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La covid también mina a los furanchos de Pontevedra

Interior del furancho Casa da Luga, en Marcón. G. GARCÍA
Interior del furancho Casa da Luga, en Marcón. G. GARCÍA
Muchos loureiros mantendrán la puerta cerrada este año por los límites horarios. "Como vou abrir se cando entran os clientes pola porta xa teño que pechar?", se pregunta un propietario

Las restricciones asociadas a la pandemia del coronavirus también pasan factura a los furanchos. El sector se debate entre reabrir sus puertas o mantener el cerrojo echado por los límites horarios, que equiparan su actividad a la de la hostelería. "Como vou abrir se cando entran os clientes pola porta teño que pechar?", se pregunta José María Cortizo, propietario del loureiro Casa da Luga, situado en el lugar de Pintos, en la parroquia de Marcón. "Non teño pensado abrir ningún día. Se ás nove da noite teño que ter á xente fóra, a onde vou?", añade.

Cortizo asegura que le quedan unos 3.000 litros de vino en la bodega y espera poder darles salida entre particulares, amigos o familiares. "Xa vendín algúns cartóns", señala.

Según los últimos datos facilitados por el Concello antes de Semana Santa, solo dos de los 22 furanchos de Pontevedra habían solicitado permiso al servicio de Urbanismo para retomar su actividad en primavera. El sector presume que podrían ser más a lo largo de los próximos días, puesto que la Federación de Furancheiros, Loureiros e Viticultores de Pontevedra y la Asociación de Viticultores Val do Lérez acaban de registrar en la Administración local una solicitud para ampliar la temporada hasta el próximo 31 de julio.

El Concello recibe la solicitud del sector para ampliar la temporada hasta el próximo 31 de julio

Esta prórroga supondrá aumentar un mes más la campaña de este año. Y podrá hacerse gracias a la reciente modificación de la ordenanza que regula los furanchos en la capital provincial. Sin la reclamación formal de los colectivos que representan al sector esta moratoria no podría aprobarse pese a estar incluida en la normativa.

TRES MESES. El reglamento local permite la apertura de estos establecimientos durante tres meses entre el 1 de enero y el 30 de junio, aunque el cambio en el texto permite ampliar un mes más este período siempre y cuando concurran causas excepcionales.

Además, la ordenanza establece un horario limitado para los loureiros. De lunes a jueves, los propietarios podrán comercializar el excedente de vino de sus propias cosechas entre las cinco de la tarde y medianoche. Los viernes y vísperas de festivos, la atención al público se amplía hasta la una de la madrugada. Y los sábados pueden abrir entre las doce de la mañana y la una de la madrugada. El horario de domingos y festivos también empieza a media mañana, aunque el cierre se adelanta una hora, hasta medianoche.

El toque de queda y las restricciones de aforo por el coronavirus mantienen este calendario en el cajón.

En cuanto a la comida, los furanchos de Pontevedra solo pueden servir tablas de embutidos y quesos, tortilla, pimientos de Padrón y otros platos a elegir entre oreja o chorizo y zorza o raxo. La parroquia con más establecimientos de este tipo en el municipio es Marcón, con ocho, seguida de Tomeza y Salcedo, con tres cada uno.

La covid también mina a los furanchos de Pontevedra
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