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CONTRACRÓNICA

Bronca con interrupciones y aspavientos

Beatriz Pino (Cs), Guillermo Meijón (PSOE), Ana Pastor (PP) y Yolanda Díaz (Unidas Podemos) en la redacción de Diario de Pontevedra. DAVID FREIRE
Beatriz Pino (Cs), Guillermo Meijón (PSOE), Ana Pastor (PP) y Yolanda Díaz (Unidas Podemos) en la redacción de Diario de Pontevedra. DAVID FREIRE

El candidato socialista Guillermo Meijón (Constantinopla, 1378) es el primero en llegar, con algunos minutos de anticipación. Tras él van entrando Beatriz Pino, de Ciudadanos, Yolanda Díaz (Unidas Podemos) y Ana Pastor (PP).

Meijón es el único hombre y el único que no viene acompañado. Las demás traen asesores, sobre todo Beatriz Pino, que descarga frente a la puerta del periódico a una delegación formada por más de 700 personas, tirando por lo bajo. Tras el posado, entramos todos en una sala de tamaño razonable que se queda pequeña porque varios miles de asesores entran también, no sé por qué. Esto de los asesores a los políticos se les va de las manos. Ana Pastor y Yolanda Díaz, más recatados, llevan uno por cabeza, pero entran también en la sala.

Me habían ordenado que me fijara en el lenguaje no verbal, asunto en el que soy un experto desde que de camino a la redacción lo busqué en Google. Pues harían falta siete periódicos para describir el lenguaje no verbal de esta reunión.

El encuentro estaba previsto como una charla más bien informal en torno a un café, un desayuno de buen rollo para dar el pistoletazo de salida a la nueva precampaña. La idea era la que suele ser en estos casos, que los candidatos, todos ellos diputados salientes en puestos de salida para las próximas generales, fijaran posiciones, hablaran maravillas de sus líderes y de sus partidos y se besaran entre ellos, un precalentamiento, pues tiempo habría para que se desataran las hostilidades.

Todo lo antedicho saltó por los aires en cuanto los cuatro se sentaron a la mesa, todos de blanco salvo la candidata de Cs, todos con reloj salvo la de UP, todas con pendientes salvo el socialista. El moderador, Miguel Ángel Rodríguez, saludó, expuso la idea del café agradable y sacó el primer tema. La paz duró cuatro segundos cronometrados. Lo que allí se vio fue a cuatro candidatos que reflejan fielmente el ambiente de crispación que se vive en toda España, con lo que el pueblo puede sentirse representado.

Empezaron a volar las interrupciones y las acusaciones, que rozaron lo personal entre Meijón y Ana Pastor cuando el socialista afirmó que la popular no había ejecutado bien los presupuestos cuando era ministra de Fomento. Pastor alzó la voz por primera vez en su vida: "¡Eso no te lo consiento!", exclamó varias veces. La cosa fue subiendo de tono en un todos contra todos. Beatriz Pino acusó a los socialistas de tener las manos manchadas de sangre por sus pactos en Navarra. Me molesté en comprobarlo, y también Meijón, que por si acaso se miró las manos, bufando. No tenían sangre.

No hubo misericordia. Los escasos momentos en los que las tres candidatas se ponen de acuerdo se dan cuando Ana Pastor ataca a Meijón, que se pasa el encuentro cargado de alusiones a las que trata de contestar como una ametralladora. Mientras, ellas y él toman notas desenfrenadas, las de Ana Pastor con una preciosa letra inclinada, las de Beatriz Pino con unos caracteres enormes y muy redondos. Meijón lo va llenando todo de subrayados, asteriscos y diagramas mientras a su lado, Yolanda Díaz anota con una letra microscópica. Debe tener buena vista, capaz de contar sin esfuerzo los átomos de su taza de café.

Beatriz Pino trae el discurso medido, algo habitual en su partido. No improvisa y sus intervenciones son las más cortas. Interrumpe mucho a todos sus contrincantes, normalmente con palabras sueltas como “Falcon”. Yolanda Díaz reparte sus mandobles entre Ana Pastor y Meijón, sin prestar mayor importancia a las palabras de la candidata de Ciudadanos. Es la única que habla en gallego. Meijón y Ana Pastor, no sé si de manera calculada o improvisada, consiguen al fin polarizar el debate. Son los dos únicos que según todas las encuestas tienen el escaño asegurado y parece que eso les confiere cierta autoridad.

Nadie prueba el bizcocho ni las pastas, lo que considero una descortesía. Una cosa es no traer una botella de vino como regalo, pero otra muy distinta hacer que el periódico se gaste un dineral en dulces y que alguien tenga que madrugar para que luego nadie los pruebe. Pienso en ello cuando los golpes arrecian y me acurruco bajo la mesa en posición fetal.

Todos bracean y se miran mal mientras toman notas y piden la palabra en cuanto acaban de soltarla. En uno de esos momentos, Ana Pastor se pone a presidir el Parlamento: "Aquí nadie va a hablar más que nadie. Soy experta en medir tiempos". En definitiva, un debate crispado y furioso en el que las tres candidatas y el candidato escenificaron con nitidez el clima de hastío y enfado que reina entre sus representados, el de una sociedad políticamente cada día más fragmentada en la que los acuerdos parecen inalcanzables.

El diálogo de la mañana protagonizan Yolanda Díaz y Meijón. Ella: "Esperas a que acabe de hablar y luego me interrumpes"; él: "Si espero a que acabes no puedo interrumpirte", y en efecto no interrumpe durante unos segundos, hasta que vuelve a interrumpir para decir: "No voy a interrumpir". Las interrupciones y los aspavientos continúan hasta el final, y eso que Ana Pastor había empezado su primera intervención diciéndole a Beatriz Pino: "Podrás interrumpirme, pero no lograrás distraerme". Todos se aplican el cuento y nadie se distrae. Y eso está empezando. La que nos espera de aquí a las elecciones.

Bronca con interrupciones y aspavientos
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