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356 PARROQUIAS VENDEN SUS CASAS A CERO IMPUESTOS

Cincuenta y ocho aldeas de Pontevedra sobreviven con un solo vecino

La aldea de Chedas, en Lalín, es una de las que registra un solo habitante
La aldea de Chedas, en Lalín, es una de las que registra un solo habitante
La despoblación del rural afecta con especial crudeza al interior, pero no exime a lugares más próximos a zonas habitadas, como A Bouza, en Cerponzóns

A estas alturas de la historia a nadie le sorprende escuchar que el rural vive sus horas más bajas. Hay excepciones que mantienen el pulso y no son pocas, pero basta echar un vistazo alrededor, sobre todo a zonas del interior de la provincia, para comprobar que un número significativo de aldeas y de parroquias enteras se han convertido en reductos de población envejecida que, en el mejor de los casos, aumentan su ‘censo’ durante los fines de semana o en tiempo de vacaciones.

El rural se ha transformado en lugar de desconexión y de segundas residencias, pero hace tiempo que ha dejado de ser lugar habitual de residencia para la mayoría de la población. La falta de oportunidades laborales, la emigración causada por la búsqueda de formación y las comodidades que ofrecen las urbes han ido arañando vecinos a las parroquias.


Cerdedo es el área de la zona que tiene la edad media más elevada (57,2 años) y el mayor porcentaje de jubilados (42%) 


Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman la sangría que ha sufrido el rural, hasta el punto que actualmente 58 lugares de la provincia subsisten con un único habitante. La situación es especialmente crítica en la zona de O Deza y en los concellos de A Lama y A Cañiza, donde la masa poblacional ha ido perdiendo peso a un ritmo vertiginoso en los últimos años hasta llegar a un único morador. No obstante, también hay ejemplos en el área más próxima a la ciudad capitalina.

El lugar de A Bouza, en Cerponzóns, forma parte de la lista negra de aldeas con un único poblador. El presidente de la comunidad de montes de la parroquia, Pascual Cochón, recuerda que antes vivían en la aldea cuatro familias, pero que actualmente solo hay un vecino, «un hombre mayor» que, además, solo habita el núcleo durante el día. «Por las noches se va a dormir con unos familiares a Leborei», explica. Como ha ocurrido en muchos otros lugares del territorio pontevedrés, «la gente se fue marchando de A Bouza» y sus herederos no han mostrado interés (al menos por el momento) en volver a dotar de vida a las ruinas.

Todas las parroquias del municipio han ido perdiendo población durante la última década. La merma se agudiza en A Canicouva (-15,6%), Alba (-13,3%) y Cerponzóns (-9,8%), pero lo cierto es que ninguna se libra de la fuga de vecinos. Quizás, las dos que salieron más indemnes fueron Marcón (-2,4%) y Lérez (-2,7%), dos de las más próximas al casco urbano.

DESIERTOS VERDES. En A Lama hay cuatro unidades poblacionales cuyo futuro depende ahora mismo de un único habitante, en Lalín otras cinco y en Rodeiro otras seis. A falta de conocer su paradero, no es aventurado predecir que un buen puñado están abocadas a quedarse desiertas, siguiendo la estela de muchos otros núcleos que antaño eran escenarios vivientes y ahora mismo son pasto de la maleza.

Siguiendo la misma base de datos, la provincia de Pontevedra acumula a día de hoy 417 lugares despoblados que se reparten entre prácticamente todos los concellos y, aún así, no es ni de lejos la más castigada. A 1 de enero de 2016 ya se contabilizaban en la comunidad autónoma 1.695 núcleos abandonados, más de la mitad de los que suma toda España (3.301) y casi la mitad (752) se ubican en la provincia de Lugo, la más afectada por la despoblación del rural.


Dozón cuenta con una ratio de 18 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que Pontevedra supera los 600


El éxodo hacia las urbes evoluciona y ha provocado que en el plazo de un año (2015) 82 núcleos gallegos perdieran a su último habitante. En el área de influencia de Pontevedra hay varios parámetros que apuntan a que el abandono podría avanzar sin freno en algunas zonas. Cerdedo, ahora fusionado con Cotobade, es una de las zonas que tienen más papeletas para ver reducida su población. De todos los concellos de las comarcas de Pontevedra, O Deza, O Morrazo y Arousa, es el que tiene la edad media más alta (57,2 años), el que presenta un mayor porcentaje de mayores de 65 años (42%) y el que arroja un mayor índice de envejecimiento: 658 jubilados por cada 100 menores de 20 años.

De hecho, su situación demográfica fue el principal motor de su unión con Cotobade en 2016. El entonces regidor, José Balseiros, advertía que al ritmo al que se caminaba entonces, en cinco años Cerdedo podría quedarse por debajo de los 1.000 habitantes (entonces tenía 1.800), lo que colocaba al ayuntamiento en una situación delicada a la hora de recibir ingresos y prestar servicios.

En términos de densidad de población, Dozón es el que se lleva la palma. Según los indicadores de población del Instituto Galego de Estatística (IGE), cuenta con una ratio de 18 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media provincial está en los 211 y urbes como Cangas, A Illa de Arousa o Marín están por encima de los 600.

Por su parte, Agolada es el concello que refleja el mayor índice de sobreenvejecimiento, con una proporción de 26,4 mayores de 85 años por cada cien de entre 65 y 84 (el promedio provincial está en los 15).

Para hacerse una idea de la magnitud de estos datos, es aconsejable compararlos con los que muestran cascos urbanos, como los de la propia Boa Vila. Su edad media está en los 42,9 años, su densidad de población en los 681 habitantes por kilómetro cuadrado, su índice de envejecimiento en 98,3 puntos y el de sobreenvejecimiento en 15,4.

Cincuenta y ocho aldeas de Pontevedra sobreviven con un solo vecino
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