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Carmen Martínez Rodríguez: "La viticultura puede ser una alternativa a la despoblación rural"

Carmen Martínez Rodríguez en la fiesta de presentación de los Premios Amigos de Pontevedra. CHRISTIAN FERNÁNDEZ
Carmen Martínez Rodríguez en la fiesta de presentación de los Premios Amigos de Pontevedra. CHRISTIAN FERNÁNDEZ

Es bióloga de formación y asturiana de nacimiento. Asegura sentirse honrada por, pese a no ser de la ciudad, recibir el premio de la asociación [email protected] de Pontevedra, un galardón que pretende homenajear sus tres décadas dedicadas al ámbito de la viticultura gallega

Carmen martínez dirige la Misión Biológica en Pontevedra, el centro de investigaciones agrarias del CSIC. Por sus contribuciones a los cultivos de la región, la asociación [email protected] de Pontevedra le otorga, este año, uno de sus siete galardones.

Usted es de Cangas de Narcea, ¿cómo llega a Galicia?

Mi primera toma de contacto es en el año 75. Mi padre vino a trabajar a Santiago de Compostela, y allí cursé la carrera, mi tesis doctoral en CSIC... No fue hasta el año 93, cuando me destinaron al centro de investigaciones agrarias, que tuve contacto con Pontevedra.

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¿Por qué escoge dedicar su vida a la viticultura?

Cuando acabé mi carrera, el doctor Mantilla, mi mentor, me propuso dirigir un trabajo de investigación bien sobre la camelia, bien sobre la vid. Acabamos escogiendo la vid; me gustó tanto que llevo más de treinta años estudiándola. El vino se relaciona con todo en muchos países del mundo: con la vida cotidiana, el paisaje, la gastronomía, el arte, la tradición... es apasionante. Este trabajo me llevó por toda España, buscando cepas... fuimos los primeros en describir, entre otras, el albariño. Cuando falleció mi director de tesis, se cerró la línea de investigación en Santiago y me propusieron continuarla aquí, en la Misión Biológica. El centro, que data de 1923, es espectacular, con un pazo rehabilitado y una parcela experimental muy grande. Lo primero que hice después de aceptar fue traer los estudios, que describían más de cien variedades de vid. Después, establecimos la colección de variedades y las plantamos en el terreno del centro para establecer estudios comparativos.

¿Cómo funciona un equipo del CSIC?

En el CSIC funcionamos por equipos de investigación. Cada centro tiene un director y varios grupos: en la Misión Biológica estudiamos brásicas, leguminosas, forestales, maices y viticultura. Cuando volví, en 1995, de mi estancia en Francia con el CSIC, las cepas que había plantado ya daban fruto. Empecé a formar gente de cero en el sector, dirigiendo estudiantes de tesis y técnicos de apoyo a la investigación. Desde entonces hemos hecho muchas cosas: artículos científicos, investigación con empresas... y aquí seguimos. Nuestro grupo, ahora mismo, está formado por cuatro científicos y dos técnicos.

¿Qué relación mantienen con los viticultores?

Muy cercana. Como científica, me parece ridículo crear contenido de excelencia si no lo compartimos con las empresas nacionales del sector. Además, como funcionarios públicos, debemos ser transparentes, contar cómo utilizamos los fondos con un lenguaje fácil. Así, de paso, mostramos a los estudiantes más jóvenes que el mundo de la investigación también es una salida profesional.

¿Cómo se relacionan con las empresas más pequeñas del sector?

Nosotros no solo estudiamos los temas de investigación: también nos informamos sobre el ámbito del producto de estudio. En el caso de la vid, la Unión Europea está lanzando una serie de normas que prohibe el uso de tratamientos fitosanitarios, lo que supone un verdadero problema para los viñedos gallegos, que se enfrentan a una gran cantidad de enfermedades. El mundo de la investigación tiene que anticiparse a estos problemas y plantear soluciones, y eso es lo que hacemos: llevar nuestros proyectos a quien lo necesita. Por otra parte, nuestras zonas rurales se están despoblando, porque las generaciones más jóvenes abandonan los pueblos. El ámbito de la viticultura puede ser una alternativa a la despoblación rural: los jóvenes pueden aprovechar las tierras de cultivo de sus abuelos, que están abandonadas, innovar aprovechando sus niveles de formación, que suelen ser altos, y crear pequeñas empresas muy rentables.

¿Es complicado vender sus estudios?

Al principio sí, muy difícil. Pero, una vez consigues el éxito con una empresa, el resto te busca. El mundo de la ciencia es fundamental para salir de las crisis: solo invirtiendo e innovando una empresa puede mejorar. En cualquier caso, el mercado del vino es complicado. España es el país con mayor superficie de viñedo del mundo, pero no está, ni de lejos, a la cabeza del sector. Ya hace varios años que nuestras empresas se percataron de que necesitan la ayuda del mundo de la investigación, innovar, para ser competitivos a nivel internacional. Es por eso que una parte muy importante de nuestra financiación es privada, empresas individuales o consorcios de pymes competidoras que son capaces de asociarse para realizar proyectos que les benefician a todos. Ahora mismo, tenemos lista de espera.

Es parte de la directiva de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Técnicas, AMIT. ¿Cómo lleva los principios de igualdad de la organización a su equipo?

Debo empezar diciendo que, por méritos propios, en nuestro grupo somos mayoría mujeres. No estoy muy de acuerdo con las cuotas: defiendo que se valoren los currículos en igualdad de condiciones y, en contra de lo que suele pasar, que se contrate a la mujer cuando tiene mejor currículum que el hombre. En cualquier caso, el techo de cristal es una realidad innegable: todos sabemos que son los hombres quienes ocupan puestos de responsabilidad. Es importante dar facilidades a las mujeres. En el CSIC, por ejemplo, debemos investigar dos años en el extranjero, y en más de una ocasión he visto mujeres planteándose abandonar la carrera científica porque también son madres. No se trata de implantar medidas temporales, como guarderías en el trabajo, porque no solucionan el conflicto: hay que luchar por una conciliación real, que permita a las mujeres realizarse en los campos que escojan sin hacer malabares.

¿Sus proyectos generan más interés nacional o internacional?

Tienen mayor impacto fuera, porque las revistas científicas de mayor impacto se publican en inglés, y ahí es donde publicamos. Ese es un punto que me preocupa: en el mundo de la viticultura hay muchas empresas, algunas muy pequeñas, y no todas entienden inglés. Por eso en nuestro grupo tratamos de divulgar los resultados en español. Hace poco tratamos esta cuestión con el Instituto Cervantes, y ellos explicaban que los científicos debemos entender que nuestro idioma es uno de los más hablados a nivel mundial. Es fundamental generar impacto, y futuro, en los países hispanohablantes.

¿Cómo reaccionó a su premio [email protected] de Pontevedra?

Pontevedra es el sitio en que más tiempo llevo viviendo. Es pintoresca, abarcable y tiene algo, además, que hace que todos sintamos cierto arraigo. Para mi , la llamada de [email protected] de Pontevedra fue una sorpresa. Es un auténtico honor recibir este premio, que tiene unas connotaciones de reconocimiento y acogida, sin ser de aquí. Yo no seré de Pontevedra de toda la vida, como se dice aquí, pero sí soy de Pontevedra para toda la vida.

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