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Los comuneros se rascan los bolsillos para prevenir fuegos

Desbroce en Campañó. RAFA FARIÑA
Desbroce en Campañó. RAFA FARIÑA

Los gastos en desbroces son difíciles de asumir con el precio de la madera por los suelos y las escasas fuentes de financiación ▶ Las directivas de las comunidades de montes critican que el sistema no es sostenible y plantean una remodelación de los cultivos

Mantener el monte limpio de maleza es casi imposible. El abandono del rural, el bajo precio de la madera, el clima y un bosque repleto de especies pirófitas como el eucalipto o el pino dificultan la tarea. La obligación de desbrozar es como un bolsillo roto para las comunidades de montes: una continua inversión sin ningún tipo de beneficio. "Economicamente, non é sostible. A longo prazo é preciso tratar este asunto e atopar unha solución mellor", explica Suso Castro, presidente de la Comunidade de Montes de Santo André de Xeve.

El monte ocupa la mayoría del terreno del término municipal de Pontevedra. Así, solo el 25% del territorio es agrícola o urbano, dos cuartas partes son montes de particulares y el terreno restante es monte comunal. En este sentido, los terrenos comunitarios cuentan con un plan de gestión que implica la limpieza y el mantenimiento de los terrenos. Sin embargo, son los montes de particulares los que más suelen incumplir la normativa.

"Pódese ameazar con sancións para que a xente limpe e pode que este ano o fagas e sufraguen os gastos coa venda da madeira, pero o ano que vén, cando non lle queden árbores para vender, será máis difícil pagar. A madeira non vai dar para moitos anos". Lo explica Carlos Morgade, presidente de la Comunidade de Montes de Mourente, que apunta la necesidad de crear un nuevo modelo forestal que no condene a los propietarios y a las comunidades de montes a continuos desbroces. "Hai que facer un traballo inxente e organizado a longo prazo, comezando polas zonas máis sensibles ou con máis risco de incendio, xestionando de forma conxunta e substituíndo determinados cultivos por frondosas que, cando medren, impidan o crecemento da maleza".


Suso Castro (S. A. de Xeve)
"O sistema de desbroce periódico dos montes non é sostible economicamente"

De momento, la Xunta ha establecido un plazo para limpiar las franjas de seguridad de 50 metros alrededor de núcleos urbanos y edificios que termina este jueves. Así, comunidades como la de Lourizán trabajan estos días a contrarreloj para cumplir el plazo. Además, la Consellería de Economía, Emprego e Industria anunció este lunes la contratación de personas desempleadas dentro del programa Aprol Rural, que incluye la realización de tareas de silvicultura, biomasa, limpieza de montes y valorización forestal.

Así, en la comarca de Pontevedra trabajará una decena de personas en este ámbito. Pero a pesar de la preocupación ante las posibles sanciones y la concienciación tras la ola de incendios de octubre de 2017, los particulares son los que más incumplen la normativa a la hora de mantener limpios sus terrenos. "A xente estase decatando de que ter madeira hoxe en día non é un bo negocio, porque o prezo está igual que hai 20 anos, por iso os particulares non saben que facer cos matos", explica Morgade

Fernando Pintos (Salcedo)
"Ademais de desbrozar, propoñemos un cambio de modelo de monte sostible"

GASTOS. El problema se agudiza en los terrenos próximos a las viviendas, en donde no hay madera para vender que pueda costear parte de los gastos de desbroce de fincas. Las comunidades de montes se topan con la misma dificultad que los particulares, ya que, mientras el monte alto da réditos mediante la explotación de madera, "os terrenos comunais próximos ás casas teñen acacias, xestas ou silvas que non dan ningún tipo de beneficio e son todo gastos", cuenta Suso Castro, de Santo André de Xeve. Así, solo esta comunidad se gasta unos 20.000 euros al año en desbroces.

Del mismo modo, para los comuneros de Ponte Sampaio la limpieza de terrenos supone un desembolso anual de entre 20.000 y 30.000 euros; para los de Mourente, entre 6.000 y 10.000 y, para los de Cerponzóns, unos 20.000 euros. Además, la limpieza de todos los terrenos comunales de Lérez costó el año pasado a su directiva unos 18.000 euros y el presidente de la Comunidade de Montes de Salcedo, Fernando Pintos, asegura que dedican el 85% de sus ingresos (que incluyen el alquiler de los terrenos en los que se encuentra la Brilat) a la limpieza de terrenos "podendo destinalos a outra finalidade".

Lukas Santiago (Lourizán)
"Estamos a traballar a contrarreloxo para rematar as tarefas antes do día 31 de maio"

De este modo, la Comunidade de Montes de Salcedo lleva a cabo labores de repoblación de terrenos con árboles autóctonos que frenan el fuego, como por ejemplo los carballos. "Ademais de desbrozar, propoñemos tamén un cambio de modelo do monte para que sexa sostible", explica Pintos.

El problema de la financiación para desbroce en una época en la que el monte ha dejado de interesar a la población como fuente de riqueza es común en todas las comunidades. Las subvenciones tienen unos requisitos muy concretos y el monte ya no da dinero. Los comuneros que pueden llevar a cabo estas tareas sin recurrir a los ahorros son los que tienen algún tipo de ingreso fijo, como los alquileres de los terrenos de la Brilat en Salcedo o los de una cantera de arena en Verducido.

Salcedo, Lérez, Mourente y Lourizán, sin opciones para optar a las subvenciones

Una de las quejas más habituales entre las comunidades de montes es la dificultad para acceder a ayudas para trabajos de desbroce. En el caso concreto de Salcedo, Lérez y Mourente, los comuneros denuncian que hace tres años fueron excluidos de la lista de beneficiarios de subvenciones europeas al tener una densidad de población por encima del límite establecido.

"Estamos pendentes de ter unha reunión coa Xunta porque, tal e como se comprobou en outubro de 2017, as zonas máis próximas ás cidades son as que precisan de máis protección en caso de incendio", explica Morgade.

Carlos Morgade (Mourente)
"Cómpre facer un traballo inxente para substituír determinados cultivos por frondosas"

La propuesta de los comuneros es que se cuente por separado la densidad de población de la zona urbana de dichas parroquias y la concentración de vecinos en las áreas rurales para poder optar a las ayudas. El mismo problema afecta a otras comunidades de montes de Vilagarcía y Vigo, una ciudad especialmente afectada durante los incendios de octubre de 2017.

En Lourizán el problema es otro. La presencia de patrimonio arqueológico en los terrenos de los comuneros también excluye a esta comunidad de la percepción de ayudas de la Xunta. "O sentido común di que unha comunidade con este tipo de patrimonio debería contar co dobre de axudas, pero a realidade é a contraria", explica el presidente de los comuneros de dicha parroquia. Así, Santiago señala que la comunidad de montes se encuentra ante un problema "moi gordo" al tener que acudir a los fondos de ahorro de la comunidad para acometer los desbroces necesarios. Así, este año, los comuneros de Lourizán se gastarán unos 7.000 euros en desbroces. Para una comunidad que no cuenta con una excesiva masa arbórea para vender la madera y no tiene acceso a subvenciones, el sistema es claramente deficitario. "En 2017 practicamente non tivemos ingresos", resume el presidente de los comuneros de la parroquia, Lukas Santiago.

Los comuneros se rascan los bolsillos para prevenir fuegos
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