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César Portela: "La pandemia va a revolver la arquitectura y romper con el feísmo"

César Portela. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
César Portela. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Ingresó el pasado jueves en la RAGC tras pronunciar un discurso en el que reivindicó la buena arquitectura "que cabalga entre el arte y la ciencia". Y a la que aportará el legado de una arquitectura comprometida con la naturaleza, que apuesta por lo esencial y busca encontrarse con la cultura y la vida, más allá del tiempo y del lugar donde se realiza

COMO UNA luz de su propia vida, una reproducción del faro de Punta Nariga que soñó adentrándose en el mar, se alza junto al ventanal del estudio del arquitecto César Portela (Pontevedra, 1937). Rodeados de maquetas de algunos de sus proyectos más relevantes, libros, cuadros de amigos y recuerdos que ha ido acumulando de sus viajes el ya académico de la RAGC desgrana las claves de la arquitectura "a medio camino entre el arte y la ciencia".

El pasado jueves ingresaba en la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC), ¿qué supone para usted?
Primero, estoy encantado, porque allí hay académicos y amigos, alguno con el que he colaborado en algún trabajo y, por otro, ha sido una sorpresa y una alegría.

Es el primer arquitecto que forma parte de la RAGC.
En realidad no, ya estuvo Rafael Baltar, poco tiempo, porque falleció hace unos años. Era un gran arquitecto y un gran amigo.

¿Qué aporta un arquitecto a la Academia de Ciencias? ¿Qué le gustaría aportar a usted?
Mi visión de la ciencia desde la arquitectura. La arquitectura está a medio camino entre el arte y la ciencia. Hace unos doce años me nombraron miembro de la Real Academia de Bellas Artes San Carlos, en Valencia, pensé lo mismo desde las Bellas Artes. La arquitectura también tiene una parte fundamental que se apoya en la ciencia. Cuando haces una casa, además de conocer la topografía del sitio, la calidad del terreno... tienes que saber si hace mucho viento, si llueve mucho, si hace sol... Todo eso influye en la elección de los materiales, en cómo los tratas y cómo los colocas y eso son datos científicos. Es decir, la arquitectura no es coger un papel y pintar lo que te da la gana. Tienes que tener una técnica.

Estoy muy satisfecho de tener una carrera comprometida, de poder mirarme cada mañana al espejo y no avergonzarme

Se ha puesto de manifiesto durante la pandemia la importancia de la arquitectura. De repente, nos hemos dado cuenta del valor de contar con una ventana al exterior, un balcón en una casa.
Exacto. La gente se está dando cuenta de que cuando un arquitecto se pone muy pesado en un proyecto tiene su razón de ser. Porque tuyo es lo que tienes inscrito en el registro, pero también lo que puedes ver desde tu casa. Todo aquello que puedas disfrutar desde tu ventana o tu balcón es arquitectura y es tuyo también. Poder asomarte al balcón es apoderarte de la plaza a la que das y, si además es un sitio como Galicia que llueve, es fundamental transformarlo en una galería, porque te permite estar en el exterior, pero protegido. Con motivo de la pandemia uno se da cuenta de lo importante que es salir al balcón y ver unos árboles, a unos niños en una plaza. Todo esto va a revolver el concepto de arquitectura. En Madrid la gente te dice: "No sabes lo que es poder salir a una plaza, a una manzana y ver a los vecinos". Va a romper ciertos esquemas con los que siempre luché. Hay gente que te dice: "En mi casa hago lo que me da la gana". Bueno, tú haces lo que te da la gana dentro de tu casa. Las fachadas no son tuyas, son del que las ve, y si haces una porquería, si dejas una medianera en ladrillo visto o mal pintada a quien estás obligando a verlo es al vecino. Creo que esto de alguna manera va a potenciar cosas que teníamos olvidadas.

¿Se refiere a que somos más conscientes del feísmo y de la importancia de acabar con él?
Claro. Si tengo que estar en casa encerrado por la pandemia, todo lo que vea lo voy a disfrutar o a sufrir. Por eso es tan importante que se tenga en cuenta.

¿Cómo es la arquitectura que viene? Algunas voces aseguran que será más flexible para que se adapte a cada circunstancia.
La buena arquitectura siempre permitió eso. Este estudio en el que estamos fue un piso y ahora es un estudio comodísimo. Lo hemos transformado sin tocar un tabique y sin cambiar la carpintería. A veces ves que la gente arregla un piso y empieza a tirar paredes y cosas. Yo las he conservado porque me parece que son preciosas. Me adapté al piso, pero la arquitectura que había permitió que me adaptara. La buena arquitectura siempre tiene esa sensibilidad. A una casa puedes ir a dormir o quedarte un año entero encerrado. Entonces, te das cuenta de la importancia que tiene tener un ventanal, porque te asomas y puedes ver a tu vecino regando e incluso hablar con él, no estás encerrado. Si yo pinto la fachada de un color disparatado le estoy haciendo la puñeta al de enfrente. De la misma manera que si retiran las palmeras que veo desde mi ventana me hacen la puñeta a mí. Es muy importante el concepto de solidaridad en arquitectura.

En el discurso de ingreso en la RAGC habló de la importancia de los sueños en la arquitectura, pero también del valor de la técnica.
Me parece fundamental soñar. No puedes ser tan práctico que solo pises tierra y que solo pienses en los materiales. Es muy importante, cuanto más sueñes mejor y cuanto más firme pises tierra, mejor. Las dos cosas juntas es lo que da lugar a la buena arquitectura.

Que haya una pandemia es terrible porque ha muerto mucha gente, pero te hace reflexionar

Ha explicado cómo la pandemia ha transformado la arquitectura, pero ¿cómo le cambió a usted?
Pues mira, eso que te parecía normal, salir por ahí y encontrarte a un amigo y darle un abrazo y seguir más adelante encontrarte a otro y tomarte un vino... Todo eso se cortó. A mucha gente le ha transformado la vida, mucha gente se está planteando ir a vivir al rural. Se dio cuenta de que vivir en una ciudad tiene sus ventajas, pero también muchos inconvenientes. Fíjate, antes los chavales salían tranquilamente, podían estar en la calle y llegar tarde a casa, y ahora no pueden salir y tienen que estar con bozal. Es muy duro. Eso te cambia y te hace reflexionar. Hay cosas que das por supuesto. Como cuando visitas países del tercer mundo y ves que lo que para ti es normal, que todo el mundo desayune, coma y cene, pero hay países que no tienen para comer. Que haya una pandemia es terrible porque ha muerto mucha gente pero te hace reflexionar. Viajar es importantísimo. Yo sería otro si no hubiera viajado porque pensaría que todo el mundo vive como se vive en Pontevedra. Todas esas cosas que ves cuando te mueves por el mundo te hacen reflexionar y te hacen pensar lo importante que es valorar lo que tienes. Igual que cuando estás sano no lo valoras tanto hasta que estás en la cama de un hospital.

¿Y de qué manera ha afectado el parón por la crisis sanitaria a sus proyectos?
Por ejemplo a la hora de trabajar en una obra. Te pasas un año o año y medio haciendo una casa y al final pasas tanto tiempo con los trabajadores que se convierten en amigos. Y eso de tener precauciones para ver a la gente, para darle un abrazo, para saludarlo... Eso te afecta mucho. La pandemia aquí afectó mucho. A no ser que seas insensible.

El jueves por la tarde ingresaba en la RAGC, pero por la mañana recogía el Premio por el proyecto Buxo, con el que diseñará la reforma del Centro de Formación Agroforestal de Sergude, en Boqueixón.
Es un proyecto muy interesante porque está a medio camino entre el Pico Sacro y Santiago y son 100 hectáreas donde la Consellería de Medio Rural hace una muestra de lo que es el rural de Galicia. Incluye un centro de enseñanza agropecuaria de formación de futuros capataces y residencia también para esos estudiantes así como un pazo. Estamos ya trabajando en ello. Esta finca está en un lugar estratégico porque desde el pico Sacro ves A Coruña, Pontevedra y Ourense. Aquí vas a tener una maqueta de lo que es la Galicia rural y desde el pico Sacro puedes ver la Galicia real. Es un ejemplo muy importante para dar a conocer el rural y para que la gente del rural también vea como se puede mejorar las instalaciones de energías alternativas. Fíjate que tiene una extensión tres veces el Pazo Baión. También estamos en la isla de Sálvora, con el acondicionamiento de la capilla, seguimos con mantenimiento de la isla de San Simón y la rehabilitación de la fuente de Troncoso, en Mondariz, un proyecto muy bonito de Antonio Palacios.

En su discurso de ingreso en la RAGC destacó que a lo largo de su vida dejó de lado "cuestións banais, formas gratuítas, materiais inútiles" e hizo "oíxos xordos aos falsos cantos de sereas".
Estoy muy satisfecho de los proyectos que he realizado, de tener una carrera muy comprometida, de poder mirarme cada mañana al espejo y no avergonzarme. Siempre digo que a los arquitectos hay que juzgarlos por lo que hacen y lo que no hacen. Yo me negué a hacer muchas cosas, aquí en Pontevedra concretamente, porque no me parecía que yo pudiese hacer eso. Y estoy muy contento.

Si hoy me volvieran a encargar el cementerio de Fisterra, haría lo mismo, un lugar pensado para los muertos y para los vivos

Son conocidas las tertulias que algunos ilustres pontevedreses celebraban en el Carabela. ¿Han podido retomarlas?
Las paramos por la pandemia y ahora las hacemos en el Blanco y Negro. La tertulia es una manera de encontrarse con amigos que están ocupados toda la semana, fijan un día para verse y cambiar impresiones. Lo bueno que tienen es que cada uno es de su padre y de su madre, tenemos distintas ideas y se debate lo que lo hace mucho más enriquecedor. No me gustaría sentarme con tertulianos que sean sinvergüenzas, pero con un tío que piensa distinto que yo, una de dos: o te hace cambiar de opinión o te reafirma. Hoy en día es muy necesario, ya que en general, se está yendo no por el campo de las ideas sino por el campo de los adjetivos, a ver quién grita más.

"Estando en Madrid veía los barcos de la ría de Pontevedra"

Japón, Egipto... Firma proyectos por distintos países, pero apostó por quedarse en Pontevedra.
Eso tuvo sus ventajas y sus inconvenientes, pero es lo que quería y lo conseguí. Mucha gente que quiere quedarse en su casa tiene que emigrar, yo me pude permitir el lujo de decir que no a muchas cosas y quedarme a vivir aquí y poder vivir de mi trabajo, que creo que es la revolución pendiente que tenemos. Primero, que todo el mundo pueda comer a escala mundial y, después, que todo el mundo pudiera vivir haciendo lo que le gusta. Siempre dije a mis hijos que no se trata de hacer tal o cual cosa, sino de hacer tal o cual cosa que te gusta. He conocido a zapateros que están todo el día clavando suelas cantando de felicidad.

¿Siempre quiso ser arquitecto?
Mi padre era un gran dibujante y una gran persona. Era aparejador y yo lo acompañaba siempre a hacer obras. Pensé que podía ser mi trabajo. A lo mejor si mi padre hubiera sido médico habría tenido otra influencia. Mis padres hicieron un esfuerzo para pagarme la carrera y me hice arquitecto y cuando terminé tenía ofertas para quedarme en Madrid. La más importante era de Fernando Higueras. Le dije que no porque el día anterior había estado paseando por la Casa de Campo y en vez de ver la laguna, los pájaros... estaba viendo barcos navegar y estaba viendo la ría de Pontevedra. A mí cuando llega una primavera en Madrid me parece que necesito el mar. Le dije: "No puedo porque cuando tengamos todo montado me va a pegar la llamada la ría de Pontevedra".

¿Qué es el mar para usted?
Me transmite libertad. Me refresca el cerebro. De niño me bañaba casi todos los días, incluso en invierno. Salía del instituto y antes de irme a casa me pegaba un baño en el puente de O Burgo. Debajo del puente cogía anguilas y cangrejos. No te imaginas la riqueza que tenía la ría, bajaba la marea y dejabas que te llevase hasta Tambo, luego subía y te traía otra vez. Estábamos en la ría todo el día.

Sin embargo, en general las ciudades han crecido de espaldas a sus ríos. Y Pontevedra tiene la asignatura pendiente de sanear la ría.
Pontevedra o una parte importante de los pontevedreses no fue consciente del tesoro que es tener unos ríos como hay en Pontevedra, una ría y un rural como el que tiene la ciudad. Es un tesoro que no supimos aprovechar.

Ahora la ciudad presume de ser un ejemplo de modelo sostenible.
Sí, pero con muchísimos defectos. Tú ves Bilbao cómo fue transformándose, cómo fue recuperando su ría y ves a Pontevedra que vive de espaldas al Lérez. Bajas la Alameda y ves un aparcamiento de coches, cuando ahí es donde deberíamos bajar todos los pontevedreses todas las tardes a ver el mar o a bañarnos. Pues no. El barrio de A Moureira se lo comió la edificación. Para Tafisa hice un proyecto con espacios públicos y todos los edificios mirando al río, pero hicieron una cosa que no tiene sentido. O lo que se hizo en Monte Porreiro, otro disparate. Antes salías del mercado cogías toda esa avenida hacia la cascada y era un paseo impresionante.

¿En qué momento se deshumanizaron las ciudades?
En el momento que cayó en manos de especuladores que querían aprovechar al máximo, ceder tres metros para hacer unos soportales se hizo impensable. La especulación mandó totalmente.
 

"La mayor felicidad es ir a una casa que hiciste y que te acojan como si fuera tuya"
A lo largo de su trayectoria ha recibido premios relevantes como el Nacional de Arquitectura, en 1999 por el proyecto de la Estación de Córdoba.
Yo no hecho ningún proyecto para tener ningún premio, sino para quedarme satisfecho y esa satisfacción en gran medida proviene de que los destinatarios de esos proyectos también estén satisfechos. No hay mayor felicidad que ir a una casa que hiciste hace mucho tiempo y que te acojan como si fuera tu propia casa y te abran una botella de vino para celebrarlo.
También ha tenido múltiples reconocimientos el cementerio de Fisterra, aunque todavía no se use como camposanto.
Si hoy me lo encargaran otra vez intentaría hacer lo mismo. Este cementerio está pensado para que los muertos estén enterrados con la dignidad que se merecen, pero también para que los vivos disfruten de ese paisaje impresionante que es Fisterra, con el monte Pindo enfrente. Mucha gente pregunta si se pueden enterrar allí, muchos extranjeros y turistas. Hace tiempo hubo un okupa que estuvo todo un año viviendo allí. Me llamaba y me decía: "Este es un sitio muy bonito, a ver si cuando me muera me entierran aquí, pero le quería decir una cosa, que sepa que está mal construido porque tengo frío y hay humedad". De momento no ha entrado en funcionamiento, pero por otros motivos que no son arquitectónicos. No es un cementerio tradicional con sus muros... Los muros de este cementerio son la montaña, el mar y el cielo.

César Portela: "La pandemia va a revolver la arquitectura y romper...
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