PONTEVEDRANDO...

Cohesión social, sea lo que sea

La dificultad recae en lograr un buen índice de cohesión social en una sociedad abierta y numerosa, como puede ser la pontevedresa
Un grupo de turistas en Pontevedra. ANXO LORENZO
photo_camera Un grupo de turistas en Pontevedra. ANXO LORENZO

No sé muy bien qué es eso de la cohesión social. El otro día hablábamos de ello unos amigos y yo tuve que hacerme el interesante y fingir qué sabía lo que es eso. Tampoco crea que es algo fácil de entender, al menos para mí. Yo no lo intenté después y no lo entendí del todo porque hay mucho de metafísica, que es algo que no comprendo y mucha teoría filosófica o sociológica al respecto, que son otras disciplinas para gente que sabe más que yo. No entendí nunca El Principito, voy a entender la cohesión social.

Creo extraer del breve estudio que realicé sobre la materia, que según algunos de los proponentes que sí han dedicado al asunto vidas enteras y tampoco saben lo que es, que una de las materias que incumben es la de cierto sentido de pertenencia a una comunidad que persigue objetivos comunes. No tiene que ser una sociedad cerrada ni monolítica. Cuantos más miembros tenga esa sociedad, menos fuerza tendrá la cohesión, pues habrá siempre un grupo de disconformes. Por el contrario, si la sociedad es pequeña, tendrá mayor poder y cohesión, a costa de dejar fuera a la mayoría popular.

Así que lo difícil es lograr un buen índice de cohesión social en una sociedad abierta y numerosa, como puede ser la pontevedresa. Si aceptamos la antedicha definición en la que un grupo de personas se unen para lograr un objetivo común y beneficioso para los miembros de esa sociedad, se puede decir que en Pontevedra hemos alcanzado un alto grado de cohesión social, cosa nada fácil entre un grupo tan populoso de habitantes. Si nos gobernara una élite que formara su propio grupo cerrado, seguramente ese grupo privilegiado alcanzaría un altísimo grado de cohesión y lo haría a costa de privilegiar a unos pocos, a los miembros de esa sociedad cerrada, a costa de todo el resto de la gente, la que queda excluida del grupo. Hagamos memoria y recordemos tiempos afortunadamente lejanos en los que las cosas funcionaban así, teníamos a una mona en una jaula y una sociedad alejada del grupo dominante que sufría las consecuencias de una ciudad caótica e intransitable. La cohesión social no era cosa del pueblo sino de unas élites jerárquicas que mandaban mucho y no dejaban entrar en su sociedad a nadie que no naciera con derechos adquiridos. Sí, también en democracia. Pregúntele a Rivas Fontán todo lo que tuvo que aguantar de esa gente que se resistía a ser gobernada por un maestro de aldea. Ni lo aceptaron nunca en su grupo, cosa que él tampoco quiso, ni le dejaban hacer muchas cosas porque dependía de ellos.

A partir de 1999 se fracturó aquella élite de apellidos que venía mandando en Pontevedra desde siempre

La cohesión social llegó al pueblo de Pontevedra a partir de 1999. Ahí se fracturó aquella élite de apellidos que venía mandando en Pontevedra desde siempre. Todavía a fecha de hoy mantienen su pequeña cohesión, pero son menos, muy pocos y ya nadie les hace demasiado caso, a veces ni en los partidos políticos que los acogen. Su fuerza se ha ido perdiendo a medida que se conformaba una sociedad mayor en la que la ciudadanía participa de verdad y en la que la cohesión social se ha abierto a la ciudadanía. Creo que hoy tenemos en Pontevedra una sociedad cohesionada que persigue un objetivo común en el que cabemos todos, incluso quienes deciden no integrarse en ella.

La diferencia estriba en que antes nadie podía entrar en esa pequeña y cerrada sociedad conformada por unos pocos, mientras hoy todos y todas tenemos la oportunidad de pertenecer a la sociedad pontevedresa y elegir nuestro grado de implicación en la nueva cohesión social, abierta y plural. Máximo respeto a quien se niega a participar, dicho sea de paso, que es tan libre como usted o como yo de pensar lo que le dé la gana e integrarse donde bien le plazca. Mi vecino de Vox, por ejemplo, no quiere saber nada del modelo pontevedrés porque España primero y no por eso le retiro el saludo. Cada uno es libre en Pontevedra de elegir su destino siempre que eso no incluya el morir atropellado, un derecho que se nos niega a los pontevedreses desde hace años.

La cohesión social en la Boa Vila, siempre que yo haya adquirido alguna noción sobre el asunto, que igual no, ha sido un proceso lento pero decidido. Llevamos un cuarto de siglo de trabajo en común, protagonizado por los últimos seis gobiernos a lo largo de casi un cuarto de siglo. Y la mantenemos cada día. Creo que lo que ocurre es que una mayoría de la población, o eso dicen las urnas, se siente partícipe de los objetivos logrados y eso cohesión a a mucha gente y facilita que se mantengan los avances y se profundice en ellos. Y no nos ha ido mal.