El 'boom' de los pellets como alternativa a la luz y el gas tropieza con la falta de producto

El consumo de biomasa se ha disparado un 40% en solo un año, sobre todo en viviendas unifamiliares, organismos oficiales y centros de educación 
Francisco José Sieiro junto al lugar de su negocio reservado a los sacos de pellets, totalmente vacío. DAVID FREIRE
photo_camera Francisco José Sieiro junto al lugar de su negocio reservado a los sacos de pellets, totalmente vacío. DAVID FREIRE

Pintan bastos para calentarse en invierno. Las fuentes de energía convencionales están en máximos históricos y los usuarios buscan alternativas más económicas y efectivas para hacer frente a una época en la que los calefactores y las estufas acostumbran a inflar considerablemente los gastos corrientes del hogar.

Y es que factura de la luz está desbordada y las previsiones apuntan a que esta escalada alcista continúe creciendo. Los consumidores tienen muy presente la contundencia de los datos: la factura de julio fue un 53% más cara que la del mismo mes del año pasado, que ya había sido un 166% más elevada que la de 2020.

  1. Pasar el invierno con pellets cuesta 550 euros; llenar una caldera de gasóil no baja de 1.500
  2. Estufas de pellets por menos de mil euros

 

Más de uno podría pensar que el consumo en verano se dispara por un mayor uso de los aires acondicionados, las neveras y las calderas. Pero salvando la transición del otoño, el escenario en invierno es muy similar, al entrar en escena los radiadores, las estufas y los hornillos.

Los distintos análisis de la Ocu constatan que las medidas emprendidas por el Gobierno para rebajar el impacto de la electricidad siguen sin dar resultado, pues la factura de agosto de un hogar medio con tarifa PVPC se elevó a 130,99 euros (con el IVA ya reducido del 5%), lo que supone un sobrecoste del 14% con respecto a julio o, lo que es lo mismo, pagar 16,36 euros más al mes.

El escenario del gasoil tampoco invita al optimismo. En solo un año se ha disparado un 119% y el litro de calefacción se pagaba este sábado a 1,5 euros frente a los 0,71 céntimos que costó de media el pasado año.

Esta gris composición ha derivado en una búsqueda -cada vez mayor- de alternativas a las fuentes de calor convencionales, que amenazan con ser prohibitivas para muchas economías domésticas. Y en ese rastreo desesperado la biomasa se presenta como la gran apuesta, no solo por sus propiedades energéticas sino por su ajustado precio.

Todo iba dentro de un equilibrio hasta hace unos pocos años. En una economía tan marcada por la ley de la oferta y la demanda, todo lo que tiene tirón acaba encareciéndose. Y si a eso se le suma un parón en la producción debido a la pandemia, el resultado es un incremento de costes que ya empieza a preocupar a los comercializadores, temerosos de que esta materia prima deje de ser ya tan atractiva y codiciada.

La guerra de Ucrania y la compra compulsiva han provocado un encarecimiento de la materia prima en un 60%

Francisco Álvarez es el presidente del Clúster de Biomasa de Galicia y uno de los que mejor puede explicar los motivos de este repunte: "La materia prima, principalmente los pellets, se han encarecido un 60% tras la pandemia y la energía eléctrica se ha multiplicado por cuatro".

Matiza que culpar al coronavirus no es una excusa recurrente, sino una evidencia. "Cuando se paralizó todo, la producción quedó contraída y se quedó mucho stock en los almacenes. Pero al retomarse el día a día, la demanda fue tan brutal que agotó lo acumulado y la producción no pudo llegar a compensarla. De ahí esa subida tan descomunal de precios".

A mayores está el conflicto en Ucrania. El 20% del pellet mundial procede de Rusia y Bielorrusia, pero el bloqueo impuesto por la invasión ha provocado que los países europeos hayan puesto sus objetivos en otros productores, como España y Portugal, arrasando prácticamente con todo lo disponible. "Nosotros hemos tenido que frenar las exportaciones para poder autoabastecernos, pero en el país vecino todavía las mantienen, aún a costa de quedarse sin producto para ellos mismos", subraya Álvarez.

Por si fuera poco, la escasez provocó un efecto "papel higiénico", es decir, los consumidores se han aprovisionado por encima de sus necesidades por la psicosis de quedarse sin pellets en mitad del invierno. "El que antes cogía un palé de sacos, ahora coge dos "por si acaso"... El problema lo tendrá cuando compruebe que al final no le hacía falta ese exceso, porque "los pellets no se pueden almacenar de un invierno para otro", subraya Francisco José Sieiro, de la pontevedresa Comercial Sivar.

Todos los indicadores constatan que el consumo de biomasa se ha disparado en los últimos cinco o seis años y los balances revelan un repunte del 40% en solo un año. "Cada vez se ven más calderas de pellets en organismos oficiales pero también en colegios, institutos y universidades. A ellos se les suma el aumento de instalaciones en viviendas particulares. Y así se explica que el negocio de los pellets se haya multiplicado en tan poco tiempo", agrega.

El responsable del cluster gallego, por su parte, recuerda que "la Xunta lanzó en enero ayudas por importe de 1,5 millones de euros para cambiar las calderas convencionales por las de biomasa. Se agotaron en 20 minutos. Se habló de que había otros dos millones en espera y lo que reclamamos es que se activen cuanto antes, porque es evidente que la demanda lo justifica y el momento de hacerlo es precisamente ahora".

 

Pasar el invierno con pellets cuesta 550 euros; llenar una caldera de gasóil no baja de 1.500

El auge de la biomasa como fuente de calor no solo tiene una componente económica, ya de por sí bastante contundente. También están las directrices de la Unión Europea para hacer frente al cambio climático, que establece una hoja de ruta hasta el año 2030, fecha establecida para que se empiecen a percibir los efectos de las mismas.

Para empezar, el uso doméstico de gas y gasoil por calderas de agua tiene los días contados. Dentro de los objetivos de sostenibilidad se encuentra la eliminación progresiva de estos combustibles fósiles y la primera fecha tope es el año 2023.

Por tanto, el próximo año se empezarán a eliminar los aparatos más contaminantes con categoría G y en 2025 le llegará el turno a las calderas de uso doméstico que lleven etiqueta de eficiencia energética F.

Y después está el incontestable argumento de la cartera. Basta una comparativa de la inversión necesaria para no pasar frío en invierno para tener clara la prioridad: calentarse con pellets una media de seis horas al día, durante tres meses, supone un desembolso de unos 550 euros, llenar una caldera estándar de mil litros de gasóil no baja de 1.500 euros (el litro del C costaba este sábado 1,505 euros). Es decir, casi el triple.

Francisco José Sieiro explica que los pellets se suelen distribuir en sacos de 15 kilos, cuyo precio varía en función de la calidad. "Con los que yo trabajo tienen el sello ENPlus. Es un poco más caro, pero llevan un certificado que garantiza el calor", explica. El coste medio oscila entre los 6 y los 7,5 euros, pero lo habitual para un hogar medio es comercializar para el invierno un palé entero, que contiene 70- 72 sacos, es decir, algo más de una tonelada (1.050 kilos). Por tanto, el coste total varía entre los 420 y los 525 euros.

Estufas de pellets por menos de mil euros

El boom de los pellets está directamente asociado a la mejora de la maquinaria, sobre todo las estufas, que se han convertido en una de las mejores soluciones para quienes buscan una fuente de calor económica y limpia. Una estufa pequeña puede calentar fácilmente un espacio de entre 70 y 90m², consumiendo aproximadamente un kilo de pellets por hora (dependiendo de la intensidad del fuego). Si se mantiene encendida unas 6 o 8 horas diarias, el consumo total es de 6-8 kilos diarios, lo que supone un coste medio de 3,64 euros al día.

Entre sus ventajas figuran que no necesitan de red eléctrica (con el consiguiente ahorro en la factura de la luz) y que no generan olores ni ruidos, por lo que se garantiza el confort en el hogar. Además, tienen una combustión muy limpia, pues el pellet es un combustible biodegradable y 100% ecológico. Solo expulsa humo blanco al arrancar y su elevada eficiencia energética consigue que la cantidad de ceniza generada sea mínima.

La potencia más comercializada en este tipo de aparatos es de 10kW, recomendada para calentar superficies de entre 50 y 100 m², consiguiendo una autonomía de hasta ocho horas. Su gran poder calorífico y precio, en comparación con otros combustibles, hacen de las estufas de pellets una calefacción económica y de alta eficiencia, con cero emisiones de CO₂.

Además, su fabricación sin componentes electrónicos reduce su riesgo de avería. El rango de precios varía en función de las prestaciones de cada aparato. Las más básicas se pueden adquirir por 599 euros mientras que las más sofisticadas llegan a los 6.000 euros, pero el importe medio está en los 900 euros.

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