuatro personas, pero no hay manera de encontrar gente. Hace años tenía chavales de FP en prácticas pero dejé de tenerlos porque me salía más caro. El problema no está en los conocimientos, está en la actitud. Es difícil encontrar gente que se involucre", comenta. 

No obstante, Novogil reconoce que hay un "problema de fondo": la "inviabilidad" de contratar a jóvenes como aprendices. "A mí un chaval se me va a 2.400 euros. Entonces tendría que cobrarle al cliente a 25 euros la hora y se echaría a Dios. Es un tema de números. Yo no puedo contratar a alguien que no me genere lo que cuesta", sentencia. 

La falta de profesionales con experiencia y la dificultad que supone contratar a jóvenes para que la adquieran es una pescadilla que lleva mordiéndose la cola demasiado tiempo. "Si yo no puedo contratar a un chavalín porque me cuesta 2.400 euros ese chaval no va a aprender y se planta con 30 años sin experiencia. Se genera un círculo. Llevamos 15 años en los que tener a un chavalín de forma legal es prohibitivo. Yo esta semana tuve que decir que no a tres o cuatro trabajos. Para decir que sí tendría que tener gente buena", matiza. "Pero es muy difícil tenerla y el que la tiene la cuida. En nuestro sector todo el mundo está cobrando por encima de su salario base", añade. 

En el caso de Novegil, la elevadísima demanda de electricistas se traduce en jornadas de 12 horas. "Lo importante es sacar trabajo a los clientes, a veces incluso sin ganar dinero, solo para que el cliente no te eche la bronca", asevera. "El estrés es salvaje" y plantea dudas sobre las ventajas de ser empresario y contar con empleados. "¿Tiene sentido arriesgar y comerme la olla para ganar lo mismo o un poquito más que trabajando para otros?", se pregunta. De lo que no le cabe duda es de que "en electricidad o fontanería, ahora mismo, quien esté en el paro o es un vago o no es bueno".

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