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La pandemia duplica la cola del hambre en Pontevedra

Reparto de alimentos de Cruz Roja. ADP
Reparto de alimentos de Cruz Roja. ADP
Asociaciones como Cáritas, Boa Vida o Cruz Roja han recibido cerca del doble de solicitudes de ayuda en el último año, creando un nuevo perfil de personas en riesgo de pobreza que hasta el momento nunca habían precisado apoyo externo y aumentando el número de voluntarios dispuestos a echar una mano a los más desfavorecidos
Un año para olvidar. Todavía sigue pasando factura una pandemia que ha dejado por el camino víctimas que a día de hoy tratan de reponerse a este huracán que ha descolocado sus vidas. Pontevedra ha sido testigo del crecimiento de la cola del hambre a la que este año se han unido decenas de personas para poder subsistir a la situación. Boa Vida, Cáritas o Cruz Roja han trabajado sin descanso durante más de 400 días para dar sustento a estas personas que han necesitado recurrir a sus entidades como grito de socorro. Y es que las solicitudes han tenido un crecimiento de casi un 50%, la mayoría de ellas en el último año, de la misma manera que se ha duplicado el número de voluntarios que ha arrimado el hombro en los momentos más difíciles.

Cruz Roja

Desde Cruz Roja de Pontevedra, los proyectos de inclusión social han pasado de 4.862 personas atendidas en el año 2019 a un total de 8.226 actualmente, reflejando así casi el doble de ciudadanos que han recurrido a la entidad para solicitar ayuda. Una cifra, cuanto menos, notable, que ha sacado lo mejor de cada uno, aumentando de esta manera el número de voluntarios, que ha pasado a ser un total de 171.

La coordinadora de la entidad, Pilar Méndez asegura que el perfil de solicitantes que acuden en estos últimos meses a Cruz Roja ha cambiado. "Ahora asistimos a personas que hasta el momento no nos habíamos encontrado. Familias que tenían su trabajo y una vida más o menos organizada, que ahora están en Erte". Pero la novedad llegó, sin duda, con la ayuda a los menores, que desde el confinamiento precisaron de tecnología para poder continuar con su formación académica. "Trabajamos con niños, que antes no lo habíamos hecho, porque los colegios empezaron la teleformación y algunos no tenían medios tecnológicos para seguir sus clases virtuales, así que entregamos una serie de tablets y ordenadores para hacer estas actividades", apunta Méndez.

Pilar Méndez (Cruz Roja)
"Hicimos un plan que llamamos ‘Responde’ y empezamos a trabajar con las peticiones que nos hacían las personas"

Sin embargo, el plan más trabajado por esta entidad ha sido el de contribuir en los pagos de recibos o hipotecas de personas más necesitadas, o entrega de productos de primera necesidad. En este aspecto, Pilar asegura que las peticiones han sido mucho más inminentes que otros años. "Había personas que no tenían para pagar la casa, comer o para los niños. Intentábamos ayudar con los pagos de los recibos hasta ver si cobraban el Erte o podían recurrir a alguna otra subvención", añadiendo que principalmente se han cubierto primeras necesidades: "Hacíamos la lista de la compra con la persona y esa se deriva al supermercado. Después, la persona necesitada va con su DNI y coge la compra".

En todo momento se ha tratado de mantener la discrección de los ayudados, siendo conscientes de que la situación es tan novedosa como incómoda para muchas familias. "Nadie tenía que saber que esa compra no la había pagado la persona", declara la coordinadora.

Este año, la Cruz Roja de Pontevedra ha atendido a personas con una media de edad que ronda los 40 años, dato que se mantiene al de otros años a pesar de haber incluido a niños en sus entidades.


Asociación Boa Vida

Mercadillo solidario organizado por Boa Vida. RAFA FARIÑA
[Mercadillo solidario organizado por Boa Vida. RAFA FARIÑA]

Los números también hablan para la Asociación Boa Vida de Pontevedra, que durante este último año especialmente, ha trabajado a destajo, modificando su manera de funcionar. Esta entidad, que ofrece cursos y ayuda en la inserción al mundo laboral, ha aumentado notablemente. De las 250 personas con las que cuenta la entidad, más de una centena han sido dadas de alta en los últimos 365 días, algo que, unido a las restricciones de la pandemia, ha complicado el trabajo a los voluntarios que han tenido que amoldarse a las nuevas condiciones sanitarias.

Pepa Vázquez (Boa Vida)
"Somos conscientes de que a nivel de recursos vamos siempre un paso por detrás de las administraciones públicas"

En lo que a los cursos se refiere, la entidad ha tenido que modificar el profesorado para dar cobertura a los alumnos. "Si antes teníamos una clase con 30 personas ahora hay que hacer tres clases de diez alumnos", asegura Pepa Vázquez, coordinadora de la asociación. Pero como punto positivo, la propia Pepa asegura que este año se ha conseguido insertar en el mundo laboral a un total de 48 personas, siete de ellos en empleos diversos que van desde el comercio hasta la construcción o incluso en oficinas para aquellas que estaban cualificadas y la pandemia les ha hecho volver a empezar.

A pesar de ello, el esfuerzo se ve oscurecido por los 41 trabajadores que están en situación de precariedad, con empleos en los que el sueldo ronda los tres euros la hora o aquellos que exigen jornadas abusivas. Son los efectos secundarios de una crisis que, a pesar de tratar de enfrentarla con recursos, sigue dejado víctimas.


Cáritas

Conchi Vázquez, directora Cáritas en Pontevedra, habla de un crecimiento notable en el último año. "Hemos pasado de atender a 15 o 16 familias a un total de 27 que tenemos ahora". Casi el doble de personas atendidas en inclusión social desde que azotó la pandemia. La cola del hambre se ha duplicado y por ello, desde Cáritas se han ampliado los recursos para atender a las numerosas familias que han acudido a solicitar ayuda. Desde la sede de Pontevedra se ha trabajado con la entrega de alimentos a los más desfavorecidos, asegurando que no hay un perfil concreto de persona que haya recurrido a ellos en este tiempo: "Hay de todo, tengo casos de familias monoparentales que antes de la pandemia trabajaban por horas e iban sobreviviendo, pero ahora se han quedado sin trabajo y necesitan ayuda", apunta, añadiendo que este año se ha sumado especialmente la petición de ayuda de "familias enteras que no llegan a final de mes porque algún miembro, o todos, se han quedado sin trabajo".

Conchi Vázquez (Cáritas)
"A día de hoy seguimos recibiendo solicitudes de personas que cobran lo mínimo y no les llega para vivir"

Datos que hablan solos de un año devastador que hace que las asociaciones hayan incrementado su trabajo por dos para dar cobertura a familias que a día de hoy siguen recurriendo a su voluntariedad.

En el caso de Cáritas, desde la asociación se está trabajando en la entrega de ropa con vales que se pueden canjear en la tienda Arroupa con la que la entidad tiene convenio, y aportar en la recuperación económica de estas familias.

Doble necesidad, doble ayuda y un objetivo común: unificarse para hacer frente a una pandemia que se ha alargado más de lo esperado.

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