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La bajada de precios no hace crecer la cesta de la compra

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La Plaza de Abastos de Pontevedra, semivacía. DAVID FREIRE
La Plaza de Abastos de Pontevedra ha vivido su Semana Santa más negra en cuanto a ventas y se prevé una recuperación lenta

La tradicional Plaza de Abastos de Pontevedra no consigue llenarse y recuperar su esencia, debido a una pandemia que está pasando factura. Y el precio a pagar está siendo caro. Todo hacía presagiar que, tras la Semana Santa, el comercio retomaría la actividad y se prepararía con fuerza para un verano inminente que dejaría espacio a la recuperación económica de los negocios, pero nada más lejos de la realidad.

undefinedLas limitaciones geográficas están impidiendo a los turistas acercarse a Pontevedra a conocer y consumir los productos más tradicionales de la ciudad, como el pescado. Los puestos del mercado de la Boa Vila no llenan sus estantes porque la afluencia de público es "lenta", tal y como lo describe Manoli Domínguez, una de las más veteranas vendedoras de la plaza. "La Semana Santa se notó que había mucha menos gente que otros años y ahora la venta está más lenta todavía", recalca la pescadera.

Abril es un mes de transición y los pasillos de la Plaza de Abastos lo reflejan. Comienzan a demandarse los pescados pequeños a pesar de no estar en época. "La gente pide justo lo que no hay", resalta Manoli, que empieza a echar de menos los jurelitos, sardinas o boquerones. "Si empieza a venir el pescado pequeño la gente se anima".

Manoli Domínguez asegura que este año la crisis por el coronavirus está haciendo más daño que la pasada temporada

El mal tiempo tampoco acompaña a la venta del pescado, a pesar de que en este mes se juntan otros factores que hacen que decaigan los números. "El mal tiempo, la escasez y la veda hacen que no tengamos todo lo que nos gustaría", apunta Manoli, quien insiste en resaltar una y otra vez que este año la crisis por el coronavirus está haciendo más daño que la pasada temporada. "Afecta al comercio directamente, porque la gente no tiene ya tanto dinero, y a la hostelería sobre todo y de ahí perdemos mucho". Un círculo vicioso.

Nada que ver con el mes de abril de 2020, cuando la pandemia estaba recién llegada a nuestras vidas, y el sector alimenticio no se vio tan afectado. "Todavía había dinero para ir a hacer la compra. Ahora los ERTE no se pagan bien y la gente no puede venir como el año pasado u otros años", apunta la pescadera, en cuyo puesto pasaban apenas dos personas en el rato que nos estuvo atendiendo.

Los precios han tratado de ayudar en la venta, pero no ha sido suficiente. El pescado es ahora más económico, y algunos como la merluza ha pasado de 17 euros el kilo a 14 o el rodaballo, que ha descendido desde los 38 a 32 euros el kilo. "Los precios han bajado desde Navidad, pero la gente se resiste", apunta la pescadera.

undefinedMARISCO. La esperanza residía en el marisco, cuyo precio ha bajado considerablemente desde las fiestas navideñas como la cigala, que ha reducido su importe más de diez euros el kilo desde el pasado mes de diciembre. También la almeja, que a finales del pasado año se vendía entre 30 y 50 euros el kilo, ahora oscila entre los 25 y 28 euros. A pesar de eso, la escasez de producto también hace mella en esta variedad.

"Hay súper poco camarón o percebe y la nécora está en veda hasta julio", apunta Manoli, asegurando que mantenía la esperanza post-navideña como oportunidad para vender marisco a precio asequible, pero todo ha sido en vano. A pesar de ello, todavía queda un recoveco para la esperanza, y no es otro que la llegada del buen tiempo, el factor clave que determina las ventas en la Plaza de Abastos.

LA NOTA POSITIVA. Si hay un producto que el cliente adquiere en cualquier época del año, no es otro que el bacalao. "Se está vendiendo muy bien", apuntaba la propietaria de Bacalaos Fariña, detallando que siempre es buena época para este tipo de pescado. "La gente lo amolda a las circunstancias", resume mientras rellenaba su estante. El precio también anima a su compra, destacando los lomos despiezados que han bajado hasta los 16,50 euros/kilo o los 7 euros/kilo de las colas. "La gente lo consume bastante", relata optimista.

Es el halo de esperanza en la tradicional Plaza de Abastos de Pontevedra, que vive su año más peculiar viendo sus pasillos semivacíos en una época en la que otros años rebosaba de clientes. Y es que la pandemia está alargando en el tiempo los daños ocasionados al comercio y a los comerciantes.

La bajada de precios no hace crecer la cesta de la compra
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