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DIEZ AÑOS DE INVESTIGACIONES

Un crimen perfecto, salvo que alguien diga lo que sabe

Julio Araújo. DAVID FREIRE (ADP)
Julio Araújo. DAVID FREIRE (ADP)
La Policía está convencida de que Julio Araújo está detrás de la muerte de Sonia y que no actuó solo

LA PISTA de Sonia Iglesias se perdió en el zapatero de Arcebispo Malvar el 18 de agosto de 2010. Desde entonces, y a pesar de los abnegados esfuerzos por parte de los investigadores de la Policía Nacional en coordinación con el fiscal jefe de Pontevedra, Juan Carlos Aladro, nada se sabe acerca de su paradero. A las batidas iniciales, con la participación de centenares de vecinos, siguieron los rastreos en el río, los análisis de las cámaras de vigilancia y los distintos interrogatorios al principal sospechoso, Julio Araújo, y a diferentes personas del círculo de la dependienta de la planta superior de Massimo Dutti.

Todo ello aportó indicios, lo mismo que el análisis forense del teléfono móvil del citado Araújo, expareja de la desaparecida, que acababa de romper con él días antes de lo sucedido. El Ministerio Público apostó por imputarle por la presunta detención ilegal de la que era su compañera sentimental, una condición que mantuvo durante meses en busca de nuevas pruebas que le permitieran formular una acusación para llevarle a juicio. Sin embargo, y después de que la jueza se negase a someter al investigado a una novedosa prueba neuropsicológica que proponía Aladro, el sospechoso fue desimputado y el asunto archivado de forma provisional.

Sonia Iglesias, desaparecida en 2010 en Pontevedra. AEP

En febrero de 2018, cuando nadie se lo esperaba, las Unidades de Subsuelo (las mismas que estuvieron este miércoles en Pontevedra) se desplazaron hasta una propiedad de la familia de Julio Araújo en el barrio de San Mauro que en su día también sirvió de residencia a la desaparecida. El despliegue, que incluyó un georradar y que llamó la atención de los medios de comunicación de todo el país, tenía desde el primer momento un final predeterminado: el fiasco. La Brigada de Delitos Contra las Personas de la Comisaría General de Policía Judicial exprimió en aquel momento una de las últimas balas que le quedaban con la intención de "descartar todas las posibilidades". La actuación de este miércoles en Pedra do Lagarto fue la penúltima, por no decir la última, que continuaba en la recámara de los mejores especialistas en la investigación de homicidios de todo el país.

Entre medias, la Policía Nacional se agarró a un clavo ardiendo después de apreciar un coche que bien podría ser el de Araújo en el puente de Os Tirantes a primera hora de la mañana del 18 de agosto de 2010. Lo hizo tras el enésimo visionado de las cámaras de seguridad de la Policía Local, con imágenes, eso sí, de una calidad muy pobre. Esa presencia del vehículo, en el que, según piensan, podría viajar la dependienta, fue la que llevó a la Policía a San Mauro, primero, y a Marcón, ahora. Todo ello con escasas esperanzas.

El caso Sonia se aproxima mucho a un crimen perfecto. No hay investigador que no apunte directamente a Julio Araújo como autor. El pontevedrés, sin embargo, siempre lo ha negado. La Policía Nacional le sitúa desde el principio como principal sospechoso, pese a lo cual no ha podido reunir pruebas que le incriminen. Pero la clave no solo la tendría él, que, por otra parte, sigue luchando contra una grave dolencia pulmonar. Los investigadores tienen claro que el autor del crimen tuvo que recibir ayuda para borrar todos los vestigios. Diez años después, el rastro de Sonia está más lejos que nunca. Salvo que alguien decida contar lo que sabe.

Un crimen perfecto, salvo que alguien diga lo que sabe