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La comunidad venezolana teme la guerra

Antichavistas se enfrentan a la Guardia Nacional que bloquea la entrada de ayuda en la frontera con Brasil. EFE
Antichavistas se enfrentan a la Guardia Nacional que bloquea la entrada de ayuda en la frontera con Brasil. EFE

Crisis política, económica y social. La situación de Venezuela acapara portadas y mientras unos plantean intervenciones militares y otros bloquean las fronteras, los que emigraron al país tiemblan ante la posibilidad de una guerra. El goteo de gallegos que regresan es constante y por eso la Xunta ha incrementado el presupuesto asignado a Emigración

Si en 2017 había casi 44.000 gallegos en Venezuela, en 2018 el número bajó hasta los 40.226. En cuestión de un año la comunidad gallega en el país sudamericano ha descendido notablemente y la tendencia es que siga haciéndolo. El envejecimiento de la población emigrante y, sobre todo, la tensa situación política, económica y social en Venezuela provoca que los que otrora cruzaron el Atlántico para buscar un futuro mejor hagan ahora el camino de vuelta.

El mayor temor de quienes viven allí es que pueda producirse una intervención militar que desemboque en un conflicto civil. "La sociedad está profundamente polarizada y la violencia no creo que vaya a solucionar nada", explica el presidente de la asociación de venezolanos en Pontevedra, Asovedra. Otros de los integrantes del mismo colectivo temen que se produzca un conflicto armado pero aseguran que les cuesta imaginar otra salida a la situación de tensión a la que se ha llegado.

La mayoría de los gallegos que viven en Venezuela nacieron ya en América y ahora aprovechan las ayudas que tiende la Xunta de Galicia para volver al país de sus antepasados. Precisamente por este motivo, la Secretaría Xeral de Emigración ayuda directamente a unos 2.500 gallegos en situación e precariedad en Venezuela. El departamento autonómico acaba de abrir hace una semana la convocatoria de Axudas Extraordinarias aos Emigrantes Retornados, que este ano multiplica por tres su previsión presupuestaria para atender a una nueva línea de ayudas, que tiene en cuenta a las familias que hayan retornado a Galicia con hijos menores. De este modo, estos subsidios contarán con un presupuesto de 1,75 millones de euros.

Además, Emigración otorga también becas de estudio en Galicia para atraer el talento de la juventud que vive en el exterior, así como ayudas a emprendedores que vuelven de la emigración. En este sentido, buena parte de estos incentivos van destinados a personas procedentes del país sudamericano.

En el terreno, la Xunta también reparte medicamentos y ayudas para familias en situación de emergencia. El DOG publicó recientemente la convocatoria de ayudas económicas individuales a gallegos en el exterior. La partida reservada este año para esa finalidad ha crecido un 20% con respecto al año anterior y alcanza los 2,6 millones de euros. Las mismas pueden solicitarse hasta el 4 de marzo y se han ampliado por la grave situación en Venezuela, lo que ha supuesto un "esforzo especial" que se traduce en 900.000 euros para el colectivo de gallegos en el país que viven en precariedad por falta de trabajo, enfermedad o cargas familiares.

Población. 10.825 pontevedreses viven en el país sudamericano
La comunidad de pontevedreses en Venezuela era de 10.825 el primer día de 2018. Este número supone un descenso con respecto a los datos del año anterior, cuando había registrados en el país casi 12.000 emigrantes procedentes de la provincia de Pontevedra.

Los datos corroboran que un flujo importante de personas están abandonando el país. Muchos de ellos buscan sus orígenes en Galicia para rehacer sus vidas.

Organismo de ayuda
En Galicia, la Xunta trabaja de forma coordinada con las asociaciones de venezolanos retornados para atender las necesidades de quienes llegan. En este sentido, las asociaciones reclaman que las instituciones españolas y, particularmente las gallegas, creen un organismo específico para canalizar las cuestiones relativas al retorno de emigrantes que viven fuera y ayudarles en su integración social y laboral en su país de origen.

Testimonios

Bernardo Gamallo, presidente de Asovedra: "Las dos partes llevan un tiempo tensando la situación"

Bernardo Gamallo teme los resultados de una hipotética intervención militar en su país, aunque reconoce que "no creo que llegue a producirse porque no se atreverán a hacerlo". En este sentido, el venezolano asentado en Pontevedra desde hace años asegura que la entrada de tropas extranjeras conduciría a la violencia y considera que "eso nos llevaría a un Estado todavía más fallido". Por este motivo, para Gamallo, "la intervención militar sería la peor opción".

Para afrontar el episodio delicado que atraviesa en país sudamericano, el presidente de Asovedra piensa que es necesario que ambas partes se sienten a hablar para crear un Gobierno de transición que pase página. Uno de los principales problemas para hacerlo es que la sociedad venezolana está profundamente polarizada. "Se nota entre las personas que acaban de llegar", cuenta. Así, explica que "las dos partes llevan un tiempo tensando la situación" y reconoce que esa opinión tiene muchos críticos entre los venezolanos. "Se repite mucho el argumento de que si no estás conmigo estás contra mí y no tiene por qué ser así", explica.

Del mismo modo, se muestra preocupado por su familia en Venezuela. Son personas mayores que "no son muy conscientes de todo o que está pasando". Al igual que la mayoría de la población, tienen problemas para conseguir productos de primera necesidad y medicamentos. Por otra parte, indica que el acceso a la información es complicado en Venezuela, "nos llega más a nosotros que a quienes están en el país", cuenta.

Gamallo preside la asociación Asovedra, que surgió en diciembre ante la situación de emergencia que vive Venezuela y con la finalidad de ayudar a gallegos que vuelven a su tierra desde el país americano. "Llevábamos tiempo con esta idea y pensamos que es necesario crear una red de asesoramiento legal y apoyo para quienes vienen", explica.


Maiffy Urbáez, venezolana en Pontevedra: "No hay medicamentos y, si los hay, no pueden pagarlos"

Cuando Maiffy llegó a Pontevedra con su familia, hace seis años, la situación no era tan grave como en la actualidad. "Yo salí del país porque quería conocer otros lugares y vivir en otra cultura, ahora la gente se va porque huye de la situación política que hay", lamenta. Así, Urbáez asegura que tanto ella como sus allegados están nerviosos y tristes por la crisis política que vive el país.

"Queremos una solución, pero a mi también me da miedo que se produzca una intervención militar por la violencia que se puede generar, porque puede haber muchos muertos", cuenta. Aún así, explica que derrocar a un "narcodictador" no es fácil y "puede que esta sea la única forma de echar a Maduro del poder".

Urbáez vive en Pontevedra porque su marido tenía orígenes en Galicia, aunque ella no y toda su familia sigue todavía en Venezuela. "Tenemos la suerte de poder hablar por WhatsApp a diario porque con Internet todo es más fácil, pero sé que mi madre no quiere preocuparme y por eso no me dice cómo están en realidad", cuenta.

La venezolana envía mensualmente dinero a su familia porque asegura que un salario medio en el país no alcanza para vivir. En cuanto al suministro de medicamentos, critica que Venezuela rechace la ayuda humanitaria mientras la gente tiene problemas para acceder a medicamentos básicos. "No hay ni ibuprofeno y la gente tiene que volver a recurrir a los remedios naturales cuando está enferma", cuenta. Sin embargo, quienes tienen desarreglos en su salud que requieren tratamiento de forma crónica, como sus tías y primas con problemas en la glándula tiroides, no tienen acceso a la medicación que precisan. "No hay medicamentos y, si los hay, no pueden pagarlos", lamenta. "También tengo una tía con cáncer que, aunque tiene los medios, está teniendo muchos problemas para tratarse porque los hospitales están desabastecidos", cuenta.

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