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Un camino con más rosas que espinas

Imagen de la Casa do Concello. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Imagen de la Casa do Concello. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Los rifirrafes han acompañado a BNG y PSOE durante sus doce años de "sólido" gobierno de coalición en Pontevedra ▶La basura, los sobrecostes de Pasarón o el nuevo PXOM tensaron la relación del último mandato que ambas fuerzas compartieron

Un camino con más rosas que espinas. Así podrían resumirse los doce años en los que BNG y PSOE compartieron gobierno en Pontevedra. Los rifirrafes entre ambas fuerzas fueron continuos durante el bipartito, que comenzó en 2003 y finalizó en 2015. Sobre todo en vísperas electorales.

A pesar de los desencuentros, nacionalistas y socialistas respetaron siempre los pactos de una coalición que cabó rompiéndose después de las municipales de 2015, cuando el Bloque logró el mejor resultado de su historia al quedarse a un solo concejal de su primera mayoría absoluta.

Aquel escenario llevó al equipo de Miguel Anxo Fernández Lores a desprenderse de su socio para gobernar en solitario. Además de controlar doce de los 25 concejales de la Corporación de Pontevedra, el Bloque no quería volver a repetir las escenas de tensión vividas a lo largo del mandato anterior.

El modelo urbano, la apuesta por el compostaje o la salida de Ence de Lourizán, puntos en común para la nueva etapa

Entre los episodios que reabrieron la brecha del bipartito destaca la renovación del contrato de la basura. En junio de 2014, el BNG hizo valer su mayoría de once concejales en el Concello, frente a tres del PSOE, para aprobar una prórroga de tres años a Ferrovial Servicios (la antigua Cespa) para que continuase con el servicio de recogida de residuos y limpieza viaria del municipio.

La maniobra no gustó nada a su socio, que criticaba que la ampliación de la concesión se había hecho sin ninguna contraprestación, a diferencia de lo que había ocurrido con moratorias anteriores.

La basura fue el último de los enfrentamientos entre el Bloque de Lores y el PSOE de Antón Louro antes de los comicios locales de 2015. Con anterioridad hubo otros capítulos de tensión, como los desencuentros por el cierre temporal del puente de A Barca, el pago del canon a Sogama o el sobrecoste de las obras del estadio de fútbol de Pasarón, que el PSOE denunció ante la Fiscalía, que acabó archivando el caso. "Hai serios desencontros, algo que non nos fará nunca ser imprudentes", decía entonces Louro.

Aquel mandato, el de la marcha de Telmo Martín y la posterior división del PP que Jacobo Moreira heredó, también se caracterizó por polémicas pinzas entre socialistas y populares que irritaron al BNG. Entre ellas figuraron iniciativas para reactivar la redacción del PXOM o el acuerdo para rendir homenaje en 2015 al escritor pontevedrés Xosé Filgueira Valverde en el Día das Letras Galegas.

Estas y otras turbulencias se resolvieron en las municipales de aquel año a favor de los nacionalistas, que han finalizado su segundo mandato gobernando en solitario, el actual, sin sobresaltos. Y el principal motivo de ello se debe a que el Bloque logró sacar adelante los cuatro presupuestos, fundamentales para ejecutar nuevas obras y proyectos.

Las primeras cuentas, las de 2016, se aprobaron por la ausencia en un Pleno de un edil del PP al que iban a operar. Y el resto gracias a pactos con los grupos de izquierda. El primero en facilitar la estabilidad de gobierno al BNG de Lores fue Marea. Luego se unió el PSOE.

LO QUE VIENE. Aquel acercamiento con los socialistas acaba de desembocar en un principio de acuerdo para reeditar el bipartito, que deberá trazar la nueva hoja de ruta política para los próximos cuatro años, hasta 2023.

Uno de los puntos en común de ambos grupos es el premiado modelo urbano de Pontevedra, que no solo incluye peatonalizaciones sino también políticas que afectan a la movilidad y a la seguridad vial. El único punto de fricción que podría haber en este asunto lo expuso el PSOE de Tino Fernández en el mandato que está a punto de acabar con la reclamación de vías sanitarias libres de lombos, un asunto que el Bloque siempre ha rechadado.

La apuesta por el compostaje también parece unir a los dos partidos. El proyecto estrella del BNG, que obligará a todos los vecinos a reciclas sus restos de comida para cumplir con las exigencias de la Unión Europea, es asumido ya por los socialistas. De hecho, los de Fernández han defendido en la última campaña de las municipales este tipo de gestión de la basura orgánica, que implicará la construcción de una planta de compostaje en A Canicouva.

Otro de los compromisos entre BNG y PSOE afecta a Ence, cuya concesión está en duda y pendiente de resolución judicial. Ambos partidos han liderado distintas iniciativas para reclamar la salida de la pastera de Lourizán, donde ocupa terrenos protegidos por Costas que el Concello quiere recuperar.

Un camino con más rosas que espinas
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