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El compromiso de reabrir el Asilo como residencia ha entrado en punto muerto

Entrada del asilo de Loureiro Crespo, que cerró sus puertas en 2012. JAVIER CERVERA-MERCADILLO (ADP)
Entrada del asilo de Loureiro Crespo, que cerró sus puertas en 2012. JAVIER CERVERA-MERCADILLO (ADP)

El paulatino envejecimiento de la población es una realidad que no está provocando la necesaria reacción de los servicios sociales. Administraciones, organizaciones y usuarios coinciden en reconocer que la provisión de plazas públicas para dependientes es, a todas luces, irrisoria para la actual demanda. Un problema que se multiplicará exponencialmente en años venideros, cuando el incremento de los pensionistas no vaya parejo al refuerzo de las prestaciones asistenciales.

Baste un dato revelador. La actual oferta residencial de la Xunta en el entorno de Pontevedra asciende a 436 plazas, divididas entre las 214 de los centros públicos de Pontevedra (136) y Marín (78), y las 222 concertadas con negocios privados de Vilaboa (121), Poio (72) y Forcarei (29).

Según la ratio recomendada por la Organización Mundial de la Salud, el porcentaje de vacantes para dependientes debe ser de, al menos, el 5% del total de mayores de 65 años. La suma de los jubilados de los concellos aludidos asciende a 27.898 (16.691 en Pontevedra, 5.035 en Marín, 3.196 en Poio, 1.512 en Vilaboa y 1.464 en Forcarei), con lo que el número idóneo mínimo de plazas se situaría en 1.394, es decir, tres veces más de las ofertadas hoy en día por el Ejecutivo gallego.

La Consellería de Política Social informó, a instancias de este periódico, de que a esta oferta asistencial hay que sumar las ayudas concedidas a través del Bono Autonomía en Residencia, una aportación económica para sufragar el coste de una residencia privada. Actualmente, son 215 las personas de la provincia que se benefician de esta prestación.

PROMESA DE FEIJÓO. Alberto Núñez Feijóo es consciente de la preocupante carencia residencial que presenta la ciudad del Lérez y ese fue, precisamente, uno de los 13 compromisos que anunció para Pontevedra durante la campaña electoral de 2016.

A orillas del Lérez, el entonces candidato del PPdeG garantizó que durante este mandato se pondría en marcha una nueva residencia pública, con capacidad para 120 personas. "Estamos observando distintas parcelas que dan o perfil e propoñeremos ó Concello a que nos pareza máis axeitada", declaró en septiembre de 2016.

Dos años después, el reelegido presidente gallego recibió en San Caetano al alcalde capitalino, Miguel Anxo Fernández Lores, quien le puso sobre la mesa hasta cinco parcelas distintas: en la calle A Barca, en Tafisa, en Valdecorvos, en A Parda y en Eduardo Pondal. "Ten onde escoller", había indicado el concelleiro César Mosquera, tras apuntar que las opciones de reciclar el Hospital Provincial o la Casa do Mar cuando entrase en funcionamiento el Gran Montecelo eran "a futuro".

Feijóo se destapó en aquel encuentro con una sorpresa: estaba negociando con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados para que retomasen la actividad asistencial del viejo Asilo, que en 2012 cerró sus puertas por falta de fondos para acometer la reforma necesaria, además de carecer de la preceptiva licencia autonómica de actividad.

Sin embargo, de esa anunciada reapertura ya nunca más se volvió a saber, y permanece en punto muerto desde hace cuatro meses. A este bloqueo administrativo se suma también la doble cita electoral de abril y mayo, con lo que la demora aún será mayor.

Fuentes de Política Social explicaron que el proyecto "continúa a súa tramitación e non se desbotou", pero lo cierto es que ni la Xunta ni la congregación han vuelto a hablar sobre el estado en que se encuentra la recuperación para la ciudad de esas 200 plazas para dependientes.

El compromiso de reabrir el Asilo como residencia ha entrado en...
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