"Para conciliar, faite autónomo"

Dos familias de Pontevedra y una de Portonovo relatan sus rutinas con varios hijos y una ocupación laboral... si es que es posible compatiblizar ambas cosas

Rebeca, que ahora tiene siete años, con sus abuelos Rebeca y Emilio. DP
photo_camera Rebeca, que ahora tiene siete años, con sus abuelos Rebeca y Emilio. DP

"No me llegan las horas de la tarde". A Silvia González (Portonovo, 32 años) le pasan los días tan rápido que apenas le da tiempo a echar de menos a su marido, Jose, emigrado en Suiza. Su ausencia complica todavía más la logística de atender a tres hijos: Eric (9), Saúl (6) y Mauro (a punto de cumplir 5), que siguen al pie de la letra, de lunes a viernes, un planning vespertino comparable al de la familia numerosa de la saga de Santiago Segura, que incluye extraescolares. Y logopeda para el pequeño. 

"Cuando estaba Jose aquí, por las tardes nos repartíamos los trabajos y los traslados, pero ahora recae todo en mí", explica. No solo son los niños, sino también sus abuelos, cerca de los 80, a los que cuida y acompaña a sus citas médicas cuando toca. Así que tras las mañanas de tareas y recados, desde que sus hijos salen del colegio a las dos ("pagar el comedor de los tres es inasumible") no para ni un minuto. "En días puntuales voy apañando con familia y amigos" y, de hecho, "buscar un trabajo así es imposible no, lo siguiente. No puedo dejar a tres niños con nadie y si tengo que pagarle a alguien ya no me compensa. Para eso prefiero cuidarlos yo y disfrutar de esta etapa, que pasa muy rápido". 

Sí trabajó durante el verano, los fines de semana, como animadora sociocultural, siempre que pudo dejar a los niños con su suegra. Pero en Sanxenxo "está muy difícil encontrar un empleo fuera de la época estival. En invierno hay muy pocos puestos y están cubiertos desde hace años", mientras que los horarios de fábricas, conserveras o de hostelería "son totalmente incompatibles con la conciliación". "Lo que necesitamos —apunta— son más apoyos a las familias". 

No puedo dejar a tres niños con nadie y si tengo que pagarle a alguien no me compensa; para eso los cuido yo y disfruto de ellos

El comodín de los abuelos 

Mónica Montouto (Pontevedra, 48 años) también es madre de familia numerosa. Tuvo a su primogénito con 21 años, al segundo con 31 y a Rebeca, que ahora tiene siete años, con 41. "En todo este tiempo siempre tuve trabajo, fuera en una cosa u otra y no veo cambios a lo largo de estos casi treinta años", lamenta. "Seguimos dependiendo de tías, de abuelos... y quién se lo pueda permitir, de cuidadores externos". Gracias a ellos, "sobre todo a mi suegra, pude estudiar el ciclo y trabajar". Ahora ejerce como auxiliar de enfermería. 

Pese al paso del tiempo, se ve en las mismas circunstancias que ella, que también crió a tres hijos sin dejar de trabajar. Y como su propia madre, "que tenía que dejar a los pequeños al cuidado de los mayores para poder salir adelante y mientras los mayores éramos pequeños pues no podía trabajar". 

Considera que las ayudas de las administraciones son "escasas e insuficientes. Llámalo maquillaje social, porque disimula pero no hace desaparecer el problema". 

Su conclusión es que en estas tres décadas "poco ha cambiado la cosa, por lo menos para las mujeres que queremos ser madres y trabajadoras", pues "no hay estrategias, solo mucha voluntad, mucho sacrificio y esfuerzo unido a la culpabilidad, algo en el que las madres somos expertas por no llegar a todo". Culpa que se suma al "estrés y al cansancio mental". Critica también que la única opción que se les ofrezca sea la reducción de jornada, que lleva aparejada un recorte en el salario, en plena crisis económica. "¡Menuda conciliación!". 

No hay estrategias; solo mucha voluntad, sacrificio y culpabilidad por no llegar a todo, en eso las madres somos expertas

Organización en equipo 

"Para conciliar, faite autónomo". Es la receta de Rafa Sierra (Pontevedra, 40 años) para compaginar su trabajo como publicista con el cuidado de Martín (6) y Mariña (2). Su pareja, María, trabaja como enfermera de ocho a tres, por lo que él es el encargado de despertarlos, darles el desayuno y llevarlos al colegio y a la escuela infantil antes de "tomar un café para cambiar o chip" y llegar a las diez a la oficina para trabajar hasta las 15.30 horas. 

"Eu recollo o neno no cole e María á nena na guarde. Eles comen no comedor e nós ao chegar á casa". Pero todo está pensado, porque Rafa es un ferviente defensor del batch cooking, esto es, dedicarle un día a la cocina y preparar tápers para varias semanas, que van directos al congelador, según un preciso calendario de menús compatibilizados al detalle con los del comedor escolar, ya que también se incluyen las cenas de los peques. Con el frente culinario cubierto, la familia también sigue al dedillo un planning semanal de tareas domésticas. Aún así tiran de abuela si a María le toca trabajar de tarde y Rafa no puede compatibilizar los niños y el teletrabajo. Si toca médico o hay algún imprevisto "o autónomo pringa". Y, aun así, admite que se apaña porque "podo traballar en calquera parte cun portátil e wifi".