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Las bajas temperaturas llenan los albergues de la ciudad

Voluntarios reparten cenas entre los usuarios del albergue. DAVID FREIRE
Voluntarios reparten cenas entre los usuarios del albergue. DAVID FREIRE
Calor y café registra una media de ocupación del 90% y en 2018 sumó 3.605 pernoctas. En Pontevedra hay 22 camas a disposición de las personas sin hogar gestionadas por entidades solidarias

Los temporales y las bajas temperaturas registradas en los últimos días han provocado que los albergues de la ciudad cuelguen cada noche el cartel de 'completo'. Es la tónica en Calor y Café y el Albergue de San Javier gestionado por Cáritas y situado en Monte Porreiro. Ambos completaron las 22 plazas con las que cuentan durante toda esta semana, aunque los voluntarios de los mismos explican que no es necesario habilitar más camas en la Boa Vila porque la ciudad acoge también a personas sin hogar que llegan de otras urbes gallegas como Vigo o Santiago.

Aunque las plazas de los albergues estén completas, el Concello de Pontevedra no ha puesto en marcha todavía el protocolo de frío para atender a personas que duermen en la calle, ofrecerles una cama en un albergue u hostal o, en caso de que no quieran aceptarla, mantas y bebidas calientes.

Los albergues de la ciudad establecen un límite de días seguidos para poder pernoctar en ellos. En ambos casos, los usuarios pueden estar hasta 21 noches consecutivas en un albergue, luego tienen que buscar plaza en otro diferente. Normalmente, van cambiando de ciudad o, en el caso de Pontevedra, se mueven entre el centro de Monte Porreiro y el de Casimiro Gómez. Normalmente, la plaza para la noche se reserva en la mañana del mismo día a la hora del desayuno.

Los usuarios pueden estar hasta 21 noches consecutivas en un albergue

"Algo más que un techo". Así definen los voluntarios el centro de Calor y Café. Este albergue, situado en la calle Casimiro Gómez, lleva abierto quince años, cuenta con 12 plazas y registra una media anual del 90% de ocupación. Todos los días un grupo de voluntarios de la Sociedad de San Vicente Paúl, a través de su conferencia de la Peregrina, sirve desayunos y cenas a los usuarios que se acercan y que también disponen de servicio de duchas.

"Calor y café nació porque vimos que había un montón de gente que dormía en la calle y pensamos en contar con un sitio en el que pudiesen pasar la noche al menos en unos sillones", cuenta su director, Víctor Rey López, uno de los impulsores del albergue que tuvo su primera sede en la calle Javier Puig. "Al principio atendíamos a cinco o seis personas diarias. Luego ya vimos la necesidad de ampliar esto, poner unas literas y hacer algo más confortable. Lo que al principio era dar un café con leche y galletas se ha convertido en una cena y no solo para las personas que van a dormir, unas once de media cada noche. Llegamos a mucha gente que viene a cenar y que no se queda a dormir", indica. Así, en el último año se sirvieron 2.821 desayunos para externos y un total de 6.017 cenas, según los datos de los que dispone la propia organización.

Desde hace años la media de asistencia al albergue se mantiene. Víctor Rey subraya que "al principio de todo había más gente". Después este porcentaje bajó y volvió a repuntar en los años de la crisis. De cada diez personas que llegan al centro, ocho o nueve son hombres y dos, mujeres. La edad mayoritaria oscila entre los 40 y 60 años, "aunque hemos tenido personas de más de 80 y jóvenes de 20 años", indica el director. En cuanto a la nacionalidad de los usuarios, la mayor parte de las personas que acuden al centro son españolas, muchas de ellas personas que han sido o son adictos a sustancias como la droga o el alcohol y que ya no mantienen relación con su familia. Las mujeres, cuenta Rey López, "están más soportadas por la familia" por lo que son menos las que recurren a la solidaridad de Calor y Café. Portugal, el Magreb y Rumanía son lugares de procedencia de las personas que llegan al albergue.

Calor y café se financia gracias a las administraciones. "Principalmente el Concello", dice su director. Esta cantidad supone un 60% del presupuesto. El otro 40% llega al centro a través de diversas donaciones.

VOLUNTARIADO

Para su atención cuentan con una red de voluntarios de unas cuarenta personas. El albergue dispone de dos monitores fijos que se quedan por la noche para controlar que todo esté en orden. La tarea de los voluntarios consiste en recibir a nuevos usuarios, tomar nota del ingreso o servirles la cena. Por las mañanas atienden el servicio de duchas y los desayunos.

"Cualquiera puede ser voluntario y echar una mano", dice el director del centro. "Con tal de ser mayor de 18 años, no hay otro límite. Lo que hacen es recibir a la gente nueva, le toman nota del ingreso, les sirven la cena, los desayunos y atienden al servicio de las duchas", añade.

"Es un quid pro quo", dice el director sobre el valor de volcarse con los usuarios de Calor y café. "Hay gente que viene y al cabo de unos días se va, porque muchas veces no recibes lo que crees que vas a recibir", relata Víctor Rey. "Entregas tu trabajo, tu tiempo y tu dinero independientemente de que te lo agradezcan o no. El volcarte en ayudar a los demás ves que te hace crecer a ti como persona, independientemente que la otra persona te lo agradezca o no. Es algo que sabes que haces", puntualiza.

En las redes: cuantos más clicks, más ayudas
Una entidad bancaria de la ciudad se interesó recientemente en el albergue de Calor y Café y puso en marcha una iniciativa solidaria. Así, empleados de Bankia en Pontevedra grabaron un vídeo sobre el funcionamiento de la entidad. Además de colaborar con el centro a través de una subvención, cuanta más gente vea ese vídeo que ya circula por las redes sociales, más elevada será la cuantía que recibirá esta organización.

"Calor y Café representa ese punto de cercanía que te da un hogar", explica la protagonista del vídeo que se puede encontrar en Youtube con el nombre 'Planta tu proyecto: cubrir necesidades básicas' (y en este enlace).

La labor de este centro va más allá que de ofrecer un desayuno o una cama. "Un hogar es algo más que un sitio donde dormir", subraya Víctor Rey. "Nuestro nombre es Calor y café porque queremos que sientan el calor, la cercanía de los voluntarios", termina. 

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