martes. 17.05.2022 |
El tiempo
martes. 17.05.2022
El tiempo

Los que aún no han cambiado tarifas se lo piensan: "No hay nada que no haya subido"

Vendedoras de la Praza de Abastos en una bancada con marisco. GONZALO GARCÍA
Vendedoras de la Praza de Abastos en una bancada con marisco. GONZALO GARCÍA
La cascada de subidas en los precios emplaza a varios establecimientos a considerar la actualización de importes ►Solo una minoría renuncia por miedo a perder clientela

Renovar el catálogo de precios no es siempre un paso fácil. Por mucho que las circunstancias obliguen a reequilibrar las cuentas, es habitual que el ejercicio suponga más de un quebradero de cabeza. ¿A cuánto debe ascender la subida? ¿Cómo se lo tomarán los clientes? ¿Beneficiará esto a la competencia?

Los empresarios locales pulsados aseguran que el cambio abre un abanico de interrogantes, aunque también insisten en que la excepcionalidad de la covid también ha dado pie a fenómenos inéditos, como es la cascada de crecidas inauditas en los precios de los proveedores o la incertidumbre de ni siquiera saber cuándo llegará la mercancía.

El propietario de Talleres Argibay, José Argibay, es de los que aún no ha actualizado sus tarifas, pero mucho se teme que tendrá que acabar subiéndose al carro de los que sí lo han hecho. "No hay nada que no haya subido, por lo que posiblemente tengamos que modificar precios", indica a preguntas de este medio.

El empresario todavía debe "echar cuentas" pero calcula que la actualización de importes podría traducirse en una subida del 10%. "Las ruedas han subido, los filtros muchísimo y los recambios han sufrido un incremento bestial, así que habrá que adaptarse a los nuevos precios", añade José Argibay, que dice no recordar una tormenta de tarifas igual que esta.

No, de momento. Al otro lado de la balanza se sitúan otros negocios del municipio pontevedrés que por el momento no se plantean tocar precios, sobre todo aquellos en los que la mano de obra representa un alto porcentaje del presupuesto.

Adri Roca, tatuador de Imagine Tattoo, es uno de los que (por el momento) se mantiene en este bando. Y eso que motivos no le faltan, pues afirma que desde que estalló la pandemia el negocio ha asumido subidas constantes en el coste de casi todo lo que se utiliza para hacer un tatuaje. "Para nosotros es importantísima la higiene y ha subido desde la lejía hasta los guantes, las mascarillas y el papel de camilla. También subió la luz, las agujas y los pigmentos, pero por el momento no tenemos pensado cambiar los precios".

Roca explica que en un tatuaje es un servicio muy prescindible, que se hace por "estética", que "duele" y que además "se considera caro" aunque él discrepe, "porque dura toda la vida". Todo este bastión de contras dificulta todavía más la decisión de renovar tarifas, aunque tampoco es una acción que esté totalmente descartada por este negocio pontevedrés, sobre todo si el rumbo no se corrige en los próximos meses.

La factura de la luz es un lastre cada vez mayor para un establecimiento que funciona casi todo el día con aparatos eléctricos y los pedidos de material son cada vez más costosos. El último, realizado apenas unos días, ascendió a 600 euros, "cuando antes era un poco más de la mitad", apunta el tatuador.

PREVISIONES. En situación similar se encuentran otras pequeñas empresas del municipio pontevedrés que han apostado por asumir las subidas sin repercutir en el precio final, pero que cada vez sopesan más la idea de retocar su catálogo. Por ejemplo, pymes dedicadas al pintado de uñas que también acusan subidas en los esmaltes y otros productos.

Los analistas financieros esperan que la inflación se modere a lo largo de este ejercicio (sobre todo a partir del segundo semestre), pero también prevén que el IPC (Índice de Precios de Consumo) pueda experimentar una nueva subida media del 3,7%.

La cruz de la moneda... el marisco

La almeja japónica se desploma tras el tirón de la Navidad, al igual que algunas especies de pescado como el rodaballo

Una de las grandes excepciones que contradice la subida general de precios es el marisco que, tras la vorágine de las Navidades, está disponible ahora en las bancadas por un precio mucho más asequible.

En gran parte de las especies el coste representa un tercio "o incluso menos" de los que llegó a pagarse en las fiestas navideñas. La almeja japónica, por ejemplo, se comercializó el lunes en la lonja de Campelo a 6,76 euros el kilo, casi dos euros menos de los que se llegaron a pagar en la antesala del Día de Reyes.

Manoli Domínguez, una de las vendedoras veteranas del Mercado de Abastos de la ciudad capitalina, destaca también que la centolla ha bajado a una franja de 18 a 25 euros y que varios tipos de pescado se han desplomado una vez que quedó inaugurado el 2022. Entre ellas, el rodaballo, que si se cotizaba en Navidad a más de 40 euros, ahora se puede adquirir fácilmente por 25 euros (de un ejemplar de 1,5 kilos aproximadamente).

Domínguez asegura que este tipo de bajadas suelen ser un fenómeno habitual en estas fechas. Sobre todo, "porque el temporal movió el mar y ahora sale todo lo el pescado que no salió durante las Navidades". ¿Cuál es la mejor opción? La placera no tiene dudas. Ahora mismo una apuesta segura es el pescado plano, especies como el rapante, el lenguado o el corujo, "que están en pleno apogeo".

Los que aún no han cambiado tarifas se lo piensan: "No hay nada que...
Comentarios