Complicaciones de última hora aplazan el estreno del nuevo Carabela

El propietario ha fijado la inauguración para mediados de junio, a la espera de solventar algunos contratiempos con la restauración interior

Un camarero atendiendo a un cliente en el mítico Café Carabela de finales del pasado siglo. DP
photo_camera Un camarero atendiendo a un cliente en el mítico Café Carabela de finales del pasado siglo. DP

Los nostálgicos que aguardaban con impaciencia la llegada del próximo sábado para poder reestrenar el mítico café bar Carabela aún deberán aguardar un poco más. Aproximadamente, unos 15 días.

Es el plazo que se ha marcado su nuevo propietario, David Míguez, para poder solventar los contratiempos que han surgido a última hora, durante la fase de restauración y acondicionamiento del interior, lo que le ha obligado a demorar la reapertura.

La intención del empresario es que el local luzca su máximo esplendor cuando vuelva a abrir sus puertas a la ciudadanía. De ahí que se haya visto en la obligación de modificar el calendario previsto.

Lo que se mantiene es el nuevo rumbo que le quiere dar al negocio. Aunque más que novedad, en realidad consiste en romper con los inventos de los últimos años y recuperar la esencia del Carabela, que lleva cerrado al público desde el pasado 12 de noviembre. Regresarán las casacas blancas, los botones dorados y los galones rojos de los camareros, así como los emblemáticos calamares. "Queremos recuperar el origen del café original, el que estuvo funcionando durante casi 70 años. Un local más sencillo que lo último que hubo, más de antes... Que la gente, cuando entre, tenga la sensación de que regresa al Carabela de toda la vida", anuncia el hostelero, quien compartirá dirección con un empresario de origen mexicano. Ambos atesoran una amplia experiencia en el sector, puesto que el primero regenta el Kenzo Sushi Bar en la calle José Casal y las bocaterías El huerto del cura, de Joaquín Costa y Raxó (Poio), mientras que el segundo está vinculado a un conocido hotel de la ciudad.

La estrategia comercial está clara: abrir desde primera hora de la mañana para ofrecer cafés y desayunos; centrar el mediodía en cañas, vinos y vermús; y añadir a la oferta las tapas tradicionales de toda la vida, como calamares, pulpo... "Es decir, lo que se lleva en toda la zona vieja", matiza David Míguez.

El salto atrás en el tiempo incluye algunas reformas; precisamente las que han obligado a postergar unos días la puesta de largo. La nueva gerencia quiere erradicar los toques de modernidad incorporados por los anteriores propietarios para que el café bar luzca lo más parecido posible a como fue concebido en sus comienzos.

Tal y como ya había anunciado el empresario, el nuevo negocio recuperará su vínculo con la ciudad "con una plantilla formada por unas 15 personas: diez camareros y cinco en cocina. Pero para las épocas de mayor trabajo (como el verano o las fiestas) obviamente reforzaremos personal".

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