La Covid-19 se ensaña al otro lado del charco

Ciudadanos pontevedreses en Estados Unidos y norteamericanos en la Boa Vila relatan el día a día durante la pandemia que ha llegado con fuerza al país, especialmente al estado de Nueva York, que roza ya los 10.000 muertos
Vista de Nueva York, con un barco hospital en el río Hudson, desde Nueva Jersey. CEDIDA - Pontevedreses en EE UU
photo_camera Vista de Nueva York, con un barco hospital en el río Hudson, desde Nueva Jersey. CEDIDA - Pontevedreses en EE UU

El virus ha ido moviéndose de un lado a otro dejando a su paso una crisis sanitaria que arrastra con ella al ámbito económico y social. Y también a la política. Si hace unas semanas Donald Trump mostraba su convencimiento de que el 12 de abril los estadounidenses podrían salir a la calle como si nada, la realidad ahora demuestra que no ha sido así. Los pontevedreses en el país viven estos días confinados, en muchos casos de forma voluntaria, ya que las medidas de contención del virus son mucho más laxas que en España.

"Intentamos quedarnos en casa todo lo que podemos, solo salimos de vez en cuando a dar una vuelta en bici", explica Isabel Domínguez desde el barrio de Brooklyn. La realidad es que el estado de Nueva York, donde se registra el mayor foco de contagios, contaba este domingo con un registro de 9.385 muertes, después de haber tenido constancia de más de 758 víctimas en un día solo en su territorio. Tras varias jornadas sumando 700 muertes diarias, el estado es ya el lugar con mayor concentración de fallecidos por habitante a causa de la Covid-19. Así, hasta ahora se han producido 482 víctimas mortales por millón de habitantes en Nueva York, mientras España suma la trágica cifra de 382 fallecidos por millón de habitantes.

"Cada uno de ellos es una cara, un nombre y una familia que está sufriendo en este fin de semana que para muchos en este estado y esta nación es una fecha religiosa muy destacada", dijo este domingo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, en su rueda de prensa diaria, en la que señaló que los "neoyorquinos han hecho todo lo humanamente posible" para intentar salvar sus vidas.

Así, los políticos comparan el número de víctimas por la Covid-19 con las del atentado del 11-S, el peor suceso vivido en Nueva York en la historia reciente. La enfermedad ya ha matado al triple de personas que el atentado de 2001.

Más allá de los datos de Nueva York, a nivel de país, Estados Unidos superó este sábado a Italia como el país con más fallecidos en el mundo por el coronavirus, con más de 20.000, y registra además ya más de medio millón de contagiados, a la vez que el presidente Donald Trump contempla ya una paulatina reapertura de la economía que podría iniciarse a comienzos de mayo. La situación no es igual en todos los estados, de modo que hay zonas en las que la epidemia está contenida. Los mayores focos se encuentran a día de hoy en Nueva York, Nueva Jersey, Michigan, California y Massachusetts.


Jarrett McDowell. Estadounidense en Pontevedra

Jarrett McDowell. ADP - Pontevedreses en EE UU

"Me quedé porque las facturas médicas no se pagan con el amor familiar"

Hace unas semanas, cuando Donald Trump cerró las fronteras, Jarrett McDowell tuvo la oportunidad de irse de Pontevedra y volver junto a su familia, en Carolina del Norte. "Yo llevo tiempo trabajando aquí y aquí tengo mi seguro, si me hubiese ido a Carolina del Norte no habría podido tener acceso a la salud, solo pagando, porque no tengo seguro. A mi familia le gustaría que estuviese con ellos en estos momentos, pero yo lo veo desde otra perspectiva, las facturas médicas no se pagan con amor familiar", explica con humor.

El norteamericano trabaja en Pontevedra como profesor de inglés desde hace años y vive el confinamiento con tranquilidad y comunicación constante con sus seres queridos al otro lado del océano. "Tampoco tenía sentido propagar el virus en aviones y aeropuertos, lo normal era quedarse", indica.

Se muestra crítico con la figura de Donald Trump aunque reconoce que nadie se tomó en serio la llegada de la pandemia. De hecho, lamenta que en su comunidad la gente siga saliendo a la calle y que "hasta hace una semana o poco más la iglesia a la que va mi familia seguía abierta", ya que la sensación es que el virus solo se propaga en las grandes ciudades. "Es necesario que el Gobierno apruebe ayudas para las personas con más dificultades y no estaría mal que se hiciese como en España y se utilizase al ejército para ayudar", apunta.

Su propia familia ha vivido el virus, de modo que su tío estuvo enfermo a finales de marzo y lo llevó una semana a la UCI. "Fue el primer caso de Alabama y los médicos creen que se contagió en un partido de baloncesto al que fue en Carolina del Norte. Luego, cuando aún no tenía síntomas, fue a un funeral en Illinois y llevó el virus con él", cuenta el norteamericano. Ahora, su tío está recuperado y sabe que "esta enfermedad no es una broma", cuenta.

Por otra parte, señala que la crisis de la Covid-19 ha venido a confirmar y a hacer visibles muchas de las desigualdades que ya existían en Estados Unidos. De este modo, el virus se está cebando especialmente con la población afroamericana. "Esto es resultado directo del racismo, la desigualdad y de las diferencias económicas", explica.

Además, señala que quien no tenga seguro de salud en el país recibirá las facturas de los tratamientos que necesite. "Nadie se va a quedar sin atención, pero cuando le den en alta, le pasarán las facturas y la trabajadora social del hospital decidirá cuánto puede pagar, si tiene una situación económica difícil", explica McDowell, que defiende un sistema de salud público.


Isabel Domínguez. Pontevedresa residente en Nueva York

Isabel Domínguez. CEDIDA - Pontevedreses en EE UU

"Al principio todo parece un sueño lejano que nunca te va a tocar a ti"

La pontevedresa Isabel Domínguez vive en la ciudad que ha pasado a ser el epicentro de la pandemia, Nueva York, después de su paso por China y Europa. "Al principio todo parece un sueño lejano que nunca te va a tocar, pero llegó", explica.

"Creo que las noticias que llegan a España sobre Nueva York dan bastante miedo, pero yo estoy tranquila", cuenta. Domínguez es profesora de literatura en una universidad pública, en donde sigue trabajando de forma telemática, y cuenta que su alumnado estaba especialmente preocupado por contraer la enfermedad porque no tenían seguro médico. "No son personas de riesgo, pero si necesitan hospitalización las facturas pueden ser cuantiosas", cuenta y recuerda noticias en las que se explicaba el caso de personas con Covid-19 que tenían que hacer frente a facturas de miles de dólares.

Sobre la gestión política, explica que en Nueva York existe rivalidad entre el Gobernador del Estado, Andrew Cuomo, y el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio. "Cuomo apuesta por la calma social y económica y De Blasio fue el primero en decir que había que cerrar la ciudad. Hay mucha gente partidaria de Cuomo, que se hacen llamar cuomosexuales de broma, otros están enfadados por la guerra de liderazgo entre ambos", cuenta.

En cuanto a la estrategia de Trump de minimizar la pandemia prefiere no pronunciarse. "Para mí no es un referente, sus opiniones no las tengo en cuenta", termina.


María Garrido. Gallega en Washington

María Garrido. CEDIDA - Pontevedreses en EE UU

"Aquí puedes moverte con facilidad, hay bastante gente en el césped de los parques"

María Garrido lleva un mes en cuarentena junto a su novio. En un principio lo hizo de forma voluntaria, ya que las autoridades no decretaron medidas de confinamiento para frenar la expansión del coronavirus hasta hace dos semanas. "Desde el principio me ofrecieron la opción de teletrabajar y tanto yo como mis compañeros lo estamos haciendo", explica la joven, que trabaja en el Banco Mundial y desde el estallido de la crisis ha visto cómo los viajes de trabajo se limitaban al máximo.

Desde su casa, relata las diferencias entre las medidas en España y Washington, en donde la gente puede salir a practicar deporte. "Realmente por la calle hay mucha gente paseando, puedes moverte con facilidad sin que nadie lo impide, incluso hay gente que se tumba en el césped de los parques", explica a través del teléfono.

Sobre la gestión de la crisis llevada a cabo por Donald Trump, asegura que la mayoría de las personas de su círculo la censuran. "Todas esas declaraciones que hizo al principio en las que decía que el virus no era para tanto se le han vuelto en su contra", explica la joven, que recuerda que Washington es una de las ciudades más demócratas de los Estados Unidos. Así, para Garrido, la población norteamericana tiene la sensación de que se han primado los intereses económicos sobre la salud de las personas, "una percepción que igual cambia en otras ciudades o estados del país", matiza.

En el mismo sentido, asegura que la precariedad de muchos contratos y la facilidad para despedir puede provocar situaciones de vulnerabilidad en muchas personas. "Por ejemplo, los camareros no contarán con las propinas que eran una parte importante de su sueldo". En cuanto a los seguros de salud, María Garrido cuenta con uno español que cubre sus necesidades, pero asegura que, al perder el empleo, habrá quien no pueda hacer frente a los gastos que supone contratar un seguro o sufragar los gastos de hospitalización en el caso de caer enfermo. "Muchos ofrecen coberturas muy básicas", indica la gallega.


Charo García y Santiago. New Jersey

Vista de Nueva York desde Weehawken, sin contaminación. CEDIDA - Pontevedreses en EE UU

"Asusta ver los estantes de las tiendas vacíos en el país de la abundancia"

El skyline de Nueva York asoma a la ventana de la casa de Charo García en New Jersey con menos contaminación que nunca. Es lo primero que se percibe desde el inicio del estado de alarma en Estados Unidos.

Esta profesora de español nacida en Carril y su marido, Santiago, un ejecutivo de la empresa del metro de Nueva York, permanecen en casa desde donde observan desde hace algunos días el barco hospital amarrado en el muelle. "Como no hay contaminación se nota mucho la diferencia", explican.

Cuenta Santiago que estuvo trabajando "hasta el último momento". Ahora permanece en casa porque su esposa está considerada de alto riesgo al haber sufrido un cáncer el año pasado. "Si no él estaría haciendo turnos. Vamos muy poquito a poco aquí", explica Charo. El sector en el que trabaja este americano con ascendencia en Meis ha sido bastante afectado, ya que de 74.000 empleados, 2.000 han dado positivo y hasta el momento se han registrado 51 fallecidos. Pese a estas cifras, no se ha hecho pruebas a todos los trabajadores, advierten. "Solo se hacen cuando alguien tiene los síntomas, solo entonces puedes ir a los centros que están establecidos", cuenta el matrimonio al teléfono. "Tenemos unos amigos gallegos el marido tenía dolor de estómago con fiebre fue al hospital pero el resto de la familia vino a casa sin hacerse las pruebas".

Por su parte, Charo, que llegó con diez años a Estados Unidos y desde hace doce es profesora de español en una escuela de Secaucus, da clases online con la incertidumbre de qué ocurrirá con el curso escolar.

Esta vilagarciana está en contacto con su familia en Galicia, por lo que conoce bien las diferencias entre las restricciones aplicadas en ambos países. "Aquí es diferente. Ahora nos piden que usemos mascarilla en la calle, pero podemos salir cuando queramos". Además de que quienes trabajan en sectores esenciales, de poder ir a comprar alimentos, en New Jersey pueden salir a practicar deporte o dar un paseo. "Lo que vigilan es que no haya aglomeraciones", señala Charo. "Hace tres o cuatro días cerraron los parques públicos", añade. También se nota el estado de alarma en que muchas tiendas y pequeños comercios, así como restaurantes y cafeterías permanecen cerrados. "La gente está muy preocupada", cuentan. "Sobre todo quienes tienen en la familia a alguien de riesgo han empezado a tomárselo en serio".

Y si algo preocupa a esta pareja es la escasez de alimentos que se registra en algunos supermercados, donde se han registrado grandes colas y es notorio el incremento considerable de los precios en productos básicos.

"En un país donde siempre hubo abundancia te asusta un poco ver esos estantes vacíos. Para mí fue bastante traumático porque te preguntas qué va a pasar dentro de quince días", concluye.