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El botellón se mantiene en las ciudades gallegas, pero más 'light' que hace años

Restos de basura tras un botellón. DP
Restos de basura tras un botellón. DP

Pontevedra es la única de las siete grandes urbes que recurrió a un 'botellódromo' para alejar el ruido y las molestias de las viviendas, mientras en A Coruña la práctica persiste en jardines y calles del centro

Muy a finales de la década de los 90, la moda del botellón comenzó a imponerse en todas las ciudades gallegas y no había noche de sábado en la que cada parque o plaza de referencia no se llenase de una multitud de jóvenes consumiendo alcohol y dejando tras de sí un mar de vasos, botellas y bolsas de plástico vacías y una cantidad todavía mayor de vecinos enfadados por el ruido, la suciedad y el desorden.

Desde entonces los ayuntamientos han ido tomando diferentes medidas para atajar la situación y ese hecho, unido a los cambios que han ido imponiendo las nuevas generaciones, ha modificado bastante el mapa gallego del botellón, una práctica que ha ido perdiendo fuerza, pero que no ha desaparecido.

La presión policial en algunas localidades ha mermado los macrobotellones, pero estos se siguen llevando a cabo en fiestas señaladas

En el caso de la ciudad de Pontevedra, sigue celebrándose en el Recinto Feiral, donde se instaló hace una década para alejarlo del centro. A pesar de que esta ha sido la única gran urbe gallega que optó por esta solución conciliadora entre jóvenes y vecinos, hoy en día el botellódromo está mucho menos concurrido que en el pasado, especialmente en los meses de invierno, cuando el frío y la lluvia disuaden a los chavales de pasar las horas en un espacio tan expuesto a la intemperie. Un caso aparte son los días de peñas que se celebran coincidiendo con las corridas de toros de las fiestas A Peregrina. Durante esas tardes, los adolesentes vuelven a tomar el casco viejo y el Recinto con sus botellas de vino, sangría y cerveza.

En Vigo el punto de encuentro solía ser el entorno del Club Náutico y la Praza da Estrela. Sin embargo, los cientos de chavales que se reunían allí ya no lo hacen de forma tan multitudinaria, salvo durante la celebración de O Marisquiño.

Santiago aplicó una norma con multas por consumir alcohol en la vía pública y las fiestas se trasladaron de los parques y plazas a los pisos

 

Santiago de Compostela siempre fue un referente de la fiesta nocturna, ligada sobre todo a su ambiente universitario. No obstante, alrededor del año 2008 el Concello puso en vigor una ordenanza que multaba a quien consumiese bebidas alcohólicas en la vía pública (entre 600 y 700 euros) y eso despejó las calles de macrobotellones y trasladó las fiestas a los pisos de estudiantes. Ese hábito ha venido provocando bastantes quejas por parte de los vecinos afectados, molestos por el ruido dentro de los edificios.

En Lugo los principales lugares de botellón en el pasado eran la Muralla y el entorno de la catedral, pero en la actualidad el principal punto negro es el parque Rosalía de Castro. En esta ciudad las fuerzas y cuerpos de seguridad también vigilan tanto los botellones como los locales que venden copas y, según explica el jefe operativo de la Policía Autonómica en la provincia, José Ramón Fernández López, hoy en día es un fenómeno que está bastante estabilizado y resulta muy estacional.

En el caso de A Coruña, las aglomeraciones de chavales y alcohol también han cambiado de emplazamiento con el paso de los años. Si antes se concentraban principalmente en plaza del Humor, la plaza de Vigo y en los portales cubiertos de la plaza de Lugo, en la actualidad se llevan a cabo, sobre todo, en los céntricos jardines de Méndez Núñez y en otras calles de la ciudad como Mantelería y la calle Vista. Lo que sigue inalterable es la tradicional celebración de San Juan en las playas de Riazor y de Orzán.

Ourense planea implantar un programa puesto en marcha en Islandia para prevenir el consumo de alcohol entre los menores

 

En Ferrol los jóvenes suelen reunirse en el entorno de Cantón de Molíns, aunque también mucho menos que en el pasado y de forma más puntual a causa, sobre todo, del control ejercido por las autoridades. De hecho, en febrero de 2017 el Concello ferrolano publicó un bando que le dio impulso a la vigilancia policial para garantizar el derecho al descanso de los vecinos.

PLAN PIONERO.. En lo que respecta a Ourense, la zona de botellón es la Alameda, en cuyo entorno se han sucedido las quejas por parte de los residentes. Para atajar ese problema, el Ayuntamiento no solo llevó a cabo campañas informativas in situ dirigidas a los jóvenes, sino que ha decidido convertirse en el segundo municipio de España y en el primero de Galicia que adaptará un plan puesto en marcha en Islandia para frenar el consumo de alcohol entre los menores. El programa islandés consiste en realizar extensos cuestionarios a los adolescentes de 14 y 15 años para conocer sus inquietudes, hábitos y relaciones familiares y, a partir de ahí, aplicar propuestas y medidas adaptadas a la realidad de estos chavales con el objetivo de prevenir la ingesta de alcohol.

En el país nórdico, por ejemplo, las admnistraciones implantaron de forma gratuita un amplio programa de actividades extraescolares para los menores, desde deporte hasta música, teatro, danza o cualquier otra iniciativa que se ajuste siempre al interés de los chicos. Allí, dichas medidas lograron reducir el consumo de copas un 5%

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